La desmesura de Gould

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Reseña: “La falsa medida del hombre” Stephen Jay Gould. Drakontos Bolsillo. Editorial Critica. Barcelona octubre 2007

A primera vista puede parecer extraño dedicarse a reseñar un libro publicado hace más de 25 años, no obstante, en el caso de “La falsa medida del hombre” existen dos razones poderosas. La primera es su reciente re-edición en Drakontos Bolsillo en octubre de 2007; la segunda es que el mencionado libro sigue teniendo una notable influencia, sobre todo dentro de las ciencias sociales. Al parecer, todavía hay muchas personas que opinan, como hacía el psicólogo León Kamin en 1974 que “no existe ningún dato que pudiera llevar a una persona prudente a aceptar la hipótesis de que las puntuaciones de los test de inteligencia sean heredables en alguna medida” (Kamin, 1974). Es más, se tiene la falsa impresión de que la cuestión quedó zanjada definitivamente tras el libro de Gould y que existe un consenso entre los expertos con respecto a este punto. Nada más lejos de la realidad. El consenso es justamente el contrario: que la “inteligencia” es, en buena medida, heredable por vía genética. “La falsa medida del hombre” no sólo está terriblemente obsoleto, sino que contiene altas dosis de “deshonestidad intelectual”. Paradójicamente, creo que la mayor parte de lo que dice Gould en este libro es cierto y está justificado; el problema radica justamente en las cosas que omite. Admito que son acusaciones graves, de modo que voy a explicarlas despacio.

 

El primer problema (y principal) es que Gould ignora descaradamente la evidencia experimental que no cuadra con su argumentación. De hecho, ignora todo el campo de investigación denominado “genética del la conducta”. El desarrollo de este campo es bastante reciente, pero ya existía cuando Gould publicó su segunda edición en 1996. Por poner un ejemplo, no se menciona el famoso estudio de Minnesotta sobre gemelos criados aparte, que se publicó en la prestigiosa revista Science (Bouchard Jr. et al., 1990); así como tampoco aparece el no menos famoso estudio sobre el Proyecto de Adopción de Colorado, iniciado en 1974 (Plomin and DeFries, 1983). De hecho, entre las casi 200 citas bibliográficas del libro no hay literalmente ninguna posterior a 1990. De modo que Gould se pone a analizar el tema de la herencia de la inteligencia ¡y no cita ninguno de los trabajos sobre el asunto publicados entonces! Si no se considera ético que un científico manipule o invente los datos, tampoco debería considerarse ético que un divulgador ignore la montaña de evidencia experimental que no cuadra con sus opiniones. No cabe duda de que este increíble sesgo al elegir las fuentes constituye un acto de manipulación, y es casi con seguridad un acto de “deshonestidad intelectual” (alternativamente, podríamos pensar que Gould no se molestó en consultar la bibliografía reciente, lo cual no es mucho mejor).

 

¿Qué es lo que hace, pues, Gould a lo largo de su libro? Hacer una crítica demoledora y, en mi opinión, justificada de la infamante doctrina denominada Darwinismo Social, preconizada, entre otros por H. Spencer y F. Galton. El Darwinismo Social justificaba el racismo y las desigualdades sociales de la época victoriana basándose en un supuesto paralelismo con “la supervivencia del más fuerte”. Sin duda, esta doctrina constituyó un completo desastre intelectual y moral y sus argumentos eran bastante débiles desde el punto de vista científico. Gould tiene razón en su crítica en la mayoría de las cosas que dice sobre este punto (aunque no en todas, por ejemplo, se mofa de la correlación entre CI y tamaño del cráneo a pesar de que este es un hecho bien probado experimentalmente). Sin embargo, de aquí no sigue que la inteligencia no pueda ser (en parte) genéticamente heredable y que el estudio de esta cuestión implique necesariamente un posicionamiento ideológico, tal como afirma Gould repetidamente.

 

Aparte de ignorar la evidencia que no le conviene, Gould objeta el uso del CI empleando dos argumentos: 1) que el CI es demasiado simplista para captar el concepto de inteligencia; y 2) que el denominado factor g es un “constructo” matemático carente de significado biológico. Examinemos ambos argumentos por separado.

 

El test de inteligencia fue inventado por el psicólogo y educador francés Alfred Binet[1] a principios del siglo XX. Su objetivo no era medir la inteligencia sino evaluar el desarrollo intelectual de los escolares. Para ello diseñó una batería de pruebas de dificultad creciente; la puntuación obtenida en estas pruebas se comparaba con la puntuación media que sacaban los niños de la misma edad, lo que permitía evaluar el adelanto o retraso en el desarrollo del niño, de aquí que se calculara como un ‘cociente’. Binet trabajó largos años buscando preguntas que tuvieran validez general para escolares de diversa procedencia y ambiente social. Sus fines eran prácticos y humanitarios: pretendía mejorar el sistema educativo. En aquella época era normal juntar en la misma aula escolares de edades muy diferentes y los que mostraban alguna anomalía en el desarrollo, por ejemplo, lo que hoy catalogaríamos como autistas o hiperactivos, eran frecuentemente catalogados como ‘imbéciles’ y privados de toda educación.

