Ojos claros serenos (la hipótesis del ojo cooperativo)

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Una característica que nos diferencia de la mayoría de los mamíferos (a parte de usar tarjetas de crédito) es el hecho de que en nuestro caso se distingue fácilmente el “blanco de los ojos”, es decir, el hecho de que la superficie blanca de nuestra córnea es muy superior que la que tienen otras especies (Kobayashi and Kohshima, 1997). En una comparación sistemática de 92 especies de primates (incluidos nosotros) se encontró que 85 tenían una esclera uniforme de color pardo o pardo oscuro (Kobayashi and Kohshima, 2001). Dado que nuestros parientes cercanos (chimpancé, gorila) no comparten esta característica, cabe pensar que surgió en algún momento de nuestra evolución. La pregunta es: ¿confería alguna ventaja adaptativa a nuestros antecesores? Y en tal caso ¿qué ventaja?

 

La respuesta a la primera pregunta no es necesariamente afirmativa. Las características que observamos en las especies actuales no son siempre producto de la selección natural. Pueden ser debidas al azar o ser consecuencias indirectas de la selección de otros caracteres. Sin embargo, no puede descartarse que el blanco de los ojos tuviera una función en nuestra especie. Otros datos apuntan en la misma dirección. Por ejemplo, en el ojo humano la superficie blanca es muy superior a la de otras especies (tres veces mayor que en nuestros parientes próximos) y el contraste entre el color del ojo y el color de la piel es muy alto en nuestro caso (y mucho más bajo en las especies estudiadas). Todo esto sugiere que diferentes características han tenido que combinarse para dar lugar al típico ojo humano.

 

¿Dónde podría estar la ventaja selectiva? Se han sugerido algunas explicaciones. Por ejemplo, podría servir como indicador de la salud del individuo, lo que podría contribuir a su éxito reproductivo (al ser preferido por individuos de sexo opuesto para aparearse). No obstante, esto debería aplicar de forma parecida a los chimpancés. Otra posibilidad es que esta característica facilitara en gran medida que otros individuos pudieran saber en qué dirección estamos mirando, con lo que podría aumentar notablemente la interacción ¿Y el hecho de que otros puedan saber a dónde estoy mirando constituye una ventaja? Depende. Podría serlo si los humanos evolucionamos un ambiente social cooperativo (podría ser una desventaja en caso contrario). Pero, precisamente, la capacidad de cooperación es una de las características genuinamente humanas y que nos distingue de los chimpancés y los gorilas. Este espíritu de grupo seguramente fue un factor importante en nuestro éxito como especie y nos ayudó a colonizar la mayoría de los hábitats del planeta. Según esta idea, denominada hipótesis del ojo cooperativo, el característico contraste de nuestros ojos fue seleccionado porque permitía una mayor co-orientación visual entre individuos, lo que haría más fácil la coordinación de tareas.

 

Sin duda, la hipótesis es interesante, pero cómo comprobarla. Michael Tomasello y sus colaboradores, del Instituto Max-Plank de Antropología Evolutiva de Leipzig, se han puesto a ello y nos lo cuentan en un artículo reciente de la revista Journal of Human Evolution (Tomasello et al., 2007). La idea es en principio simple. Si la hipótesis del ojo cooperativo es cierta, los humanos seguiríamos la mirada de otros individuos basándonos precisamente en la dirección a la que apuntan sus ojos y esperaríamos que eso no ocurriera en especies emparentadas (que no tienen blanco en los ojos). Para comprobar esta idea los investigadores compararon el comportamiento de bebés humanos con el de chimpancés (jóvenes y adultos). Un experimentador humano miraba al cielo “sólo con los ojos”, o bien “sólo con la cabeza” (con los ojos cerrados), o bien “con ambos a la vez”. Los chimpancés siguieron la mirada del experimentador basándose fundamentalmente en el movimiento de la cabeza (aunque los ojos jugaban también algún papel). En cambio, los bebés humanos se basaron casi exclusivamente en los movimientos oculares. Estos resultados apoyan la hipótesis del ojo cooperativo (más bien, una parte de ella), pero todavía estamos lejos de poder afirmar que la hipótesis está contrastada más allá de toda duda razonable. Entretanto, me quedo con los versos de Gutierre de Cetina.

 

Ojos claros, serenos,
si de un dulce mirar sois alabados,
¿por qué, si me miráis, miráis airados?
Si cuanto más piadosos,
más bellos parecéis a aquel que os mira,
no me miréis con ira,
porque no parezcáis menos hermosos.
¡Ay tormentos rabiosos!
Ojos claros, serenos,
ya que así me miráis, miradme al menos.

 

 

Kobayashi, H., and Kohshima, S. (1997) Unique morphology of the human eye. Nature 387: 767-768.

Kobayashi, H., and Kohshima, S. (2001) Unique morphology of the human eye and its adaptive meaning: comparative studies on external morphology of the primate eye. J Hum Evol 40: 419-435.

Tomasello, M., Hare, B., Lehmann, H., and Call, J. (2007) Reliance on head versus eyes in the gaze following of great apes and human infants: the cooperative eyes hypothesis. Journal of Human Evolution 52: 314-320.

