Archivo diario: 7 mayo , 2007

Sobre la divulgación científica en Biología

Post dedicado a BioMaxi y demás contertulios de Evolucionarios.com

En la actualidad, nos encontramos muchas cuestiones ‘candentes’ que están directamente relacionadas con la Biología. Los avances en reproducción artificial, la posibilidad de ‘clonar’ animales domésticos (y tal vez seres humanos en un futuro próximo), la posibilidad de modificar genéticamente animales y plantas, el uso de ‘células madre’, el ‘trato’ que damos a los animales de granja y a los de experimentación, así como (más importante incluso) la drástica reducción que está experimentando la biodiversidad del planeta. Todas estas cuestiones son nuevas y plantean dilemas éticos y legales completamente desconocidos hasta la fecha. Para afrontarlos debidamente, la sociedad en su conjunto debería debatirlos con detenimiento y aquí es donde surge el problema.
El avance prodigioso de la Biología en las últimas décadas no ha sido asimilado completamente por nuestra sociedad. Y no me estoy refiriendo sólo al hecho de que el conocimiento de esta disciplina no sea considerado aun como parte de la cultura ‘general’, sino a un fenómeno más sutil y profundo. En último término, nuestra ‘concepción del mundo’ consiste en un conjunto de conocimientos, valores, imágenes, prejuicios y planteamientos filosóficos. Éstos son muchas veces implícitos y muestran una notable inercia. La ‘filosofía cotidiana’ de un ciudadano normal en los países occidentales está influida, por ejemplo, por el pensamiento de Platón y Aristóteles, así como de otros notables pensadores posteriores. Aunque no tenemos por qué ser conscientes de ello, muchos de los puntos de vista generalmente aceptados sobre la organización de la sociedad y el gobierno, provienen de Locke, Hume, Voltaire, Rousseau, etc… la mayoría de los cuales vivieron antes la revolución biológica de finales del siglo XX. Por lo tanto, los grandes filósofos, cuyo trabajo sigue teniendo gran influencia sobre nuestra mentalidad colectiva eran prácticamente analfabetos en lo que atañe a los seres vivos. Esto no supone un inconveniente grave para muchas cuestiones, pero sí para otras. Por supuesto, no era culpa suya; sin duda eran las mentes más brillantes de su generación y el mundo que hemos heredado es en buena parte consecuencia de su trabajo y sus ideas. Pero el problema persiste en algunos aspectos concretos. La Biología no ha sido (aun) incorporada al pensamiento occidental. No es que no haya habido filósofos importantes en los últimos tiempos, pero hasta hace muy poco la Filosofía le ha prestado muy poca atención a la Biología. Desproporcionadamente poca, teniendo en cuenta la importancia que ésta tiene para explicar el mundo que habitamos y a nosotros mismos. Las ‘pruebas’ de esta falta de interés son fáciles de conseguir. Basta echar un vistazo a los textos de Filosofía más utilizados o a los planes de estudios de las Universidades, para comprobar que el espacio dedicado a los temas biológicos es mínimo. Posiblemente este problema es mucho más agudo en el mundo cultural hispano que en el anglosajón. Prueba de ello es el aluvión de libros de divulgación científica que se publican en inglés o a la enorme importancia que le están dando a la Biología numerosos filósofos de habla inglesa, como Peter Singer, Daniel Dennet o Mary Midgley (por citar algunos muy conocidos). La mayoría de los filósofos españoles no parece haber considerado que la Biología fuera importante, con alguna notable excepción como por ejemplo, Gustavo Bueno o Jesús Mosterín. En palabras del gran filósofo español Ortega y Gasset: “El Hombre no tiene Naturaleza, lo que tiene es Historia”.

Aunque no ocupe los titulares de los periódicos, este no es un problema trivial. El principal beneficio que la Ciencia puede proporcionar a la sociedad, aparte de las aplicaciones tecnológicas (que tienen obviamente ventajas e inconvenientes), es el de contribuir a cambiar nuestra ‘concepción del mundo’. Esta desconexión colectiva con respecto a la Biología nos coloca en mala posición para tomar las decisiones claves que han de tomarse en un futuro próximo y que atañen a problemas eminentemente biológicos ¿De quién es la culpa? En definitiva de nadie y de todos. En general, los científicos no han asumido que facilitar la ‘asimilación’ de conocimientos sea asunto suyo. Además, están muy ocupados con sus investigaciones y el sistema les obliga a producir datos sin cesar. Así que se limitan a escribir sus resultados en revistas especializadas y ya está. Esto no debería ser suficiente. Para que estos datos sirvan realmente tenemos que incorporarlos a nuestros ‘sistemas de pensamiento’ y este proceso no ocurre espontáneamente. Tendríamos que reflexionar despacio sobre el significado de los nuevos descubrimientos y entender cómo éstos cambian algunas concepciones e ideas anteriores, que están profundamente grabadas en nuestra mentalidad colectiva. El trabajo es formidable y no puede dejarse sólo a la buena voluntad de los científicos. Debería ser una tarea común, en la que participasen profesionales de los medios de comunicación, filósofos, profesores, políticos, directores de museos y ciudadanos interesados. En buena lógica, cualquiera que tenga algo que decir debería echar una mano. Esta idea ha sido propuesta explícitamente por la filósofa Mary Midgley en su libro “Science and Poetry” , lo que hace falta es llevarla a cabo.

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