El test de inteligencia cayó en desuso en Europa, pero fue rescatado del olvido por psicólogos americanos, si bien con fines diferentes a los originales. El método fue adaptado y refinado por científicos de la Universidad de Stanford y desde entonces es conocido como el método ‘Stanford-Binet’. Curiosamente, uno de los fines para el que se utilizó fue para la organización del ejército americano durante las dos Guerras Mundiales. Las autoridades militares lo emplearon extensamente como uno de los criterios esenciales para asignar ‘destino’ a los soldados recién reclutados. Desde entonces, el test de inteligencia se ha convertido en una herramienta importante, tanto en la Academia como en Psicología de empresa. Prácticamente todo el mundo pasa por él en algún momento de su vida. No puede extrañarnos que el CI haya sido objeto de duras críticas. La primera, el hecho de no ser ‘culturalmente neutral’; esto es, que el tipo de preguntas favorezca a personas acostumbradas a realizar tareas similares, digamos de ‘papel y lápiz’ y de tipo abstracto. Por ejemplo, un estudio realizado con niños semi-abandonados en Brasil, los famosos ‘meninos da rua’, mostró que aunque éstos eran analfabetos y no sabían hacer cálculos aritméticos sobre el papel, tenían una gran capacidad para hacerlos ‘de cabeza’, pues se ganaban la vida vendiendo en puestos callejeros. Otro ejemplo; es sabido que hombres y mujeres tienden a puntuar de forma diferente en distintas pruebas, por esa razón el peso relativo de estas pruebas ha sido ‘ajustado’ para que la puntuación media sea la misma en ambos sexos. De aquí puede concluirse que el ‘peso’ relativo de las pruebas es, en cierto modo arbitrario.

En definitiva, el CI no lo es todo. Seguramente, muchas capacidades cognitivas humanas (inteligencia emocional, creatividad) se escapan a este índice. Y sin embargo, sería un error pensar que el CI es completamente inservible. Para empezar, constituye una medida estandarizada, sistemática y generalmente aceptada por los psicólogos. Tendrá limitaciones, pero nadie ha propuesto una alternativa mejor. El CI es el mejor indicador disponible para medir la capacidad cognitiva general de la población. Para seguir, el CI constituye un índice estable a lo largo de la vida del individuo y con una importante capacidad predictiva. Un amplio estudio (Deary et al., 2004) de una cohorte de 500 personas durante 68 años encontró una correlación de 0.66 entre los CIs de la misma persona medidos a los 11 y a los 79 años . Más importante aun es el hecho de que el CI constituye el mejor predictor conocido de éxito académico (Neisser et al., 1996) y uno de los mejores del éxito profesional (Schmidt and Hunter, 1998). Si el CI no vale para nada, tendríamos que pensar que nuestro sistema educativo tampoco. Además, existe una relación estadísticamente significativa entre el CI de una persona y los años que ésta vive (Whalley and Deary, 2001) (aunque las razones que explican esto último no están claras). Ninguna persona prudente afirmaría hoy día que el CI no tiene ninguna validez para medir la capacidad cognitiva de las personas.

 

El segundo argumento empleado por Gould tiene que ver con el empleo de una técnica estadística denominada “Análisis de Factores”. Los estudios en Psicometría han podido demostrar la existencia de un factor de inteligencia general, denominado g. Este factor no representa ninguna habilidad mental particular, es tan sólo un ente matemático que refleja el hecho de que las personas que puntúan alto en ciertas pruebas –digamos de habilidad verbal- también suelen puntuar alto en las demás pruebas. Esto refleja a su vez la existencia de una capacidad cognitiva general, la llamada ‘inteligencia general’ o, abreviadamente g. La existencia de este factor g tiene gran importancia para los científicos porque contribuye a ‘validar’ lo que miden los test de inteligencia. A pesar de los que diga Gould, el hecho de que capacidades mentales muy diversas y, en principio independientes, muestren una alta correlación, sugiere que g es algo real y constituye una herramienta valiosa. La existencia de g como ente matemático sugiere, aunque no demuestra, que este factor tiene una existencia real en los genes y en la estructura del cerebro.De modo que el problema de la “cosificación” del factor g, de la que se queja repetidamente Gould, difícilmente constituye un problema. Genuínamente, g es una hipótesis que habrá que contrastar. Tendrán que ser la Neurobiología y la Genética las que digan finalmente si g tiene un asiento en nuestro cerebro y nuestro genoma. Es posible que el concepto de “inteligencia” sea nebuloso, como afirma Gould, pero tanto los estudios sobre CI como el concepto de g lo hacen un poco menos nebuloso y más inteligible. Conviene destacar además que la existencia de este factor único, subyacente a todos los dominios cognitivos, constituye uno de los hallazgos más repetibles y repetidos en la historia de la Psicología.