 

 

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10 comentarios

Archivado bajo Animales, Evolución

10 Respuestas a “Ojos claros serenos (la hipótesis del ojo cooperativo)

  1. Pingback: La hipótesis del ojo cooperativo

  2. Gracias por la información, ciertamente me inclino por intuición en la línea de la explicación. Esto confirma a los humanos como hito evolutivo en el cual la comunicación alcanza un desarrollo global y generalizado más alto que hasta su aparición. Todo y no sólo el lenguaje avanzó más allá: manos, cerebro y hasta ojos. Sin duda, el grado superior de comunicabilidad humana dio a la vida más posibilidades de supervivencia.

  3. Hola Carlos,
    Supongo que estamos de acuerdo en que la hipótesis del ojo cooperativo no está demostrada fuera de toda duda. Digamos que hay alguna evidencia a favor.
    Saludos cordiales

  4. De acuerdo, pero, como siempre, lo que la intuición atisba y se ve sucesivamente en diferentes ámbitos, acaba por demostrarse. Desde ya que, aunque se admita que hay que seguir “montando” pruebas en el mejor espíritu galileano para que haya más certeza, es muy válido afirmarse en la también hipótesis explicativa del motor de la comunicabilidad como una característica que se reprodujo a costa de la contraria (el ostracismo o el autismo, por ejemplo -y no me estoy preocupando por el término más adecuado, que si lo tienes y me lo facilitas, encantado-). Al menos para dar cobertura a la complejidad creciente. En otras palabras: la “comunicabilidad” como factor o rasgo indispensable del crecimiento evolutivo en (o hacia una mayor) complejidad.
    Creo que es una guía para estar atentos en otros campos o situaciones y ver si tiene visos de “ley natural”, por así decirlo.
    Un abrazo.

  5. Luis Levin

    Sugiero que la amplia esclerótica de los humanos es una adaptación que beneficia a los individuos de bajo nivel jerárquico reduciendo las agresiones de los superiores.
    Los humanos rivalizamos por el acceso a o la posesión de todo bien, incluyendo alimento, pareja reproductiva o símbolos de poder. De esto resultan intensas y frecuentes confrontaciones en las que se dirime qué individuos tienen prioridad sobre los bienes. La formación de jerarquías de dominancia reduce la frecuencia de tales confrontaciones y las posiciones dentro del grupo. El sostenimiento de posiciones altas dentro de este orden es mediado por señales mucho más económicas que las confrontaciones físicas directas. Una de estas señales es la de sostener la mirada. Esta señal consiste en la siguiente regla:
    EL SUPERIOR: mantengo la mirada dirigida a ti y tu inmediatamente la retiras.
    EL QUE ACEPTA SU INFERIORIDAD: retiro la mirada inmediatamente.
    Si el aceptante retira la mirada, esto termina aquí pero si no la retira, la confrontación puede escalar y la probabilidad es alta de que el inferior reciba un coscorrón o incluso heridas corporales.

    En estas circunstancias, y para evitar tales heridas, pudo haber evolucionado una esclerótica amplia que permite al interlocutor comprobar desde gran distancia y sin error que el sujeto NO LO ESTÁ MIRANDO y así evitar ser lastimado. El indicador de “no me está mirando es que el tamaño de la esclerótica de uno de los lados del iris es mayor o menor que el del otro lado. Cuando son iguales indica que el otro me está mirando.
    Luis

  6. Las fantasias darwinistas son una fuente inagotable de diversión para mi, sin duda han superado las disquisiciones medievales sobre el radio de acción de un arcangel y otras por el estilo.

  7. Hola Pepe,
    Es evidente que una explicación “ad hoc” no constituye una prueba. El último post (8
    de junio, 2008) puede considerarse una respuesta matizada a tu comentario (y a otros similares).
    Un saludo

  8. Luis,
    Los chimpancés viven en una sociedad jerarquizada y no tienen una esclerótica como la nuestra.
    De todos modos, puede que tengas razón, la cuestión es: cómo contrastar tu hipótesis?
    Un saludo
    PS siento tardar tanto en contestar; estoy en una estancia sabática y no consigo acoplar el blog a mi agenda.

  9. Luis Levin

    Estimado PABLORPALENZUELA. Para indagar en el valor de la mirada frontal versus”ver para otro lado” podría pensarse en un experimento en que los sujetos expresen su hostilidad o temor ante rostros en la pantalla con banda esclerótica igual a ambos lados del iris o desigual. Podría el experimento tener variantes dadas en las instrucciones como: “verás el rostro de un señor que quiere quitarte algo tuyo como tu comida (etc.). Pisa la tecla cuando lo sientes más peligroso.

    Parece obvio que pisará la tecla cuando las bandas sean iguales.
    De todos modos me parece que el tema es riquísimo y probablemente el lenguaje de las bandas de esclerótica digan muchaos mensajes. En la próxima te mandaré dos fotos de máscaras africanas de casa de mi novia que sugieren mucho.

    Saludos y gracias por charlar

    Luis (Venezuela)

  10. Luis Levin

    Pepe, las fantasías darwinianas son divertidísimas, estoy de acuerdo contigo, pero que sean divertidas no impide que sugieran ideas que muchas veces se demuestran ciertas a través de experimentos.
    LUis

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