Archivo diario: 13 noviembre , 2007

POR QUÉ BOSTEZAMOS

 

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Bostezamos varias veces al día, seguramente desde hace cientos de miles de años, y la verdad es que no tenemos una idea muy clara de por qué. Teorías hay para aburrirse (y bostezar), pero pocas tienen un apoyo experimental sólido. Seguramente la teoría más extendida es que el bostezo permite aumentar la concentración de oxígeno en sangre y “librarnos” del exceso de CO2. Esta teoría ha sido contrastada y  ha resultado ser totalmente falsa (4) lo que no impide que sea frecuentemente citada como cierta y fuera de toda duda (este hecho es interesante desde el punto de vista de la sociología del bulo, pero eso es otra historia).

En esto del bostezo tampoco estamos solos. Muchos vertebrados lo practican (1). En algunos primates se ha identificado un tipo de bostezo que muestra claramente los caninos y constituye un gesto agresivo (6) y que probablemente no tiene nada que ver con nuestro bostezo habitual.

Dado que el bostezo está generalmente asociado a transiciones entre el sueño y periodos de actividad, otra teoría propone que surgió durante la evolución justamente para señalizar a otros individuos estos cambios de actividad. El problema es que una teoría de tipo evolutivo debería explicar por qué este fenómeno resultó tan ventajoso para los individuos que lo practicaban que los genes correspondientes acabaran siendo seleccionados.

Lo que sí parece claramente demostrado es que el bostezo es contagioso (3). Además se induce si vemos fotos de alguien bostezando o si nos referimos al tema (no paro de bostezar mientras escribo esto). Curiosamente, sólo es contagioso en chimpancés y humanos. Recientemente se ha visto que en pacientes aquejados de autismo no se produce este efecto contagioso (5).

La teoría más seria de las propuestas dice que el bostezo constituye un mecanismo para refrigerar el cerebro con objeto de optimizar su funcionamiento. Esto resulta contra-intuitivo, ya que solemos asociarlo al sueño y al aburrimiento, y no a que nuestro cerebro se recaliente. No obstante, un artículo reciente publicado en la revista Evolutionary Psychology (2) recoge algunos resultados experimentales que concuerdan bien con esta teoría. Por ejemplo, los investigadores observaron que la forma de respirar tiene una marcada influencia; el hecho de respirar estrictamente por la nariz inhibió completamente el bostezo entre los sujetos del experimento, y se sabe que esta forma de respirar constituye una forma de refrigerar el cerebro. Otra interesante observación es que los individuos que se pusieron una toalla fría en la cabeza bostezaron mucho menos que los que se pusieron una toalla caliente. La conclusión que puede sacarse aquí es que una toalla fría inhibe el bostezo, pero es posible que otros muchos factores tengan un efecto similar. Por ejemplo, se me antoja bastante probable que si a uno le ponen una pistola en la cabeza (fría o caliente) no bostece.

En mi modesta opinión, necesitaríamos una técnica que nos permitiera medir la temperatura del cerebro durante el proceso para ver si la teoría se tiene. Dado que los neurobiólogos son capaces de observar (por ejemplo) qué zonas del cerebro consumen más glucosa mientras el individuo realiza determinadas acciones, no creo que medir la temperatura del mismo sea demasiado difícil (aunque imagino que el aparato correspondiente sería bastante caro).

En cualquier caso, tal vez debamos revisar la idea comúnmente aceptada de que si alguien bosteza es que se está aburriendo. A lo mejor, sólo está tratando de que el cerebro le funcione mejor.

 

 

1. Baenninger R, Binkley S, Baenninger M. 1996. Field observations of yawning and activity in humans. Physiol Behav 59: 421-5

2. Gallup AC, Gallup GG. 2007. Yawning as a brain cooling mechanism: nasal breathing and forehead cooling diminish the incidence of contagious yawning. Evolutionary Psychology 5: 92-101

3. Provine RR. 2005. Yawning. American Scientist 93: 532-9

4. Provine RR, Tate BC, Geldmacher LL. 1987. Yawning: no effect of 3-5% CO2, 100% O2, and exercise. Behav Neural Biol 48: 382-93

5. Senju A, Maeda M, Kikuchi Y, Hasegawa T, Tojo Y, Osanai H. 2007. Absence of contagious yawning in children with autism spectrum disorder. Biol Lett

6. Timbergen N. 1952. Derived activities: their causation, biological significance, origin and emancipation during evolution. Quaterly Review og Biology 27: 1-32

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