INTRODUCCION

La desgraciada historia de Phineas Gage

Permítanme que les cuente dos historias que me resultan fascinantes. La primera comienza una soleada tarde de Septiembre de 1848, cerca del pueblecito de Cavendish, Vermont, en pleno corazón de Nueva Inglaterra, en la costa Este de los Estados Unidos. Aun faltan algunas semanas para que el otoño entre en todo su esplendor, pero los arces ya han empezado a adquirir esas increíbles tonalidades rojas y amarillas, que contrastan con el verde de los pinos. Sin embargo, los hombres de la compañía ‘Rutland and Burlington Railroad’ no están aquí para contemplar el paisaje; hay trabajo que hacer y es un trabajo duro y delicado. A la cuadrilla de Phineas Gage le han encomendado la voladura de una tremenda roca que se interpone en el camino del ferrocarril, en la ribera del río Black.
Durante toda la mañana se han estado esforzando en practicar un largo y estrecho taladro que llega al corazón de la mole de piedra. Tras una breve pausa para almorzar, acometen la parte más difícil y peligrosa del proceso. Tendrán que rellenar de explosivo el largo orificio, compactarlo bien y acabar el relleno con arena. Esto último es esencial porque de otro modo la explosión se produciría ‘hacia afuera’dejando la roca intacta. Por fortuna, Phineas Gage es un trabajador competente y experimentado, casi podría decirse, un virtuoso en su oficio. A sus 25 años es uno de los capataces más apreciados de la compañía. Alto y de porte atlético, sus movimientos son rápidos y seguros. Además es un hombre jovial y de carácter abierto, lo que no está reñido con su indiscutible capacidad de liderazgo. Su autoridad emana de forma tan natural que nunca necesita vociferar órdenes o mostrarse rudo. No es extraño que sus hombres le adoren.
Llegado el momento crucial, Gage desenfunda su ‘herramienta’, una vara de hierro forjada según sus propias especificaciones. Se enjuga un momento el sudor de las manos y con una serie de movimientos rápidos compacta la arena del barreno. Casi ha acabado. En ese momento uno de sus ayudantes le llama a distancia y se oye el áspero graznido de un arrendajo. Sin duda, se trata de dos sucesos sin importancia, pero bastan para distraer su atención un instante. Se produce entonces una terrible explosión seguida de un sonido silbante, como de un cohete. Cuando se disipa el humo, la roca sigue intacta y el capataz yace en un charco se sangre. Sus hombres se apresuran a ayudarle. Enseguida resulta evidente lo sucedido. La explosión ha impulsado la vara de hierro como si se tratase de una bala de cañón y ésta ha atravesado la cabeza de Phineas Gage, entrando por el ojo izquierdo y saliendo por la parte superior del cráneo, el cual está conspicuamente abombado. Encuentran la herramienta a muchos metros de distancia, cubierta de sangre y de una masa viscosa que sólo puede ser tejido cerebral.