 

La búsqueda de los genes que afectan a la inteligencia equivale a buscar los ‘genes de g’. A pesar de que a esta empresa se han dedicado un buen número de laboratorios de ‘primera’, los resultados están muy lejos de proporcionar una respuesta. Se ha encontrado un cierto número de genes candidatos tanto por asociación con retraso mental y demencia, como por asociación con inteligencia en personas sanas (en realidad, la asociación se estable con determinados alelos de genes que tienen polimorfismo). Entre los hallazgos más prometedores está el gen de la apoliproteína E (asociado a una forma de demencia), así como una asociación entre la dislexia y una región del cromosoma 6 (Plomin, 1999). Otros genes candidatos prometedores son un receptor colinérgico-muscarínico (Commings et al., 2003) y el gen de la catepsina D (Payton et al., 2003). Asimismo, hay pruebas de la asociación entre el gen que codifica la catecol-O-metil-esterasa y las capacidades cognitivas de tipo prefrontal/ejecutivo (Winterer and Goldman, 2003). Está claro que todavía no conocemos la base genética de la inteligencia, no obstante, es pronto para darse por vencido, ya que están surgiendo nuevas herramientas para estudiar el problema.

 

Existen buenas razones para creer que estos genes actúan de forma cuantitativa, esto es, que dicho carácter está determinado por un cierto número de genes, de los cuales coexisten diversas variantes en la población. El resultado es que los individuos no pueden clasificarse de acuerdo a distinciones de tipo blanco/negro, sino que el valor de la variable se distribuye de acuerdo con una curva normal. Estos genes cuantitativos (técnicamente QTL) deben ser los responsables de las variaciones observadas (o más correctamente, del componente genético de la misma). No debe descartarse que se produzcan descubrimientos espectaculares en este campo en un futuro próximo.

 

La cuestión de la heredabilidad de la inteligencia (o mejor dicho, del CI) ha sido objeto de un intenso estudio en las últimas tres décadas, realizado a través de proyectos de gran envergadura. A menudo, la recopilación de los datos requirió muchos años de esfuerzo continuado. En octubre de 1990 se publicó en la prestigiosa revista Science (Bouchard Jr. et al., 1990) un artículo que resumía las investigaciones de muchos años, el denominado ‘estudio de Minnesota’, y que significó el punto de inflexión en este campo. El estudio incluía 56 pares de gemelos idénticos criados aparte, a los que se había sometido a una extensa batería de pruebas, incluyendo la medida del CI. Éste se ha sumado a un buen número de estudios existentes, entre los que se debe destacar al Proyecto de Adopción de Colorado (Plomin and DeFries, 1983). A diferencia del estudio de Minnesota, éste último se basa en la comparación, durante un largo intervalo de tiempo, entre hijos biológicos y adoptados. Un artículo de revisión publicado en 1997 recogía un total de 212 estudios sobre esta materia (Devlin et al., 1997). Existe un amplio consenso entre los expertos con respecto a la alta heredabilidad del CI. Con todo, estas investigaciones no están exentas de posibles críticas y limitaciones, pero lo que no es admisible es ignorarlas.

 

La conclusión inescapable es que Gould hizo trampas y antepuso una ideología mal entendida a la honestidad intelectual. Admitir que el CI es, en parte, heredable y que éste tiene algo que ver con la inteligencia no significa adscribirse a una ideología racista ni de derechas, ni mucho menos abogar por la reducción de políticas sociales (más sobre esto en: https://pablorpalenzuela.wordpress.com/2007/10/18/todos-somos-negros/) No quiero decir con esto que la totalidad de la obra de Gould, como paleontólogo y divulgador científico, carezca de valor. Eso es una historia diferente y requería un análisis diferente. Pero por la “La falsa medida del hombre” se merece un rapapolvo.

 

 

 

 

Bouchard Jr., T.J., Lykken, D.T., McGue, M., Segal, N.L., and Tellegen, A. (1990) Sources of human psychological differences: the Minnesota study of twins reared apart. Science 250: 223-229.

Commings, D.E., Wu, S., and Rostamkhani, M.e.a. (2003) Role of the cholinergic muscarinic 2 receptor (CHRM2) gene in cognition. Molecular Psychiatry 8: 10-13.

Deary, I.J., Whiteman, M.C., Starr, J.M., Whalley, L.J., and Fox, H.C. (2004) The impact of chilhood intelligence on later life: following up the Scottish mental Surveys of 1932 and 1947. Intelligence 32: 130-147.

Devlin, B., Daniels, M., and Roeder, K. (1997) The heritability of IQ. Nature 388: 468-471.

Kamin, L. (1974) The Science and Politics of IQ. New York: Potomac.

Neisser, I.J., Boodoo, G., and Bouchard, T.J. (1996) Intelligence: knowns and unknowns. American Psychologist 51: 77-101.

Payton, A., Holland, F., and Diggle, P.e.a. (2003) Cathepsin D exon 2 polymorphism associated with general intelligence in a healthy older population. Molecular Psychiatry 8: 1-5.

Plomin, R., and DeFries, J.C. (1983) The Colorado Adoption Project. Child Development 54: 276-289.

Plomin, R. (1999) Genetics and general cognitive ability. Nature 402(supp): c25-c29.

Schmidt, F.L., and Hunter, J.E. (1998) The validity and utility of selection methods in personnel psychology: practical and theoretical implications of 85 years of research findings. Psychology Bulletin 124: 262-274.

