Archivo diario: 13 octubre , 2007

CHICAS ALEGRES Y PSICOLOGIA EVOLUCIONISTA

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De todas las características de la sexualidad humana, sin duda una de las más intrigantes es que la ovulación se produzca de forma oculta, de manera que ni la interesada ni los hombres circundantes puedan saber con exactitud cuándo se produce, como saben bien todos los seguidores del método Ogino. Si la única función del sexo fuera la reproducción, ¿por qué no hay señales claras que la ovulación se está produciendo, de manera que pueda saberse cuándo la actividad sexual tiene alguna posibilidad de engendrar descendientes? Este asunto es aun más sorprendente si tenemos en cuenta que la ovulación oculta es una condición derivada; al parecer, en nuestras antecesoras debía haber algunos signos de ovulación (probablemente débiles), pero esta característica desapareció en algún momento de nuestra evolución como especie ¿Por qué sucedió esto? Como de costumbre, no existe una respuesta definitiva pero se han formulado varias teorías para explicar este hecho.

 

Una de estas teorías se basa en que la ovulación escondida resultó evolutivamente ventajosa para las mujeres: si la ovulación tuviera señales claras (como en otras especies de primates), los hombres podrían ignorar a su pareja cuando no es fértil y concentrar sus atenciones en otras mujeres. De este modo, se veían obligados a estar siempre cerca y practicar el sexo con frecuencia con su pareja si querían estar “seguros” de que sus hijos eran biológicamente suyos. Según esto, la ovulación oculta favorecería que las mujeres obtuvieran mayor “inversión parental” por parte de sus compañeros. De ahí que a esta teoría se le haya denominado “papi-en-casa” (se han propuesto otras pero ahora no vamos a entrar en ellas).

 

Es importar recordar que la conducta puede evolucionar modelando nuestras preferencias sin que los individuos seamos conscientes de las “causas últimas” del proceso. Por ejemplo, un interesante estudio puso de manifiesto que en las mujeres casadas el adulterio es más probable que se produzca a la mitad del ciclo menstrual, de modo que es más probable que esta relación se traduzca en un embarazo. Aunque la evidencia está lejos de ser definitiva, la hipótesis que se deduce de esto es que debe existir un mecanismo inconsciente que ‘incita’ a las mujeres al adulterio cuando están ovulando. Esto es particularmente interesante porque el mecanismo estaría operando ‘al margen’ de la consciencia de la propia interesada.

 

Es evidente que el fenómeno de la evolución escondida ha podido desencadenar una “carrera armamentística” entre ambos sexos. Si para las mujeres era ventajoso ocultar sus periodos fértiles, para los hombres sería ventajoso desarrollar un mecanismo que les permitiera “saber” (de nuevo, no necesariamente de manera consciente). Para contrastar esta hipótesis, Geoffrey Miller y sus colaboradores (masculinos) han tenido que pasar largas horas en los clubs de alterne de su ciudad (¡pobres y sufridos científicos!). Se supone que los profesores de universidad no suelen frecuentar este tipo de locales, pero para Miller y sus colaboradores constituyen un entorno de investigación ideal, ya que les permite constatar si el momento del ciclo de ovulación tiene una influencia sobre el grado de atractivo sexual.

 

Estos investigadores examinaron el efecto que tenía el ciclo ovulatorio en las propinas que recaudan las bailarinas de “lap-dance” durante un periodo aproximado de un año (1) (lo que representa cerca de 5300 “lap-dances”). Las bailarinas ganaban alrededor de $335 por jornada durante el periodo fértil, mientras que sólo llegaban a una media de $185 durante la menstruación. Sin embargo, aquellas que estaban tomando píldoras anticonceptivas no mostraron tales oscilaciones. Estos resultados sugieren que el “estro” sigue siendo importante en las relaciones humanas actuales y en ambientes que pueden considerarse “reales”. Pero ¿podrían formularse explicaciones alternativas a estos datos? (se admiten sugerencias).

 

Una nota de precaución. Estos datos sugieren que las mujeres resultan más atractivas a los hombres cuando son fértiles y que este fenómeno posiblemente tiene un significado evolutivo. Pero de aquí no se puede deducir ninguna conclusión “moral” o “recomendación” a seguir. En la actualidad (al menos en algunos países y ambientes), la afluencia económica nos ha liberado de muchos condicionantes que operaban sobre nuestros antecesores cazadores-recolectores. La reproducción se ha desligado del sexo e incluso del nivel económico. No obstante, nuestras motivaciones y nuestras estrategias sexuales siguen estando influidas por tendencias adquiridas a lo largo del Pleistoceno. El identificar estas tendencias amplía nuestras posibilidades de decidir y -por ello- contribuye a hacernos más libres. En este caso, las chicas del “lap-dance” tendrán una base sólida para decidir si quieren tomar la píldora o no, o librar durante la menstruación ante la previsible bajada de ingresos. La decisión es suya.

 

(1) Miller, G., Tybur, J.M. and Jordan, B.D. “Ovulatory cycle effects on tip earnings by lap dancers: economic evidence for human estrus?” Evolution and Human behaviour (in press)

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