Archivo diario: 16 febrero , 2008

Es o no es (con 100 milisegundos basta)

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Al primer vistazo tienes una certidumbre instantánea de cómo es una persona, su inteligencia, su personalidad, su trato… ¿Les ha pasado alguna vez? Imagino que sí. A casi todos nos ha ocurrido. O, al menos, tenemos la sensación de que este tipo de juicios instantáneos pueden tener alguna validez. Sin embargo, hasta hace poco nadie se había puesto a estudiar científicamente si este tipo de sensaciones nos permite saber de verdad cómo son las personas.

 

Y esto es precisamente lo que se ha propuesto averiguar Nalini Ambady y sus colegas de la Universidad de Tufts (USA). Lean con atención, porque la cosa tiene miga. Hace unos años, estos investigadores mostraron a un grupo de estudiantes videoclips (de unos 2 segundos de duración) en los que se veía a un profesor dando una clase (Ambady and Gray, 2002). Partiendo únicamente de esta brevísima información, les pidieron que valorasen la capacidad docente de cada uno. A primera vista, la pregunta parece un disparate completo ¡Es imposible evaluar a un profesor en dos segundos! Sin embargo, cuando cotejaron los resultados de este experimento con las valoraciones que recibieron los mismos profesores por sus verdaderos alumnos (tras un semestre completo de clases), ambos datos coincidían extraordinariamente ¿No es impresionante? Pero sigan leyendo porque hay más.

 

¿Es posible predecir al instante la orientación sexual de un individuo? De nuevo, el equipo de Tufts mostró a un grupo de hombres y mujeres fotos de hombres heterosexuales y gays, durante intervalos de tiempo que variaron entre 33 milisegundos y 10 segundos (Ambady et al., 1999) ¡Las respuestas fueron acertadas nada menos que en el 70% de los casos! Lo más impresionante es que las predicciones no mejoraron a partir de 100 milisegundos de visualización. O lo saben al momento o ver la foto más tiempo no sirve de ayuda.

 

Al parecer, los humanos tenemos una notable capacidad para procesar información visual compleja de manera inconsciente. Sin embargo, es muy posible que no seamos las únicas criaturas con esta capacidad. En la Alemania del siglo XIX se hizo muy popular un extraordinario caballo, apodado ‘Hans el listo’. Este animal había sido entrenado por su amo para ejecutar las acciones más increíbles, por ejemplo, realizaba operaciones aritméticas y era capaz de contestar algunas preguntas. Por supuesto, Hans no contestaba directamente, sino que se expresaba de forma característicamente equina golpeando el suelo con la pezuña. Por ejemplo, si le preguntaban cuánto son dos más dos. Hans respondía: clap, clap, clap, clan, cuatro. El caballo y su amo se hicieron justamente famosos y recorrieron las ferias del país, asombrando a cuantos presenciaban tales maravillas. El caso llegó a alcanzar tal celebridad que algunos científicos ‘serios’ les hicieron pruebas para ver ‘dónde estaba el truco’. Tras algunos experimentos cuidadosamente controlados, el ‘truco’ fue descubierto y las hazañas de Hans el listo quedaron convenientemente explicadas y ‘exorcizadas’. Por supuesto, Hans no era capaz de contar ni de responder a las preguntas (relativamente simples desde el punto de vista humano). Al parecer lo que sí era capaz de hacer era detectar cambios minúsculos en la mímica facial de su amo, cuando se acercaba el momento crítico en que el caballo debía dejar de golpear el suelo para dar una respuesta correcta. Estos gestos resultaban totalmente imperceptibles para los otros humanos que se encontraban presentes, y el propio dueño parecía desconocer por completo este fenómeno.

 

Pero volvamos al último (y fascinante) trabajo del equipo de la doctora Ambady. Esta vez mostraron al grupo de estudiantes fotos (ni siquiera videoclips) de directores ejecutivos de varias compañías importantes (Rule and Ambady, 2008). Al 50% le pidieron que hiciera una predicción de la “competencia profesional” del jefe, a la otra mitad le pidieron que clasificara las imágenes en función de cinco rasgos de personalidad: competencia, dominancia, cordialidad, madurez facial (si tiene aspecto de adulto) y si inspiraban o no confianza. Todos los jefes resultaron ser blancos y varones, lo cual es triste pero facilita el análisis estadístico. Una vez más los estudiantes, que eran ignorantes completos en materia de gestión empresarial, hicieron predicciones sorprendentemente correctas. Se encontró una buena correlación entre la “competencia global” del jefe y los beneficios de la empresa. Asimismo, había correlación entre rasgos de personalidad tales como competencia, dominancia y madurez con los beneficios. En cambio, la cordialidad del jefe no se relacionaba con los beneficios de la empresa (aunque posiblemente sí con la salud mental de sus empleados).

 

Lo fascinante del caso es que las predicciones instantáneas y (necesariamente) irreflexivas de personas legas en la materia son mejores que las conclusiones de profesionales bien informados y preparados. Los trabajos parecen haber sido realizados con seriedad, o al menos, han pasado los filtros de revistas muy prestigiosas ¿qué está pasando aquí? ¿Acaso la Psicología de Empresa es un timo como el Psicoanálisis? No me gusta sacar conclusiones precipitadas y tendríamos que conceder a los profesionales aludidos el derecho a réplica; pero esperemos que respondan con datos experimentales y no se limiten a defender su “negocio”. En cualquier caso, parece claro que …Image is everything

 

 

 

Ambady, N., Hallahan, M., and Conner, B. (1999) Accuracy of judgments of sexual orientation from thin slices of behavior. J Pers Soc Psychol 77: 538-547.

Ambady, N., and Gray, H.M. (2002) On being sad and mistaken: mood effects on the accuracy of thin-slice judgments. J Pers Soc Psychol 83: 947-961.

Rule, N.O., and Ambady, N. (2008) The Face of Success: Inferences From Chief Executive Officers’ Appearance Predict Company Profits. Psychological Science 19: 109-111.

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