Whalley, L.J., and Deary, I.J. (2001) Longitudinal cohort study of childhood IQ and survival up to age 76. British Medical Journal 322: 1-5.

Winterer, G., and Goldman, D. (2003) Genetics of human prefrontal function. Brain Res Brain Res Rev 43: 134-163.

 

 



[1] Una revisión de los trabajos de Binet en: Wolf, T.H. (1961) “An individual who made a difference” American Psychologist 16:245-248

21 comentarios

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21 Respuestas a “La desmesura de Gould

  1. Estimado Dr. Rodríguez:

    Si tan alta es la correlación entre inteligencia y CI, ¿cómo se explica el llamado ‘Efecto Flynn’? ¿Cómo es posible que cada pocos años haya que renormalizar los test, porque las puntuaciones no dejan de subir? Las poblaciones, lo sabemos, no evolucionan a esa velocidad…

    Ver
    http://www.newyorker.com/arts/critics/books/2007/12/17/071217crbo_books_gladwell
    http://en.wikipedia.org/wiki/Flynn_effect

    El ‘Efecto Flynn’ se explica con facilidad si se reconoce que los resultados de los test de CI tienen un elevado componente cultural, lo cual explicaría también su gran correlación con los resultados educativos y con el éxito social: estarían midiendo lo mismo. Y esto no tiene mucho que ver con los genes.

    Por otra parte, y aunque hace algún tiempo que no releo el libro de Gould, yo juraría que no descarta cualquier influencia de los genes en la variabilidad de inteligencia, ni su heredabilidad. Lo que sí hace es analizar muchos de los métodos desarrollados para medir (mal) estos parámetros y sus consecuencias (a veces atroces). Explicando también el escurridizo concepto de heredabilidad, y cómo no significa lo que la gente cree que significa (que la inteligencia es un número fijo, que recibimos al nacer y que no puede ser cambiado por el ambiente). Como él mismo explicaba, la heredabilidad de la estatura no es discutida por nadie, y es mucho mayor que el más elevado valor achacado a la inteligencia; pero nadie discutiría que el nivel de alimentación tiene mucho que ver con la estatura final de una población.

    Yo creo que La Falsa Medida del Hombre hace muy bien su trabajo, que es analizar los intentos históricos de justificar científicamente unas supuestas diferencias fijas e inmutables entre poblaciones de seres humanos. Y lo sigue haciendo: los nuevos datos que cita su post (contemporáneos, o posteriores a su publicación) no cambian su análisis de la inutilidad de la frenología, o las sospechas que existen sobre las interpretaciones que se hacen de los tests Standford-Binet.

    Muchas gracias por su atención e interés, y un saludo.

    PP Cervera

  2. Estimado Sr Cervera,

    No hay ninguna contradicción en el hecho de que un carácter tenga heredabilidad alta y que éste varíe en valor absoluto. En efecto, el concepto de “heredabilidad” es un poco más complicado de lo que parece, por eso me tomé el trabajo de explicarlo en el post anterior https://pablorpalenzuela.wordpress.com/2008/02/09/heredabilidad/
    Que Gould omite mucha información relevante en su libro no es una opinión mía, sino un hecho fácilmente comprobable. Si a usted le parece correcto, a mí no. En lo que estoy de acuerdo es que la cuestión de la genética ha sido empleada interesadamente para justificar programas políticos impresentables. Estoy absolutamente en contra de ese tipo de manipulaciones. No obstante, la heredabilidad del CI parece un hecho bien apoyado por los datos experimentales. Por supuesto, estaría dispuesto a cambiar de opinión si los datos (publicados en revistas científicas del SCI) indicasen lo contrario.
    Creer que algo es verdad porque es políticamente correcto es peligroso (y moralmente incorrecto).
    Un saludo

  3. Gon

    El hecho de que no haya citas posteriores a 1990 no me resulta demasiado sorprendente, sobre todo teniendo en cuenta que el libro fue publicado en 1980 o 1981 (no recuerdo bien, pero por ahí debe andar la cosa). Si la segunda edición fue en el 1996, entonces acepto eso que dices de “obsoleto” pero de ninguna manera “deshonesto”.

    En todo caso, creo que no has entendido el libro de Gould en absoluto: no es un tratado de genética de la conducta, sino una crítica a la manipulación seudocientífica que se ha empleado en la historia para justificar la desigualdad de trato para con poblaciones diferentes.

  4. Txema M

    No estoy de acuerdo contigo en la afirmación de que Gould “hizo trampa”. Hace muchos años que leí el libro y por eso no puedo recordar la mayoría de lo que en él se dice, pero recuerdo bien que el propio Gould rehizo o revisó distintas experiencias, encontrándose con “sorpresas” tales como la eliminación del volumen craneal de un especimen (un craneo más voluminoso que el resto perteneciente a una persona negra). Creo recordar que en ese caso tan flagrante Gould no hizo una crítica tan dura como la que tú le haces a él (“hacer trampa”) sino que explicó que la razón por la que Galton eliminó ese ejemplar era porque, influenciado por sus prejuicios, consideró ese craneo como una anormalidad que no debía tenerse en cuenta.