Los hombres de la cuadrilla están consternados. Es imposible que su querido capataz pueda sobrevivir a una herida así. Extrañamente, Gage recupera el conocimiento y mantiene una calma glacial. Da indicaciones a sus hombres para que le suban a una carreta y le conduzcan al pueblo cercano. Allí le atiende el Dr Harlow, quien años más tarde hará una crónica detallada de este caso. El Dr. sabe muy bien la gravedad de la herida y se asombra de la sangre fría que muestra el paciente, que le relata lo sucedido con todo lujo de detalles. El médico desinfecta la herida lo mejor que puede y la venda con cuidado. Recomienda que el paciente permanezca en posición semi-yacente para facilitar el drenaje. Durante los siguientes días, Gage se debate entre la vida y la muerte a consecuencia de la inevitable infección. El Dr. Harlow permanece a su lado, cambia el vendaje con frecuencia y retira los abscesos de pus. El pronóstico es malo pero Phineas Gage es un hombre joven y al cabo, su fuerte naturaleza prevalece. A los dos meses su curación puede calificarse de milagrosa. Naturalmente, ha perdido el ojo izquierdo pero, por lo demás, se mueve y habla con absoluta normalidad.
En realidad, la parte más interesante, y aterradora, de la historia comienza aquí. Cierto, Gage se ha recuperado de su terrible herida pero ya no es el trabajador responsable y eficaz, el jefe querido y respetado que solía ser. Se ha producido un terrible cambio en su personalidad. Este cambio puede parecer sutil para los desconocidos, ya que Gage tiene una apariencia completamente normal, pero para sus allegados resulta devastador. Gage ya no es Gage. Ahora es un tipo bravucón, petulante y agresivo. Es incapaz de controlar su lenguaje y sus maneras. El parche que lleva en el ojo izquierdo y el evidente abombamiento del cráneo no impide que se vea envuelto en frecuentes peleas. Su tendencia casi patológica a alardear contrasta con las enormes dificultades que tiene para tomar cualquier decisión. No pasa mucho tiempo sin que la compañía ferroviaria lo despida y así, Gage va a comenzar una vida azarosa e irregular. Con su nueva personalidad es incapaz de mantener trabajo alguno y todos los negocios que empieza están inevitablemente abocados al fracaso. Meses después se une a una compañía cirquense donde exhibe sus impresionantes cicatrices en compañía de enanos y mujeres barbudas. Aparte de su incapacidad para controlarse, Gage ha adquirido otros extraños rasgos de personalidad. Por ejemplo, tiene el hábito de coleccionar objetos sin valor, como periódicos viejos, piedras o trozos de cristal. Con los años, su incapacidad para manejar su propia vida se hace más patente y acabará trasladándose a San Francisco para vivir en compañía (o más bien, bajo la tutela) de su madre y de una hermana. Allí morirá 11 años después del desdichado accidente en Vermont.
Esta historia no es un caso aislado. La literatura especializada recoge otros casos de pacientes que, a consecuencia de accidentes, tumores u otros problemas cerebrales, sufren alteraciones específicas en sus capacidades mentales. Por ejemplo, algunos pierden la capacidad de reconocer caras, incluso de los familiares más allegados. Otro paciente, más sutil, podía reconocer el rostro de su esposa, pero pensaba que era una perfecta impostora. Otros perciben que los objetos cambian de lugar pero no pueden percibir el movimiento. Lo que nos están diciendo estas historias es que incluso los procesos psicológicos más complejos, como la memoria, la emoción o la consciencia, incluso aquellas características que consideramos como el ‘núcleo’ de nuestra personalidad y que definen nuestro ‘yo’ más íntimo, dependen de un algún mecanismo específico que puede ser modificado.

