Las malhadadas novias taiwanesas

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A finales del siglo XIX los antropólogos cayeron en la cuenta de que la mayoría de las sociedades tienen algún tipo de tabú relativo al incesto. La (poco plausible) explicación al uso fue que las propias sociedades se habían impuesto una especie de “cuarentena” genética para evitar los problemas asociados a largo plazo con la endogamia. Por entonces, el investigador Edvard Westermarck propuso que tendencia a evitar el incesto podría tener una base biológica/instintiva más que cultural. Esta teoría implica dos cosas: una es la capacidad de identificar qué individuos están genéticamente relacionados con uno mismo. La otra es una aversión innata a aparearse con ellos.

Es un hecho conocido que el cruzamiento entre parientes cercanos, la denominada endogamia, hace que los descendientes sean homocigotos para muchos de los genes y de aquí se deriva una posibilidad mayor de que aparezcan enfermedades hereditarias, cuyos síntomas sólo se manifiestan si un individuo posee dos copias del gen defectuoso. Estas enfermedades son, en general bastante raras, pero se calcula que cualquier individuo elegido al azar presenta varios de estos defectos genéticos. Es cierto que lo más probable es que dichos defectos no se manifiesten en la descendencia, excepto si se da la desgraciada circunstancia que nuestra pareja presente defectos genéticos exactamente en el mismo gen. La probabilidad de que esto ocurra aumenta enormemente en los cruzamientos consanguíneos. Por otra parte, se ha comprobado en numerosas ocasiones y especies que los individuos cuyos progenitores están genéticamente alejados presentan características ventajosas. Este fenómeno se denomina ‘vigor híbrido’ y sus causas no han sido totalmente explicadas hasta el momento.

A priori, la hipótesis de Westermarck se basa en tres hechos relativamente probados. El primero es que dicho tabú es un ‘universal’, una característica común a la inmensa mayoría de las sociedades estudiadas. En segundo lugar, muchas especies de animales, y entre ellos la mayoría de los primates, tienen mecanismos que favorecen la exogamia. En tercer lugar, ya se ha mencionado las desventajas genéticas que se derivan de una excesiva consanguinidad.

¿Cómo podríamos reconocer a nuestros parientes cercanos? Westermarck sugirió que se trata de un mecanismo ‘dependiente del ambiente’ similar al fenómeno de “imprinting” que describió (mucho después) Konrad Lorenz. Consideremos el siguiente ejemplo. Cuando una cabra pare a un cabritillo es indispensable que los dos animales estén juntos durante un periodo crítico de unas pocas horas. Durante ese corto intervalo, la cabra está sensibilizada y ‘reconoce’ al animal que tiene delante como su descendencia. Si nos llevamos a la cría y la mantenemos alejada durante unas horas, la madre nunca la reconocerá como suya y evitará cualquier intento por parte de ésta de amamantarse. Por el contrario, es posible ‘engañar’ a la cabra para que adopte como suyo un cachorro de otra especie y lo ‘críe’, siempre que el contacto se produzca durante este periodo crítico. Se sabe que la sustancia desencadenante de este vínculo es la hormona oxitocina, que a su vez es la sustancia que controla la dilatación del útero durante el parto. De una forma simplificada podríamos decir que el ‘programa’ que tiene pre-grabado la cabra es el siguiente: ‘si tienes contacto con un cachorro bajo el efecto de la oxitocina, entonces ese es tu hijo; cuídalo’. En condiciones normales, el ‘programa’ consigue que la cabra cuide efectivamente de su descendencia.

La hipótesis de Westermarck [1] ha recibido un cierto apoyo experimental a partir de los estudios de Wolf[2] sobre las ‘malhadadas novias taiwanesas’. En la sociedad tradicional de Taiwán estaba muy arraigada la costumbre de los matrimonios simpua, concertados desde la infancia. En estos casos, la novia se trasladaba a vivir con sus futuros suegros, de manera que los novios se criaban juntos como si fuesen hermanos. Lo que se encontró es que estos matrimonios en los que los novios se habían criado juntos (antes de los tres años) eran estadísticamente más desgraciados (mayor frecuencia de adulterio, mayor número de matrimonios no consumados y mayor conflictividad) que aquellos en que los novios se conocieron poco antes de la boda. Esto va contra la intuición. En principio, parece lógico pensar que el hecho de que los novios se conozcan desde hace largos años debería ser un factor favorable a la estabilidad de la pareja, y no al contrario. De forma análoga al ejemplo anterior de la cabra, el programa que tendríamos grabado en nuestro cerebro sería algo así como: ‘si conoces a un individuo de diferente sexo desde la infancia, probablemente es tu hermano/a: no te aparees con él/ella ’.