    El libro tenía por objeto criticar una serie de elementos de juicio a favor de la heredabilidad de la inteligencia que llevaban enseñandose en las facultades desde hacía mucho tiempo sin que casi nadie los hubiera cuestionado. Entre ellos se encontraba una famosa investigación sobre gemelos que había sido manipulada de principio a fin. Años después de haber leído dicho libro me matriculé en una escuela universitaria donde seguían impartiendo los datos erróneos como si fueran correctos. Ya ves tú qué fiabilidad de datos se nos dieron. Es esa la actitud que pretendía criticar Gould, la de dar como hechos reales los resultados de estudios que pueden resultar muy ilustrativos, pero que son falsos.

    Esta es la misma actitud que manifiesta en muchos de sus artículos sobre biología. Por ejemplo, un caso paradigmático de relación ecológica es el del dodó y un árbol que según parece se reproducía gracias a las semillas que los dodós excretaban. Desde que desaparecieron los dodós no volvieron a nacer nuevos árboles. Cuando un investigador logró que los pavos excretaran dichas semillas, estas germinaron. Muy ilustrativo ¿no? Y sin embargo, falso. Eso es lo que criticó Gould en uno de sus artículos, la falsedad en los datos en el caso del dodó. Y es eso también lo que criticaba en el libro, la falsedad de muchas de las supuestas investigaciones en las que se basa el concepto de heredabilidad de la inteligencia.

    Entiendo que sugieres que Gould escribió ese libro con una actitud militante y por eso le criticas el que no incluyera ninguna referencia a por las investigaciones que citas. Sabes bien que la mayoría de investigadores, cuando defienden una hipótesis frente a otras, procuran difundir las pruebas a favor de lo que defienden, no las contrarias. Tal vez esto no sea lo más correcto, pero es lo común. Tú mismo muestras esa actitud cuando, en un post dedicado a criticar el libro de Gould (la edición del 96), no puedes dejar de citar datos a favor de tu posición, aunque sean los de Schmidt and Hunter, de 1998.

    Es una opinión personal, pero creo que que el cáncer que padeció le hizo establecer prioridades en su trabajo, y que dentro de esas prioridades no entraba la revisión de este libro. A fin de cuentas, Gould, como biólogo, no pasará a la posteridad por él. El trabajo de revisión que hizo (y que nadie había hecho antes que él) podría haber sido realizado por cualquier otra persona. Si desde su convencimiento personal de que estaba en lo correcto vio que su vida tenía un final próximo, lo lógico sería que dejase la revisión de las investigaciones críticas con su postura para otros, dedicándose él a lo suyo.

    Saludos.

  5. Gon y Txema,
    En primer lugar, gracias por vuestros comentarios. Me gustaría evitar que esto se convirtiera en una partida de ping-pong: o con Gould o contra Gould. En el caso concreto de este libro, lo que digo textualmente es que, o hizo trampas o pasó de largo por una serie de artículos publicados en revistas tan prestigiosas como Science. La alternativa a la trampa es un nivel de negligencia difícil de creer en un científico de primera línea, como era Gould, así que no me parece que haya una gran diferencia entre ambas posibilidades.
    Me gustaría destacar que Gould se dejó en el tintero trabajos de gran magnitud, en el sentido de que costaron muchos años de esfuerzo por parte de muchos investigadores. No se trata de una cosa leve.
    En cualquier caso, el libro sigue teniendo influencia sobre la opinión que tienen bastantes personas sobre el tema. Es bueno que las opiniones se formen a partir de la información más actualizada posible.
    Txema, supongo que te refieres al famoso caso de Cyril Burt. El caso se revisó hace unos años y no está tan claro que los datos fueran falsos (Mackintosh, N. J. “Cyril Burt: Fraud or framed?” New York: Oxford University Press. 1995); es posible que Burt falseara efectivamente los datos, pero numerosos estudios posteriores realizados en diferentes países han confirmado lo que encontró Burt: que el CI tiene heredabilidad bastante alta en los estudios de gemelos idénticos criados aparte. Que yo sea más duro con Gould de lo que éste fue con Galton no me parece que venga al caso. Sinceramente, creo que Gould merece un rapapolvo por ese libro, con lo que no estoy cuestionando (ni defendiendo) otros aspectos de sus aportaciones.
    Gon, estoy esencialmente de acuerdo (y lo afirmo explícitamente en el post) en la crítica al movimiento eugenésico; pero creo que esto no justifica la tremenda omisión de datos relevantes sobre el núcleo de la cuestión.