Prodigiosa Imo

Nuestra segunda historia es, afortunadamente mucho más optimista y transcurre en Japón en los años 50s. Kinji Imanishi, que sería el fundador de la primatología japonesa, comienza a estudiar una colonia de macacos en Koshima, una isla diminuta al sur de Japón. No resulta extraño que las escuelas oriental y occidental de esta disciplina difieran considerablemente en sus planteamientos. Por una parte, la armonía con la Naturaleza es uno de los ideales del sintoísmo japonés; una idea que brilla por su ausencia en la tradición filosófica judeo-cristiana. Por otra parte, no hay monos en Europa ni América del Norte (si exceptuamos una reducida colonia de macacos en Gibraltar) pero éstos son relativamente abundantes desde Afganistán hasta las costas de Japón. En la India se los considera sagrados, a pesar de los cuantiosos daños que producen en las plantaciones. En cualquier caso, los monos son personajes importantes en los cuentos y leyendas orientales.
Desde los primeros días, Imanishi estableció la costumbre de alimentar a los monos. Esta costumbre estaba en consonancia con la tradición sintoísta de hacer ofrendas a los animales y facilitaba el acercamiento. Esto puede parecer algo obvio en la actualidad, pero entonces la idea de estudiar a los macacos individualmente era algo revolucionario, sobre todo en Occidente Estamos hablando de un tiempo anterior a Jane Goodall. En cualquier caso, se tomó la decisión de dejar, a intervalos regulares, unos sacos de patatas dulces (batatas), que se vaciaban sin más miramiento en la playa. Los macacos aceptaron rápidamente el regalo aunque esta práctica tenía un inconveniente, las batatas se llenaban de tierra y esto hacía más difícil su consumo y podía estropear los dientes de los macacos.
Un buen día, la señora Mito, hija de un granjero de la isla y contratada por el Dr. Imanishi para que hiciera labores auxiliares, hizo una observación que cambiaría para siempre el concepto que tenemos de los monos y, a la vez, de nosotros mismos. Hay que añadir que la señora Mito no tenía una formación universitaria, lo que para este cometido particular seguramente era una ventaja, pues carecía también de los prejuicios y formas estereotipadas de pensar que la acompañan. Mito observó que una hembra de 18 meses, llamada Imo, hacía algo insólito para un macaco. Imo tomó una batata, la llevó al mar y la lavó. Al principio lo hacía con bastante torpeza, pero pronto descubrió que si metía el tubérculo en el agua y lo frotaba suavemente podía eliminar completamente la arena. Imo consumió su batata, que tendría un sabor salado y pareció satisfecha.
Al principio sólo Imo tenía esta costumbre pero pronto la adquirirían otros miembros de la banda. Significativamente, la transmisión de este hábito coincidía con las líneas de parentesco y cercanía a Imo. Primero fue su madre, luego sus hermanas y otras hembras del grupo. Cinco años después, el 75% de la banda lavaba las batatas. Los viejos machos dominantes nunca imitaron esta conducta. La señora Mito había entendido enseguida la importancia de esta observación y escribió al Dr. Imanishi y sus colegas, los cuales se desplazaron rápidamente a la isla para confirmarlo y hacer observaciones detalladas. La nítida idea de que la cultura es un rasgo exclusivamente humano empezaría a disiparse en ese momento, porque lo que había observado la señora Mito era, ni más ni menos, que la transmisión cultural de una pauta de comportamiento. La prodigiosa Imo todavía haría una aportación importante a la tecnología de la banda. Años más tarde descubrió que podía separar los granos de trigo de la arena, cogiéndolos a puñados y metiéndolos en el agua. Naturalmente, los granos de arena se hunden más rápido y los macacos pueden recuperar los de trigo si se dan prisa. Imo murió hace años, pero sus descendientes todavía lavan las batatas en la isla de Koshima, cosa que no hacen otras bandas de macacos en otras localidades.
Podrán replicar que estos comportamientos son infinitamente más simples que la increíble riqueza de mitos, reglas de urbanidad, vocabulario, tabúes y creencias religiosas que caracterizan a las sociedades humanas. Sin duda, cualquier cultura humana es mucho más compleja pero esto es una diferencia de grado, no de concepto. Cualquier definición de cultura que excluya la conducta de Imo será completamente artificial. El ser humano no es el único animal que puede transmitir pautas culturales.

Los cinco principios de la Psicología Evolucionista

El tema de este libro es la mente y la conducta humana y, en particular qué visión nos ofrece la Biología actual sobre estos temas. Me estoy refiriendo a cuestiones tales como: por qué nos enamoramos, por qué tenemos celos, por qué son difíciles las relaciones entre hermanos, por qué somos egoístas, qué cosas nos hacen reír, por qué nos interesa el sexo y otras muchas preguntas por el estilo. No puede decirse que estas cuestiones sean nuevas, todo lo contrario, sin embargo la Biología moderna nos ofrece una nueva forma de abordarlas con la disciplina denominada Psicología Evolucionista.
La Psicología Evolucionista (en adelante PE) es una revolución científica que trata de integrar la Biología con la Psicología y las Ciencias Sociales. Comenzó con el trabajo pionero de dos psicólogos norteamericanos, John Tooby y Leda Cosmides y al filo de este nuevo milenio ha generado un verdadero aluvión de libros, publicaciones en revistas científicas y miles de noticias en internet. Muy sucintamente, lo que pretende la PE es aplicar los principios de la Biología, y particularmente los de la Biología Evolutiva, al estudio de la mente humana. Esto podría resumirse en cinco puntos esenciales:

1) Entender la mente en términos de computación; esto equivale a describir los procesos mentales como formas de procesar información.
2) Interpretar la conducta humana a la luz del proceso de la Evolución de las especies.
3) Incorporar la evidencia existente sobre la influencia de los genes en aspectos importantes de la inteligencia y personalidad.
4) Aceptar que nuestra especie no es un caso tan aislado como solemos pensar y que compartimos muchos atributos mentales con otras especies, por lo que es posible aprender sobre nosotros mismos estudiando la conducta de otros animales.
5) Reconocer que todas las culturas comparten muchas características básicas, pese a la diversidad que se observa en otros aspectos.

