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Golondrinas alicortas y polillas cambiantes

golondrina

Volverán las oscuras golondrinas

en tu balcón sus nidos a colgar,

y, otra vez, con el ala a sus cristales

      jugando llamarán;

pero aquéllas que el vuelo refrenaban

tu hermosura y mi dicha al contemplar,

aquéllas que aprendieron nuestros nombres…

      ésas… ¡no volverán!

Muy Bonito. Gustavo Aldolfo Béquer basa su imagen poética en la idea de que las golondrinas que vuelven cada año son esencialmente iguales que las del año anterior, excepto en el hecho crucial de que no nos han visto a tí y a mí juntos. Sin embargo, de acuerdo con un trabajo reciente en Current Biology, es muy posible que las golondrinas estén evolucionando muy rápidamente y que los “culpables” de este fenómeno sean (curiosamente) los automovilistas.

Se trata de una especie particular de golondrina americana (Petrochelidon pyrrhonota), que construye sus característicos nidos de barro debajo de los puentes de las carreteras. No es extraño pues,  que a las golondrinas les guste posarse en el asfalto situado directamente encima del nido y ahí está el problema. A pesar de que esta ave maniobra maravillosamente bien en vuelo, debido a la escasa longitud de sus patas, les cuesta levantarlo, de aquí la frecuente mortandad por atropellos que sufre.  Los autores del artículo se han pasado cerca de 30 años recogiendo datos sobre esta especie y han podido establecer con claridad dos hechos: primero, que la frecuencia de atropellos ha disminuido significativamente a lo largo de los años y, segundo, que las alas de las golondrinas se han acortado también de manera significativa.  A partir de estos hechos, los autores proponen que ambas cosas pueden estar relacionadas. Una golondrina de alas largas vuela más rápido, pero unas alas más cortas facilitarían a las aves levantar el vuelo con más rapidez. Ergo, las golondrinas estarían adaptándose a la peligrosa presencia de automóviles modificando su morfología de forma apropiada. Evolución a ojos vistas.

Sigue leyendo en el nuevo Blog: La Vida, el Universo y todo lo demas

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Nuevo Proyecto de blog

Tras un largo periodo en dique seco, he encotrado (como pedía en mi último post) a algunos compañeros de fatigas y nos hemos embarcado en un nuevo proyecto de blog:

La vida, el universo y todo lo demás

Espero que os guste.

 

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Se buscan blogueros

A todas las personas que hayan seguido en algún momento este blog (y de forma más general, a todas las personas potencialmente interesadas),

Comencé este blog a finales del 2007 con la intención de “promocionar” el libro del mismo nombre publicado en 2006. En seguida el blog adquirió vida propia y su conexión con el libro fue haciéndose más lejana. Entre 2007 y 2011, el escribir las entradas se convirtió en una parte importante de mi vida, a la que dediqué buena parte del fin de semana (y algunos ratos sueltos en días laborables). Sin duda ha sido una experiencia gratificante y enriquecedora para mi.

En el año 2011 tuve la oportunidad de hacer una estancia de 6 meses en la Universidad de Cornell (USA) como parte de un proceso de “reciclaje” profesional, cuyo objetivo era incorporar algunas ideas y herramientas de la Biologia Computacional en las líneas de investigación que estábamos llevando a cabo en Biología Molecular. Este “cambio” en realidad era un intento de mantener el paso con la evolución vertiginosa de la Biología, que en los últimos años está experimentando un cambio revolucionario con el auge de las nuevas tecnologías “genómicas”. Aunque considero que este cambio era necesario y apropiado, el caso es que ha requerido (y aun requiere) una parte muy importante de mi tiempo y energía, en detrimento del blog.

Llevo 10 meses sin publicar una sola entrada y creo que hallegado el momento de reconocer que no puedo continuar, al menos, con el planteamiento y objetivos que he tenido hasta ahora. Una posibilidad sería simplemente declarar terminada esta empresa; sin embargo, me resisto a dejarlo de forma definitiva. Comentar noticias y cuestiones relacionadas (en el más amplio) sentido con la Biología sigue interesándome enormemente, pero la realidad es que no puedo hacerlo con el ritmo necesario para mantener vivo el blog. Por eso estoy buscando personas interesadas en participar en un blog con un perfil similar a este, aunque tendría que tener otro nombre y ser mantenido de forma cooperativa por sus integrantes. Calculo que sería necesario un mínimo de 4 socios para poder iniciar el proyecto, con idea de que cada integrante publicase al menos un post al mes. Entiendo que debería haber un cierto grado de afinidad y de comunicación previa entre los posibles integrantes. Por otro lado, no tendría ningún inconveniente en ampliar la temática hacia otras disciplinas de las que no sé lo suficiente como para sentirme cómodo escribiendo sobre ellas. Así pues, se trataría de un blog sobre Ciencia en general, con un interés particular hacia aquellas cuestiones que teniendo un componente científico afectan de una u otra manera a la sociedad.