    Saludos

  6. Lo siento… pero voy a contribuir a lo del ping-pong, pero de forma sana 🙂
    Tengo que hablar de memoria, porque en estos momentos mi copia del libro está prestada… pero si no recuerdo mal, la revisión se hizo exactamente por un tema que a Gould le preocupaba mucho: The Bell Curve. Dudo mucho que no haya un número razonable de referencias a publicaciones de después del 90.
    Por otra parte, tengo que decir que personalmente el estudio de Minnessota me parece un timo. Sí, he leído el famoso artículo, lo he analizado detenidamente… y sigo pensando que todo parecido se debe a factores ambientales. Además, estadísticamente, los datos no son fiables. Y lo de Burt… a mi eso de que salgan datos de la nada… y no es que se piense que son ciertos. Se piensa que, aunque se hayan inventado datos, los resultados son los mismos que con los pocos datos que eran reales. Que tampoco es un número fiable de datos.
    Estadísticamente también hay otra cosa que hay que tener en cuenta: lo que aparentemente es correlación no tiene por qué ser dependencia, hay que tener en cuenta un análisis multifactorial. Eso lo digo por la supuesta correlación “cerebro grande-CI alto”.
    En defensa del enfoque de Gould, tengo que decir que en un libro no se pueden plasmar absolutamente todos los pensamientos de una persona. El libro está claramente enfocado hacia la medida de la inteligencia en la población mundial. Y una de las cosas que todos aprendimos en clase de genética en algún momento de nuestra vida es que algo que pueda ser heredable intrapoblacionalmente no tiene porqué serlo interpoblacionalmente. Gould en ningún momento niega que haya un componente genético en que un hijo te salga con un CI alto o bajo. Pero realmente no hay modo de conseguir datos fiables que permitan medir ese componente. El libro tiene el mismo enfoque que “No está en los genes”. Es un ensayo social.
    Tus opiniones tienen fundamento… pero creo que deberías buscar antes cual era el objetivo de Gould al escribir este libro en lugar de criticarlo por lo que en él no está escrito.

  7. Karme,
    Odio el ping-pong, pero si es con buen rollito…

    Lo de si hay o no referencias posteriores a 1990 es cuestión de mirarlo (yo lo he hecho).

    Empiezo diciendo que estoy de acuerdo con la crítica de Gould al movimiento eugénesico (incluyendo “The Bell Curve”), pero creo que no está justificada la “grosera omisión de datos” que hace. Supongo que Gould pensaba que era lo “correcto”. Yo pienso que no es correcto escribir un libro sobre la herencia del CI y saltarse un montón de trabajos publicados en las mejores revistas y que atañen justamente al núcleo de la cuestión.

    El trabajo de los gemelos de Minnesota es (como todo en ciencia) debatible, pero creo que la crítica que haces debería estar más fundamentada. Estaría encantado de leerla. A mi me parece que los datos de herencia genética del CI son bastante sólidos (no se trata de un trabajo puntual, sino de muchos estudios), pero cambiaría mi opinión a la luz de nuevos datos o nuevas interpretaciones. Creo que eso es lo correcto. Admito que pueden hacerse críticas metodológicas, pero no ideológicas. Insisto en que de la heredabilidad del CI no se deriva una ideología, aunque se haya utilizado de forma tendenciosa. Es esencial separar bien lo que son “valores” de los “hechos”.

    De nuevo, la cuestión de diferencias genéticas entre poblaciones es completamente diferente. Me remito a un post anterior sobre esto.
    https://pablorpalenzuela.wordpress.com/2007/10/18/todos-somos-negros/

    Creo que Gould antepuso motivos ideológicos a la elemental honradez intelectual que obliga a reconocer los datos experimentales, y eso es justamente lo que critico.
    Un saludo

  8. “Creo que Gould antepuso motivos ideológicos a la elemental honradez intelectual que obliga a reconocer los datos experimentales, y eso es justamente lo que critico.”

    Sí, señor, essa sí que es una evidencia! Y yo, que no soy nadie pero me he atrevido a poner en cuestión la autoridad de Gould en otros temas siendo considerado por ello “contumaz”, suscribo este párrafo con todas sus letras como expresión sintética del problema. Un problema bastante generalizado en los ámbitos académicos y que sigo poniendo a disposición de quienes quieran discutirlo en lugar de hacer espavientos o hacerse cruces.

    Y gracias por la información que no tenía.
    Un saludo.

  9. pablo, me alegra ver que alguien critica a Gould de vez en cuando porque a mi modo de ver esa faceta suya tan políticamente correcta prevalecía a veces sobre el rigor científico. Las omisiones son flagrantes en algunos casos. Su único empeño en algunos casos era desacreditar a la sociobiología como fuese sin caer en la cuenta de que algunas de sus ideas resultaban contradictorias. Gould acepta el rpoceso evolutivo y por tnato no tendría que poner objeciones al hecho de que la inteligencia es también resultado de la evolución, obviamente modificable por el ambiente pero en ningún caso modificable completamente. Varios autores han criticado sus ideas expeustas en este libro, especialmente Dennett y Pinker que, curiosamente aportan los datos que no aportó en su día Gould. Algunos ya estaban disponibles cuando él escribió el libro de marras.

    Un saludo, pablo. Te debo un e-mail, por cierto.

  10. Gracias por el comentario, Brainy
    Un saludo

  11. Creo que aquí hay el típico error de sacar conclusiones propias y echarle la culpa a la teoría. Si la inteligencia se hereda o si hay razas, como hay idiomas, se saca la conclusión de que eso apoya la discriminación y el racismo y por lo tanto la inteligencia no debe heredarse ni debe haber razas.

    El mismo argumento de que si en la evolución los más aptos se reproducen y de ahí se deduce que no se debe ayudar a los discapacitados entonces es que no hay evolución por selección.