El primero puede enunciarse así: la mente es un ordenador. Y esta afirmación va más allá de una simple metáfora: mente y ordenador ejecutan la misma tarea (procesar información) aunque lo hagan de forma distinta. La idea se basa en dos campos de investigación bien alejados. Por un lado, la Neurobiología, que está empezando a explicar las conexiones entre el cerebro y la mente. Por otro, al tratar de replicar de forma virtual las cosas que hace un humano normal, los expertos en Inteligencia Artificial están planteando preguntas significativas para la Neurobiología y proporcionando a la Psicología nuevos retos experimentales. Resulta curioso que a pesar de que los ordenadores estén por todas partes, ninguno es capaz (todavía) de mantener una simple conversación, y que acciones simples para los humanos, como saludar a un amigo o caminar, representan formidables retos de Ingeniería e Informática. Este paralelismo entre cerebro y ordenador se ha denominado “Teoría computacional de la mente humana” y nos lleva a considerar el acto de pensar como una forma de computación.

Segundo principio: la mente es un producto de la Evolución. Por lo que sabemos, nuestros antecesores se separaron de nuestro pariente más próximo, el chimpancé, hace unos seis millones de años y evolucionaron probablemente en un ambiente parecido al de la actual sabana africana, formando pequeñas bandas. En ese tiempo se produjeron importantes cambios en nuestra fisiología y en nuestro aparato locomotor, y naturalmente también en el tamaño y estructura del cerebro. Seguramente, muchos de estos cambios se seleccionaron porque conferían ciertas ventajas a los individuos que los tenían. Por lo tanto, para entender la mente humana es preciso considerar el tipo de problemas para los cuales está “diseñada”. A saber, problemas cotidianos de nuestros antepasados: recolectar alimento, cazar, colaborar y competir con otros miembros de la banda, etc. Este punto de vista se ha denominado, en forma pedante, “ingeniería reversa de la mente humana”.
Otra hipótesis relacionada es la de que la mente está formada por ‘módulos’. A pesar de la sensación de unicidad de la experiencia subjetiva, los psicólogos evolucionistas afirman que ésta es un conjunto de subsistemas que, de hecho han evolucionado para realizar tareas concretas. La idea ha sido propuesta por el psicólogo Jerry Fodor en su libro “The Modularity Mind” y constituye uno de los campos de batalla intelectuales en este momento. Fodor propuso un pequeño número de módulos relacionados con tareas de gran valor adaptativo: evitar depredadores, elegir comida adecuada, proteger a las crías. Tendrá que ser la Neurobiología la que confirme o no esta hipótesis, pero de momento ha recibido cierto apoyo.

Tercero: los genes son importantes. La Genética de la Conducta está encontrando que los genes afectan de manera importante a diversos aspectos de la Naturaleza Humana: inteligencia, personalidad, orientación sexual, propensión hacia ciertas enfermedades o adicciones, etc. Estos hallazgos suelen dar lugar a titulares en los periódicos donde típicamente son distorsionados hasta hacerlos irreconocibles, por lo que es preciso proceder con cautela. Podemos afirmar, sin embargo, que los científicos están encontrando, de forma lenta pero con éxito creciente, que los genes influyen en numerosos aspectos de nuestras vidas.