Los datos procedentes de los matrimonios taiwaneses concuerdan con los obtenidos de los ‘kibutz’ israelíes de los años sesenta, donde los niños eran cuidados de forma comunal. Al llegar a adultos, éstos raramente elegían pareja dentro del kibutz.

También se ha señalado que el incesto entre hermanos es un suceso relativamente raro en nuestra sociedad y que el mero hecho de que exista un ‘prejuicio social’ en contra no justifica por sí solo la baja frecuencia con que se produce. También existe una norma social que prohíbe el adulterio, en algunos países bajo pena de muerte, y en cambio este hecho es sumamente frecuente en la mayoría de las sociedades. Es verdad que resulta sospechosa la facilidad que tenemos los humanos para cumplir con el tabú del incesto.

El hecho de que la atracción sexual entre hermanos sea un suceso raro en la inmensa mayoría de los casos, habla a favor de que esta conducta tenga una base biológica y sea una buena candidata de constituir una ‘adaptación’, no obstante, la evidencia acumulada todavía no puede considerarse totalmente conclusiva.

 


[1] Westermark, E. “History of Human Mating” Macmillan, 1891

[2] Wolf, A.P. “Sexual attraction and childhood association: a Chinese brief for Edward Westernack” Stanford University Press, 1995

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7 comentarios

Archivado bajo Endogamia, Evolución, Incesto, Sexo

7 Respuestas a “Las malhadadas novias taiwanesas

  1. Aloe

    Me gusta tu post, pero no sé si es muy afinado eso de “si conoces a alguien desde la infancia…” . Creo que seria más lógico decir: “si has vivido en convivencia estrecha con alguien desde la infancia…”.
    Aunque ahora se nos haga raro, supongo que en sociedades aldeanas y de bandas (y han sido la mayoría casi toda nuestra historia) lo normal era tener como pareja a alguien que se conocia desde la infancia: al fin y al cabo, la gente a lo mejor conocia a quinientas personas en toda su vida, de las aldeas o bandas vecinas y de la suya, y a la hora de emparejarse, las alternativas debían ser como mucho algunas decenas de posibles parejas -a la mayoría de las cuales se conocería desde la infancia.
    Recuerdo haber leído (no tengo la fuente, puede que fuera un I&C) a proposito de tu post, un artículo donde se llegaba a la conclusión de que las mujeres discriminan las posibles parejas apetecibles en parte por el olfato, por el olor peculiar de cada persona, el cual a su vez depende de los marcadores geneticos que tiene. En resumidas cuentas, según lo que recuerdo de ese estudio, las mujeres tienen como patrón el olor característico de su padre, y las posibles parejas preferidas tienen un olor ni demasiado parecido ni demasiado diferente: hay un radio que determina el circulo de los “demasiado familiares”, y otro radio que determina el circulo maximo de “no demasiado extraños”. En el anillo intermedio están los olores atractivos.
    Creo que hay igualmente algún estudio similar para los hombres, al menos recuerdo haber visto parte de un documental que trataba el tema.

  2. Hola Aloe,
    Debo aclarar en primer lugar que el propósito de este post era comentar la hipótesis de Westermack; eso no implica que esté personalmente convencido de su validez; de hecho mantengo un cierto escepticismo.
    No obstante, estoy de acuerdo en que donde dice “si conoces a alguien desde la infancia” debería decir…
    Efectivamente, hay estudios que sugieren que varias especies de mamíferos pueden reconocer el nivel de “disimilaridad genética” por el olfato. Tengo intención de dedicar un post a este tema.
    Un saludo y gracias por tus comentarios

  3. blackadder

    Si no estás de acuerdo con la hipótesis de Westermark, Marvin Harris se dedica a matizarla en algunos de sus libros. Básicamente, viene a decir que en sociedades de bandas y aldeas las razones genéticas no tienen tanto peso ya que su tolerancia hacia los bebés congénitamente incapacitados o con defectos es nula y suele recurrirse al infanticidio de un modo más o menos directo. A parte, las ventajas económicas, sociales y culturales de la exogamia son mucho mayores que el deseo de los padres de guardar sus hijos para sí. También matiza las conclusiones de los estudios sobre las novias taiwanesas y los kibutz. Para más información “Introducción a la antropología general” de Marvin Harris, que es de donde he estado raspando todo esto, aunque también toca el tema en otros libros.