    Evidentemente hay razas como hay idiomas, tan definidos o indefinidos unas como otros o hay selección natural. Pero ni las razas son entidades cerradas sino conjuntos de individuos con unas características ni la evolución lleva al racismo ni a la insolidaridad. El problema es de quienes sacan conclusiones absurdas.

    surscrd

  12. ¿Afirmas que la inteligencia se encuentra codificada en nuestros genes?

    De ser así, ¿de qué manera, o mediante cuál mecanismo podría la “información” codificar a la inteligencia?¿Existe alguna respuesta que dé una mejor explicación que la ya ultra-manoseada “caja negra” explicativa?

    ¿Afirmas que el tamaño del cráneo se correlaciona con la inteligencia?…

    Hablemos en serio, ¿por qué creerías tú que rasgos sistémicos de un organismo, como el coeficiente intelectual, podrían estar determinados por algún componente o propiedad en particular (como la “información genética, o el tamaño del cráneo), más que por su propia dinámica sistémica en su devenir histórico?

  13. Rodrigo,
    No se trata de que lo afirme yo, sino que lo afirman los autores de numerosas publicaciones en revistas incluidas en SCI (las cuales están citadas en el post). Me parecería genial que las leyeses (no son muchas) y explicases por qué no estás de acuerdo (preferentemente publicando tus observaciones en revistas incluidas en SCI ).
    Si preguntas cuáles son los mecanismos que conectan determinados alelos con con mayor o menor “cociente intelectual (no “coeficiente”), un principio de explicación está contenido en el propio post, donde se menciona algunos de los posibles genes. Evidentemente, es un campo donde hay mucho por hacer. Pero también es evidente que los genes determinan muchos aspectos de la estructura del cerebro (de no ser así, el cerebro humano sería en principio similar al de otras es especies y no es el caso). Los genes podría afectar a las inteligencia de muchas maneras. Durante el desarrollo del cerebro las diferentes estructuras tienen que formarse con tamaños y posiciones prefijadas y este proceso se encunetra bajo control de genes reguladores. La mayor o menos actividad de circuitos cerebrales puede depender de la concentración de neurotransmisores, la que a su vez depende de proteínas (codificadas por genes). El camino de resolver todo esto será largo, pero no hay en principio ningún impedimento conceptual a que los genes influyan sobre el cerebro e indirectamente sobre el IQ.

    En cuanto a la correlación entre tamaño de cerebro y IQ, reconozco que es algo chocante, pero parece ser un hecho bien comprobado.
    Aquí algunas referencias sobre el asunto:

    1: Akgün A, Okuyan O, Baytan SH, Topbaş M.
    Relationships between nonverbal IQ and brain size in right and left-handed men
    and women.
    Int J Neurosci. 2003 Jul;113(7):893-902.
    PMID: 12881182 [PubMed – indexed for MEDLINE]

    2: Tramo MJ, Loftus WC, Stukel TA, Green RL, Weaver JB, Gazzaniga MS.
    Brain size, head size, and intelligence quotient in monozygotic twins.
    Neurology. 1998 May;50(5):1246-52.
    PMID: 9595970 [PubMed – indexed for MEDLINE]

    3: Paradiso S, Andreasen NC, O’Leary DS, Arndt S, Robinson RG.
    Cerebellar size and cognition: correlations with IQ, verbal memory and motor
    dexterity.
    Neuropsychiatry Neuropsychol Behav Neurol. 1997 Jan;10(1):1-8.
    PMID: 9118192 [PubMed – indexed for MEDLINE]

    4: Lynn R.
    Brain size and intelligence in man: a correction to Peters.
    Can J Exp Psychol. 1993 Dec;47(4):748-50; 751-6.
    PMID: 8124295 [PubMed – indexed for MEDLINE]

    5: Johnson FW.
    Biological factors and psychometric intelligence: a review.
    Genet Soc Gen Psychol Monogr. 1991 Aug;117(3):313-57. Review.
    PMID: 1756951 [PubMed – indexed for MEDLINE]

    Tu última frase merece un comentario aparte:
    “Hablemos en serio, ¿por qué creerías tú que rasgos sistémicos de un organismo, como el coeficiente intelectual, podrían estar determinados por algún componente o propiedad en particular (como la “información genética, o el tamaño del cráneo), más que por su propia dinámica sistémica en su devenir histórico?”
    Al parecer, no crees que un rasgo como el IQ que depende de un sistema complejo, como el cerebro, no puede depender de la información genética. Por cierto que entiendo que con “la dinámica sistémica en su devenir histórico te estás refiriendo a los efectos del ambiente a largo plazo, tales como la educación, ambiente familiar e historia particular del individuo. Estás en un error. Cambios en la secuencia de DNA pueden provocar variaciones enormes en todo el sistema (independientemente del devenir histórico). P.e. Un cromosoma 31 de más y la persona portadora tendrá importantes limitaciones cognoscitivas toda su vida (aunque un medio apropiado y una eduación adecuada serán de gran ayuda).