Cuarto: la conducta animal es relevante para explicar la conducta humana.
Esta idea no es nueva en absoluto. Los creadores de la moderna ciencia de la Conducta Animal, Konrad Lorentz y Niko Tinbergen entre otros, sostuvieron esta afirmación con gran energía frente a los psicólogos de la escuela conductista, que la negaban con el mismo énfasis. En cierto modo, la idea se deduce directamente de la Teoría de la Evolución. Aunque el Homo sapiens moderno surgiera hace unos 100.000 años, no surgió de la nada, sino de otras especies de primates con las que compartían muchas características. Este razonamiento puede llevarse más lejos; también tenemos caracteres comunes con los mamíferos, y en menor grado con los reptiles etc. Una de las conclusiones más asombrosas de la Biología Molecular es que los mecanismos básicos que gobiernan las células son básicamente iguales en todos los seres, desde el humano a las levaduras.

Quinto: unicidad básica en todas las culturas humanas. Algunos estudios antropológicos están haciendo énfasis en las semejanzas existentes en todas las culturas humanas en vez de concentrarse en las diferencias, tal como venía haciendo la Antropología tradicional. Donald Brown publicó en 1991 una lista de características culturales que han sido documentadas en todas las culturas estudiadas. La lista es demasiado larga para incluirla aquí pero demuestra claramente que los humanos tenemos muchas cosas en común, por ejemplo, el interés por el sexo, el cotilleo, la preocupación por el bienestar de amigos y familiares, y por el propio estatus.

¿Y qué pasa con la Psicología?

Pero, ¡un momento! ¿No es acaso la Psicología quien se ocupa de estas cuestiones? ¿Acaso las teorías psicológicas no explican suficientemente bien la conducta humana? Cierto que el ámbito de Psicología es la mente humana y cierto también que esta ciencia ha ido avanzando constantemente (aunque con algunos patinazos) desde que W. Wundt realizara sus primeros experimentos. Sin embargo, hay que decir que la Psicología ha mantenido una relación extraña con la Biología; por una parte siempre ha reconocido, en teoría, la importancia de sus fundamentos biológicos, y luego ha vivido alegremente de espaldas a ellos. Hasta hace muy pocos años en Psicología apenas se mencionaba la cuestión básica de la Evolución, y esto es algo muy extraño teniendo en cuenta que Darwin formuló su teoría a mediados del siglo XIX. Permítanme ahora que aclare esta argumentación con un ejemplo.
Imaginemos que somos científicos de una galaxia lejana que nos dejamos caer por la Tierra hacia el año 3054. Naturalmente, los humanos se han extinguido pero han dejado abundantes huellas de su paso aquí. Decidimos estudiar unos objetos metálicos de gran tamaño que poseen varias filas de asientos, cuatro ruedas y gracias a unas inscripciones averiguamos que eran conocidos como “coches”. Podríamos estudiarlos de muchas maneras: analizando su composición, haciendo inventario de sus partes e incluso comparando las distintas piezas en diferentes modelos. Podríamos clasificarlos de acuerdo a su color, tamaño, o el número de pegatinas. Pero está claro que todas estas investigaciones no nos llevarían muy lejos si no formulamos las preguntas fundamentales: para qué servía el coche, a qué condicionantes obedecía su diseño, cuál era su función. Y estas son exactamente las preguntas que la Psicología no se ha hecho respecto a la mente humana.