  4. No es que no esté de acuerdo. La hipótesis me parece plausible; simplemente, creo que no hay suficiente evidencia a favor. El argumento de Harris no me parece convincente. Si existe un mecanismo en humanos para evitar la endogamia (como se ha visto en otros mamíferos) seguramente es muy antiguo, incluso anterior a la aparición de H. sapiens. El hecho de que haya tolerancia nula hacia bebés congénitamente incapacitados no anularía ese mecanismo (repito, si es que existe). De la misma manera, muchas de nuestras capacidades y tendencias adquiridas durante la evolución pueden resultar inútiles o contraproducentes en el mundo moderno, pero no por ello van a desaparecer de la noche a la mañana.
    El hecho de que el tabú del incesto exista en la mayoría de las culturas sugiere que puede tener un origen biológico. En eso estoy de acuerdo con Westermark. Falta demostrarlo.

  5. En los humanos no funciona solamente el “imprinting” sino algo que va más allá de la simple identificación. Pongo como ejemplo la diferencia que hay entre el verbo “identificar” y el reflexivo “identificarse”. Los humanos nos identificamos con alguien, algo que va más allá de la simple identificación o reconocimiento. Si en nosotros solo funcionara ese mecanismo habría mucho más incesto del que aun hay, porque hay que recordar que si el incesto es un tabú es porque es atractivo para los humanos. Para mi ninguna de estas hipotesis por si misma ni todas sumadas explican la persistencia de este fenomeno ni su modelado
    cultural.
    Identificarse con alguien es transformarse en ese alguien: atrapar algun rasgo, caracteristica o idosincrasia de otro y poseerla para si. Probablemente en la especie humana el incesto está modulado por esta capacidad de convertirnos en ese otro al que amamos.
    En este enlace hablo precisamente de eso:
    http://pacotraver.wordpress.com/2007/02/20/%c2%bfpor-que-respetamos-el-tabu-del-incesto/

  6. Aloe

    Ya que el tema se extiende, me gustaria añadir algo sobre el tema de la prohibicion del incesto, en general.
    Aunque sea bastante probable que en parte esté codificado genéticamente, eso no puede explicar el alcance del incesto entre las diversas culturas humanas. Porque la delimitación de los parientes prohibidos es muy variable, y no coincide necesariamente con un patrón consistente de cercanía genetica.
    Hay muchas culturas inventariadas en las que los parientes prohibidos se extienden a grados bastante lejanos de parentesco, y, además, solo por una parte: por ejemplo, que estén prohibidos todos los parientes maternos, de cualquier grado, y solo el padre y los hermanos por el lado paterno. Esto tiene que ver con las reglas matrimoniales y de afiliación: las personas se dividen, con respecto a uno, en posibles parejas y “parientes” prohibidos (los parientes son solo de un lado, porque la afiliación es unilineal), porque funciona en esa sociedad una división en mitades o clanes exogamicos. La prohibición asi puede alcanzar a grados muy lejanos (pero solo de un lado) o a parientes solo honoríficos.
    Igualmente, entre la aristocracia franco-normanda de la temprana edad media europea, el tabú del incesto se extendía a cualquier grado de parentesco por cualquiera de ambas partes del que existiera constancia (en la practica además esto extendía los grados prohibidos mucho más del lado paterno que del materno, porque la familia era del tipo de linaje paterno, y de los antepasados maternos se llevaba poca cuenta).
    La forma del tabú como prohibición religiosa en la historia del cristianismo ha incluido la relación de padrino-madrina con sus ahijados (que no es de sangre) y ha oscilado entre permitir y prohibir el matrimonio entre cuñados (que tampoco es de sangre, y mira el partido que le sacó Enrique VIII), primos hermanos y tío-sobrino.
    O sea, que aunque haya una base biologica para el tabú del incesto (que parece probable, se base en la convivencia, en los marcadores geneticos o en ambos), es, tal como la conocemos, una institución social. Que por lo tanto, tiene que tener también razones sociales para existir, aunque en origen se haya basado en extender y codificar algo que ya existía (como el parentesco en sí mismo, ya que estamos).
    Vamos, me parece a mi, lo que no creo es que comprendamos por completo su origen, razones y funcionamiento.

  7. Por supuesto. Que un fenómeno pueda tener una base biológica no excluye la influencia cultural. Estamos hechos de muchas capas.
    Un saludo

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