    La Paleontología es genial, pero hay más cosas

    PS asumo que empleas el término “sistémico” según la definición del diccionario

    Diccionario de la lengua española © 2005 Espasa-Calpe S.A., Madrid:
    sistémico,ca

    1. adj. De la totalidad de un sistema o relativo a ella:
    funcionamiento,error sistémico.
    2. med. De la circulación general de la sangre o relativo a ella:
    la arterioesclerosis es una patología sistémica.
    3. med. Del organismo en su conjunto o relativo a él:
    el cáncer termina por convertirse en una enfermedad sistémica.

    La Filosofía de la Biología me parece fascinante, pero no puede hacerse de espaldas a la propia Biología.

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  16. Estimado Pablo,

    en tu recensión acusas ya desde el título a Gould de desmesura y dices:

    “El primer problema (y principal) es que Gould ignora descaradamente la evidencia experimental que no cuadra con su argumentación. De hecho, ignora todo el campo de investigación denominado “genética de la conducta”. El desarrollo de este campo es bastante reciente, pero ya existía cuando Gould publicó su segunda edición en 1996.”

    Tú mismo dices que el libro fue publicado en 1980. Después dices que Gould no hace caso a cosas publicadas ¡16 años después! Obvio.
    Pocas veces los escritores nos dedicamos a reescribir los libros para añadir los últimos descubrimientos. Nadie o casi nadie lo hace, excepto cuando se trata de libros de texto o actualizaciones de enciclopedias. Que se añada un nuevo capítulo, como al parecer hizo Gould para dar respuesta a una crítica concreta, sí es más frecuente, aunque ni mucho menos obligatorio y en ningún caso obliga a actualizar todo el libro.

    Creo que esa simple constatación hace que toda tu crítica carezca de sentido y esté absolutamente fuera de lugar, al margen de que se pueda estar de acuerdo o no contigo o con Gould. Pero, teniendo en cuenta lo anterior, acusar a Goul de haber empleado “altas dosis de deshonestidad intelectual”, “ignorar la evidencia que no le conviene” y concluyes diciendo ni más ni menos: “La conclusión inescapable es que Gould hizo trampas y antepuso una ideología mal entendida a la honestidad intelectual.”
    Todo eso basándote en resultados publicados 16 años después. Uf. Sin pretender ser ofensivo y para no acusarte de lo mismo que tú acusas a Gould, creo que la única desmesura aquí es la de tu crítica, no la de Gould. Una recensión de un libro no se puede construir sobre lo que se dijo o se supo posteriormente al libro. Puedes decir que el libro está desfasado, que es discutible, etcétera, y argumentarlo, pero no descalificarlo de esa manera tan injusta.

  17. Estimado Daniel,
    En Ciencia las nuevas ediciones de un libro tiene justamente el objetivo de actualizar su contenido a las ultimas investigaciones. Por tanto, la fecha de publicacion del libro al que me refiero es 1996. En Biologia los avances se han producido muy deprisa en las ultimas decadas y naturalmente, Gould, era perfertamente consciente de eso. Ignorar la evidencia experimental disponible es moralmente inaceptable para un cientifico profesional, como era Gould.
    En cualquier caso, e idependiente de que yo descalifique a Gould desde un punto de vista moral, lo importante es que la refutacion de sus argumentos no la hago yo, la hace la evidencia experimental en el campo de la Genetica de Comportamiento, accesible para caulquiera que se moleste en leerla. Eso es lo verdaderamente imporante.

  18. Estimado Pablo,

    no creo que valga la pena embarcarse en una sucesión de matices y discusiones acerca de si las reediciones de los libros científicos de divulgación exigen tal cosa o no, lo mejor, para quien le interese, sería investigar si sucede así efectivamente o no. Podríamos llevarnos alguna sorpresa interesante. Yo tengo la impresión de que no, pero podría equivocarme.
    Creo, en cualquier caso que es una cuestión de grado y que todo lo que dices en tu crítica podría ser válido (no digo que correcto desde el punto de vista científico, que es otra cuestión mucho más compleja) si no la hubieras planteado de una manera que, no sólo a mí, sino a otros comentaristas (que me parecen bastante razonables), nos parece desproporcionada.
    En fin, esta es otra ciencia, o quizá un arte, me refiero a la crítica literaria, en la que la subjetividad es inevitable. Mi subjetividad me dice que la tuya no es una manera correcta de apuntar al blanco que quieres derribar. Pero te agradezco tu respuesta.
    Un saludo cordial

  19. Danny Rice

    Cada opinión es respetable, sin embargo creo que tu publicación carece de un análisis fundamental del desarrollo histórico en todos los aspectos y facetas; no pretendo ofenderte, siendo objetivos creo que no has acabado de entender el libro de el Sr. Gould, precisamente para entenderlo tendrías en primer lugar que cuestionarte ¿Para qué, para quién y por qué? tal vez a partir de esas tres preguntas fundamentales podrías implementar un método eficaz para hacer un análisis de tu entorno, estás olvidando una parte fundamental del curso de la historia y esa es precisamente la clave para entender lo que está pasando a tu alrededor: ¡La historia está escrita por los vencedores, nunca lo debes de olvidar!

  20. Danny,
    No se de que me hablas. En cualquier caso, ahora estoy en el otro blog http://vidauniversoydemas.wordpress.com/
    Un saludo

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