Material inflamable

Hay que reconocer que el tema de los fundamentos biológicos de la conducta es sumamente delicado. En el pasado la mera idea de que los genes pudieran tener un papel relevante en la conducta humana ha sido objeto de crítica y violento rechazo. Implícitamente, estas críticas se basan en dos premisas que no son válidas. La primera es que si se demuestra que un carácter es genético, entonces es inevitable. Como veremos, en la mayoría de los casos esto no es cierto; 2) La segunda es que si se demuestra que un carácter tiene su origen en la Evolución, entonces es natural y por lo tanto bueno. Esta es la llamada “Falacia naturalista” y su refutación es inmediata: que algo sea natural no significa que sea bueno. Tal vez sea natural una alta mortalidad infantil, pero si disponemos de antibióticos se los daremos a nuestros hijos, y si esto es antinatural ¡pues peor para la Naturaleza! Es más, los psicólogos evolucionistas niegan enfáticamente que se pueda sacar alguna conclusión moral de sus teorías. Que un carácter tuviera valor adaptativo en el ambiente de nuestros antepasados no quiere decir que sea útil en el mundo super-poblado y super-tecnificado que nos ha tocado y, en cualquier caso, no quiere decir que sea moralmente aceptable. Este es quizá el mensaje más importante: la absoluta necesidad de no confundir hechos con valores o, expresado de otro modo, no confundir ciencia e ideología. Las dos son necesarias pero la mezcla suele ser desastrosa.
Es preciso reconocer, sin embargo, que se han hecho interpretaciones interesadas de la teoría de la Evolución. Este es el caso de la infamante doctrina denominada Darwinismo Social, preconizada, entre otros por H. Spencer y F. Galton. El Darwinismo Social justificaba las desigualdades sociales de la época victoriana basándose en un supuesto paralelismo con “la supervivencia del más fuerte”. Esta doctrina constituyó un completo desastre intelectual, pero proscribir cualquier interpretación evolucionista de la Naturaleza Humana (en contra de la evidencia empírica) con el pretexto de que pueda ser utilizada interesadamente es ir demasiado lejos. Es también muy posible que Hitler se basara en vagas teorías biológicas para justificar sus atrocidades. Esto es lamentable, pero lo que hay que denunciar es el empleo tendencioso de la Biología para fines injustificables, no a la Biología en sí.

6 Respuestas a “INTRODUCCION

  1. Imo lavaba las patatas en un rio, solo después -cuando ya estaba consolidada culturalmente la conducta de lavar patatas- surgió el lavarlas en el mar, con el consiguiente “toque” salado (como las patatas Lays al punto de sal).

  2. ravelus

    Por fin he podido sacar algo de tiempo para leer tu blog.

    Me ha parecido realmente divertido, además de que cuentas algunas curiosidades muy interesantes.

    Ya te he votado, aunque vas bastante cómodo en cabeza.

    Ánimo, y buen trabajo.

    Si el mío te ha gustado, vótame ;), aunque me inscribí en una categoría no muy adecuada para la temática de mi blog. Quizá debí apuntarme a ciencia y tecnología o a la de blog personal.

    Saludos, nos vemos por aquí.

  3. ravelus

    Sobre la historia de Gage, me suena haber oído por ahí que la parte del cerebro identificada como que gobierna la personalidad del individuo se encuentra en la parte frontal.
    Donde lo leí hablaba de los accidentes de tráfico, acentuando el hecho de que los accidentes de este tipo difícilmente ocurren sin dejar algún tipo de secuela en el afectado, pues la parte frontal es la que más suele sufrir.

  4. Andrés

    Hola, he leído el texto y me ha resultado interesante, en especial para el desarrollo de una presentación de etología y evolución que estoy comenzando.

    El motivo de mi respuesta es que puedas reever en “¿Y qué pasa con la psicología?” en la parte: ” Pero está claro que todas estas investigaciones no nos llevarían muy lejos si no formulamos las preguntas fundamentales: para qué servía el coche, a qué condicionantes obedecía su diseño, cuál era su función. Y estas son exactamente las preguntas que la Psicología no se ha hecho respecto a la mente humana.”

    La utilización de la pregunta “para qué”, la cual deja un espacio para pensar que al igual que en los automoviles, la evolución a tenido como fin al cerebro, la psiquis, etc, humana. Siendo que, según entendemos actualmente la evolución está dada por variaciones al azar, las cuales perduran o no por selección natural. Es entonces que creo sería mas conveniente la utilización de la pregunta “por qué” (y tal vez cómo)

    ¿Por qué existe el cerebro? ¿Por qué la vida en sociedad?
    “Es eso mismo que vos comentaste y T. Dobzhansky también. “Nada en la biología tiene setido si no es a la luz de la evolución”.
    Espero que sea de ayuda y/o tu opinión sobre eso, muchas gracias por compartir el texto y esta frase : “LA RAZON ES UN PRODUCTO DE LA EVOLUCION”.
    Saludos, Andrés

  5. chatiriwy

    Me ha gustado mucho la introducción, y disfruto mucho la lectura de tu blog!! , la lectura es ágil, entretenida, me encanta!

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