Archivo diario: 7 octubre , 2007

EL ORIGEN DE LA JUSTICIA

 

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A pesar de lo que podamos pensar cuando vemos que la gente se salta los semáforos o aparca en doble fila, los humanos tenemos una clara tendencia a cooperar, en ocasiones incluso en contra de nuestro interés ‘racional’. Algunos científicos han propuesto que esta capacidad de actuar coordinadamente constituye uno de los puntos esenciales de la Naturaleza Humana y fue de gran utilidad a nuestros antepasados del Paleolítico para ocupar prácticamente todos los ecosistemas del planeta.

 

No cabe duda de que la conducta cooperativa puede reportar grandes beneficios a quien la practica, pero tiene un punto flaco: puede permitir que individuos desaprensivos se aprovechen de los beneficios de la misma sin aportar nada a cambio. Si la conducta estuviera determinada -en parte- por genes, la aparición (e inevitable ascensión) de mutantes no-cooperativos liquidaría en poco tiempo los beneficios de la cooperación.

 

Según algunos autores, nuestro ‘sentido de la justicia’ sería una estrategia desarrollada precisamente para evitar la explotación por parte de individuos desaprensivos y sentimientos como la gratitud reflejarían el valor del beneficio recibido. La hipótesis que mantiene la Psicología Evolucionista es que estos sentimientos han sido esculpidos por la selección natural (aunque hay que señalar, que estos ‘programas’ no podrían funcionar con independencia de los condicionamientos culturales)

 

El concepto de ‘justicia’ parece estar situado en el núcleo de muchas interacciones humanas y puede modelarse utilizando el juego del ‘ultimátum’ (1) (ya mencionado en un post anterior). En este juego a una persona se le ofrece una cierta cantidad de dinero y se le informa de que se la pueda quedar siempre que la comparta con una segunda persona. El primer jugador tiene que hacer una oferta, entre el 0 y el 100% de la suma. El segundo jugador tiene que decidir si la acepta o no. En el primer caso, los dos jugadores se reparten el dinero; en el segundo caso, ninguno de los dos recibe nada. La oferta se realiza una sola vez, de modo que no se puede regatear.

 

De acuerdo con la teoría de juegos, el primer jugador debería ofrecer una cantidad muy pequeña y el segundo debería aceptarla, ya que cualquier cosa es mejor que nada. Sin embargo, cuando el juego del ultimátum se realiza con personas reales, los resultados se apartan mucho de esta predicción. El experimento ha sido realizado en 15 países del mundo, desde Perú a Nueva Guinea y los resultados varían sustancialmente en distintas sociedades. Por ejemplo, en algunas culturas, como los Machiguenga de Perú, se hacían y eran aceptadas ofertas tan bajas como del 20% del total. En cambio, entre los Gnau de Nueva Guinea se llegaron a rechazar ofertas tan generosas como del 70%. Según Herbert Hingis, de la Universidad de Santa Fe y uno de los coordinadores del estudio, entre los Gnau el estatus de una persona depende de cuánto sea capaz de dar; por tanto, las ofertas excesivamente generosas eran percibidas como ‘arrogantes’ y, en consecuencia, rechazadas. En la mayoría de los casos, las ofertas inferiores al 50% de la suma total eran rechazadas con mucha frecuencia, en contra de las predicciones de la teoría de juegos.

 

En definitiva, muchos jugadores preferían perder dinero que tener que ‘tragarse su orgullo’ y aceptar una oferta que es percibida como ‘injusta’. Curiosamente, esta actitud no puede describirse como “racional”, al menos según los modelos económicos vigentes. Desde el punto de vista de la Ciencia Económica, una conducta racional consiste en maximizar el beneficio propio, con independencia de que los demás ganen o pierdan. Sin embargo, los estudios mencionados (y otros muchos) demuestran claramente que la conducta corriente de los humanos tiene en cuenta otros muchos factores de tipo psicológico. Podría decirse que Homo economicus constituye un mito de la Teoría Economíca, mientras que Homo reciprocans es una realidad cotidiana.

 

Una pregunta interesante es cómo se comportarían nuestros parientes los chimpancés en el juego del ultimátum. Esto es justo lo que ha abordado la investigación de Keith Jensen, Joseph Call y Michael Tomasello, del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, cuyos resultados han aparecido en la revista Science (2) el viernes pasado.

Para ello, estos investigadores diseñaron una forma simplificada del juego (denominada mini-juego del ultimátum). Los dos animales que van a jugar se encuentran en dos jaulas separadas que contienen un mecanismo de bandejas deslizables representado en la figura adjunta. El chimpancé “proponente” hace una “oferta” utilizando pasas (una delicia para los chimpancés) a modo de divisa, y moviendo la bandeja hasta la mitad del recorrido (lo máximo que le permite el mecanismo). Si el otro jugador acepta la propuesta de división del botín, mueve la bandeja el resto del recorrido y ambos animales pueden comer. Si el segundo jugador no hace nada durante 1 minuto, los investigadores retiran la bandeja y consideran que la oferta ha sido rechazada.

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Los resultados de estos experimentos indicaron que los chimpancés, al contrario que los humanos, se comportaron de forma totalmente racional –en el sentido de los economistas. Es decir, tendían a aceptar cualquier oferta que les proporcionara un número de pasas mayor que cero, por pequeño que fuera. Al parecer, en ningún momento consideraron la posibilidad de que la oferta fuera injusta. Los investigadores sugieren que esta conducta puede estar relacionada con el hecho de que entre los chimpancés, compartir la comida constituye un suceso raro.

 

Si embargo, en un estudio anterior realizado con macacos (Macaca mulatta) (3), se daba a estos animales un trozo de pepino como recompensa por haber realizado correctamente una tarea y la recompensa era aceptada alegremente por estos animales. En una segunda fase del experimento, se premió a algunos individuos, pero no a todos, con una uva; algo mucho más apreciado. Los macacos que antes habían aceptado el pepino felizmente, lo rechazaron con violencia en la segunda ocasión, ante la flagrante injusticia que se estaba cometiendo con ellos. Estos resultados sugieren que el sentido de la ‘justicia’ tiene una larga historia en nuestro linaje evolutivo, aunque no esté muy desarrollado en el chimpancé.

 

(1) Michael S. A. (2004) “The Ultimatum Game, Fairness, and Cooperation among Big Game Hunters.” In Henrich, Boyd, Bowles, Camerer, Fehr, and Gintis (Eds.), Foundations of Human Sociality: Economic Experiments and Ethnographic Evidence from Fifteen Small-Scale Societies (pp. 413-435), Oxford University Press

(2) Jensen K., Call, J. and Tomasello, M. (2007) “Chimpanzees are rational maximizers in an ultimatum game” Science 318: 107-108.

(3) Brosnan, S. and de Waal, F. (2004) “Monkeys reject unequal pay” Nature 425:297-299

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