Archivo diario: 10 diciembre , 2007

Las cangrejas vírgenes de Madagascar

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¿Para qué existe el sexo? La pregunta puede parecer obvia pero no lo es en absoluto. Es evidente que todas las especies necesitan alguna manera de reproducirse pero de aquí no se sigue que el sexo sea necesario. A priori, la reproducción asexual tiene ventajas. Para empezar, no es necesario encontrar a un individuo de sexo opuesto y convencerle de que se aparee contigo; para seguir, nuestra descendencia asexual tendría el 100% de nuestros genes y no el 50% actual. Un gen que indujera un modo de reproducción asexual lograría –en principio- más copias de sí mismo en la siguiente generación.

 

La pregunta sigue siendo una de las más debatidas de la Biología y ya ha sido tratada en este blog en anteriores ocasiones (véase: https://pablorpalenzuela.wordpress.com/2007/03/27/sexo-hasta-en-la-sopa-2/). El caso es que a finales de 2007 no tenemos una respuesta enteramente satisfactoria. Hasta hace poco, los biólogos pensaban que de la reproducción sexual se derivan ventajas evolutivas porque incrementa la variabilidad genética y así las poblaciones pueden adaptarse mejor a futuros cambios en su hábitat. En definitiva, la reproducción sexual tendría lugar “por el bien de la especie”.El problema es que las cosas no funcionan así. Para que un carácter sea seleccionado (sobre todo si es un carácter costoso, como en este caso) sus poseedores tienen que tener alguna ventaja aquí y ahora. El razonamiento anterior implicaba que la selección natural debía anticiparse al futuro: seleccionar un carácter costoso e inútil (en este momento) para lograr alguna ventaja en el futuro. Esto es sencillamente imposible.

 

La mejor explicación que tenemos para la existencia del sexo es la denominada hipótesis de la “La Reina de Corazones” (por aquel personaje de Alicia en el País de las Maravillas). Según ésta, la ventaja se deriva del hecho de que la descendencia esté constituida por individuos diferentes (la ventaja radica en el mero hecho de ser diferente). La razón de esto tiene que ver con la frecuencia de enfermedades y la “carrera de armamentos” entre patógenos y hospedadores de la que se hablaba en el post anterior. Podemos aclarar esta cuestión con una imagen; resulta útil pensar en los microorganismos patógenos como en una banda ‘hackers’ empeñados en entrar en el ‘ordenador’ de nuestro organismo. Para ello tienen que conseguir una serie de contraseñas que les faciliten el acceso. Se trata de algo más que una simple metáfora, ya que los patógenos frecuentemente reconocen algunas moléculas concretas de nuestras células para lograr su entrada y supervivencia en las mismas. Por tanto, si todos los individuos fuéramos muy parecidos genéticamente, para los microbios resultaría muy fácil atacarnos: una vez que uno de ellos hubiera conseguido las ‘claves’, éstas serían aplicables al resto de los individuos de la población y caeríamos como chinches. En estas circunstancias, el mero hecho de ser diferente constituye una ventaja esencial. La variabilidad genética que se crea en cada generación obliga a los patógenos a ‘encontrar’ de nuevo las contraseñas para penetrar en el organismo. El hecho de tener un modo de reproducción sexual equivale a ‘cambiar las cerraduras’ en cada generación, lo que hace el trabajo un poco más difícil a los microorganismos patógenos. Esta diferencia no es trivial.

 

Aunque la hipótesis de la Reina de Corazones “suena convincente”, el someterla a contraste experimental es otro cantar. Sin embargo es posible que Julia Jones, de la Universidad de Bangor (Reino Unido), haya encontrado un buen modelo experimental: el cangrejo de río de marmóreo, al que llamaremos familiarmente “la cangreja de Madagascar”. Al igual que su pariente, el cangrejo de río americano, esta especie está provocando una verdadera invasión en diferentes ecosistemas de la isla. Pero, a diferencia de su primo americano, esta especie ha resultado ser asexual. En consecuencia, las cangrejas permanecen vírgenes y se clonan a sí mismas en cada generación.

 

Si la hipótesis de la Reina de Corazones es cierta, este súbito incremento de la población no debería durar mucho. Sin duda, la reproducción asexual es más rentable a corto plazo, pero a la larga, acabará encontrándose con un patógeno letal que se pondrá las botas en una población con escasísima diversidad genética. Uno de los problemas asociados al cangrejo americano es que trasmite una grave enfermedad fúngica a la cual es él mismo resistente. Los expertos predicen que será esta enfermedad la que ponga fin a la expansión de la cangreja de Madagascar. De manera que tenemos una especie de experimento en marcha: la ascensión del sexual cangrejo de río americano, el cual ya está haciendo estragos en los ríos y arrozales de la península ibérica, vs la dispersión de la cangreja virgen de Madagascar, cuyo momento de gloria se presume efímero. De lo contrario, será la propia cabeza de la Reina de Corazones la que peligre.

 

 

 

 

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