Archivo diario: 2 diciembre , 2007

La sombra que acecha en la oscuridad

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Para un habitante de Europa occidental del siglo XXI, es posible que las enfermedades causadas por microorganismos no le parezcan un problema serio, pero esto es engañoso. Las enfermedades han sido un factor importante en la evolución de las especies y han tenido también un papel relevante en el desarrollo de la Humanidad y, de hecho siguen teniendo enorme importancia en muchos países. Tomemos como ejemplo al SIDA. En realidad este virus no produce un daño directo a la persona afectada, sino que ataca específicamente a un tipo de células necesario para combatir a los microorganismos que habitualmente se encuentran en nuestro entorno. En un mundo totalmente libre de patógenos, el virus del SIDA no causaría efectos graves; pero por desgracia, esto es imposible. Vivimos en un mundo lleno de microbios y si normalmente no nos ponemos enfermos, ello es debido a nuestra capacidad de mantenerlos a raya. El resultado de esta prolongada exposición a los agentes causantes de enfermedades, es que patógenos y hospedadores están en continua evolución. Un individuo con mayor resistencia a enfermedades tendrá mayores probabilidades de sobrevivir y dejar sus ‘buenos’ genes a la descendencia. A la inversa, los patógenos son seleccionados por su capacidad de atravesar nuestras barreras y reproducirse en el interior de nuestro organismo. Esto es lo que los expertos denominas co-evolución y se parece mucho a una carrera de armamentos.

 

El último paso en esta carrera de armamentos es el uso farmacológico de antibióticos. En este caso estaríamos empleando un meme (la capacidad de fabricarlos) en vez de un gen (que contribuya a la resistencia a la enfermedad). En cualquier caso, el resultado es el mismo: los patógenos están respondiendo haciéndose resistentes. El problema ha sido advertido muchas veces y, afortunadamente, se están tomando medidas. Por ejemplo, la utilización preventiva de antibióticos en granjas agropecuarias está prohibida en la Unión Europea. Otro ejemplo muy reciente es el control de antibióticos en las farmacias españolas; hasta hace poco nuestro país era un ejemplo flagrante de mal uso y automedicación (hay que felicitar al gobierno por haber tomado cartas en este asunto). Sin embargo, es posible que los microbios resistentes –los superbichos ya estén aquí, al menos, esto es lo que se deduce de una serie de publicaciones recientes.

 

Las siglas MRSA corresponden a methicillin-resistance Staphylococus aureus. Esta bacteria es un habitante común en la piel de los humanos y normalmente no produce enfermedad, a menos que entre en nuestro organismo. Si lo hace y se trata de una cepa resistente a antibióticos,  puede ser mortal. En general, estas cepas super-resistentes provienen de hospitales –donde causan problemas muy serios en pacientes con un sistema inmunológico debilitado. Los MRSA provocaron 1.600 muertes en Reino Unido en 2005.

 

La (mala) noticia es que los MRSA parecen ser cada vez más abundantes en los animales domésticos y la trasmisión a humanos parece ser cada vez más frecuente.

En Holanda apareció una cepa en 2002 y ya es responsable del 20% de los infecciones en humanos. La aparición de esta cepa está asociada a granjas de cerdos, en las cuales se empleada antibióticos en grandes dosis hasta no hace mucho tiempo. Albert deNeeling y Xander Huisjdens, del Instituto Danés de Salud Pública, la han encontrado en el 81% de las granjas de cerdos y en el 39% de los animales en dichas granjas (X.W. Huijsdens y cols, Annals Clin.Microbiol. and Antimicrob. 2006, 5:26). En otro estudio vieron que más del 90% de los portadores (humanos) de esta cepa de MRSA habían tenido contacto con cerdos.

 

Más preocupante es el hecho de que MRSA se está extendiendo a otros animales domésticos. Esto es lo que ha encontrado un equipo holandés de la Universidad de Utrech, dirigido por el profesor Wagenaar (E. van Duijkeren y cols, en prensa). Este equipo fue capaz de aislar en clínica veterinarias bacterias resistentes a ampicilina, amoxicilina, ácido clavulánico, cefalexina, ceftiofur, enrofloxacina, gentamicina, kanamicina, cloranfenicol, lincomicina, tetraciclina y trimetoprin ¡La madre que lo parió!

 

No pretendo crear alarma social ni soy proclive al catastrofismo, pero me parece muy posible que las enfermedades infecciosas vuelvan a ser un problema de primer orden en países ricos (en otros países ya lo son). Seguramente, los antibióticos nos han proporcionado un breve paréntesis de tranquilidad. Está en nuestras manos que dicho paréntesis pueda prolongarse un poco más.

 

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