Una “declaración de principios” sobre el tema, fue publicada aquí hace ya tiempo. La vuelvo a copiar porque creo que más o menos sigue vigente:

En la actualidad, nos encontramos muchas cuestiones ‘candentes’ que están directamente relacionadas con la Biología. Los avances en reproducción artificial, la posibilidad de ‘clonar’ animales domésticos (y tal vez seres humanos en un futuro próximo), la posibilidad de modificar genéticamente animales y plantas, el uso de ‘células madre’, el ‘trato’ que damos a los animales de granja y a los de experimentación, así como (más importante incluso) la drástica reducción que está experimentando la biodiversidad del planeta. Todas estas cuestiones son nuevas y plantean dilemas éticos y legales completamente desconocidos hasta la fecha. Para afrontarlos debidamente, la sociedad en su conjunto debería debatirlos con detenimiento y aquí es donde surge el problema.
El avance prodigioso de la Biología en las últimas décadas no ha sido asimilado completamente por nuestra sociedad. Y no me estoy refiriendo sólo al hecho de que el conocimiento de esta disciplina no sea considerado aun como parte de la cultura ‘general’, sino a un fenómeno más sutil y profundo. En último término, nuestra ‘concepción del mundo’ consiste en un conjunto de conocimientos, valores, imágenes, prejuicios y planteamientos filosóficos. Éstos son muchas veces implícitos y muestran una notable inercia. La ‘filosofía cotidiana’ de un ciudadano normal en los países occidentales está influida, por ejemplo, por el pensamiento de Platón y Aristóteles, así como de otros notables pensadores posteriores. Aunque no tenemos por qué ser conscientes de ello, muchos de los puntos de vista generalmente aceptados sobre la organización de la sociedad y el gobierno, provienen de Locke, Hume, Voltaire, Rousseau, etc… la mayoría de los cuales vivieron antes la revolución biológica de finales del siglo XX. Por lo tanto, los grandes filósofos, cuyo trabajo sigue teniendo gran influencia sobre nuestra mentalidad colectiva eran prácticamente analfabetos en lo que atañe a los seres vivos. Esto no supone un inconveniente grave para muchas cuestiones, pero sí para otras. Por supuesto, no era culpa suya; sin duda eran las mentes más brillantes de su generación y el mundo que hemos heredado es en buena parte consecuencia de su trabajo y sus ideas. Pero el problema persiste en algunos aspectos concretos. La Biología no ha sido (aun) incorporada al pensamiento occidental. No es que no haya habido filósofos importantes en los últimos tiempos, pero hasta hace muy poco la Filosofía le ha prestado muy poca atención a la Biología. Desproporcionadamente poca, teniendo en cuenta la importancia que ésta tiene para explicar el mundo que habitamos y a nosotros mismos. Las ‘pruebas’ de esta falta de interés son fáciles de conseguir. Basta echar un vistazo a los textos de Filosofía más utilizados o a los planes de estudios de las Universidades, para comprobar que el espacio dedicado a los temas biológicos es mínimo. Posiblemente este problema es mucho más agudo en el mundo cultural hispano que en el anglosajón. Prueba de ello es el aluvión de libros de divulgación científica que se publican en inglés o a la enorme importancia que le están dando a la Biología numerosos filósofos de habla inglesa, como Peter Singer, Daniel Dennet o Mary Midgley (por citar algunos muy conocidos). La mayoría de los filósofos españoles no parece haber considerado que la Biología fuera importante, con alguna notable excepción como por ejemplo, Gustavo Bueno o Jesús Mosterín. En palabras del gran filósofo español Ortega y Gasset: “El Hombre no tiene Naturaleza, lo que tiene es Historia”.

Aunque no ocupe los titulares de los periódicos, este no es un problema trivial. El principal beneficio que la Ciencia puede proporcionar a la sociedad, aparte de las aplicaciones tecnológicas (que tienen obviamente ventajas e inconvenientes), es el de contribuir a cambiar nuestra ‘concepción del mundo’. Esta desconexión colectiva con respecto a la Biología nos coloca en mala posición para tomar las decisiones claves que han de tomarse en un futuro próximo y que atañen a problemas eminentemente biológicos ¿De quién es la culpa? En definitiva de nadie y de todos. En general, los científicos no han asumido que facilitar la ‘asimilación’ de conocimientos sea asunto suyo. Además, están muy ocupados con sus investigaciones y el sistema les obliga a producir datos sin cesar. Así que se limitan a escribir sus resultados en revistas especializadas y ya está. Esto no debería ser suficiente. Para que estos datos sirvan realmente tenemos que incorporarlos a nuestros ‘sistemas de pensamiento’ y este proceso no ocurre espontáneamente. Tendríamos que reflexionar despacio sobre el significado de los nuevos descubrimientos y entender cómo éstos cambian algunas concepciones e ideas anteriores, que están profundamente grabadas en nuestra mentalidad colectiva. El trabajo es formidable y no puede dejarse sólo a la buena voluntad de los científicos. Debería ser una tarea común, en la que participasen profesionales de los medios de comunicación, filósofos, profesores, políticos, directores de museos y ciudadanos interesados. En buena lógica, cualquiera que tenga algo que decir debería echar una mano. Esta idea ha sido propuesta explícitamente por la filósofa Mary Midgley en su libro “Science and Poetry” , lo que hace falta es llevarla a cabo.

Si hay alguien interesado en participar, ruego me envíe a este mismo blog, un breve escrito explicando sus ideas/intenciones/comentarios al respecto . Dicho escrito no aparecerá publicado aquí, pero prometo contestar puntualmente.

Saludos esperanzados

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Primates y filosofos

Decepcion. Esta es la palabra que me viene a la mente cuando pienso en el libro de Frans de Waal “Primates y Filosofos”. Me apena decirlo porque Fran de Waals es uno de autores favoritos de divulgación científica. Sin embargo, en este caso el libro tiene en mi opinión muy poca miga y se basa fundamentalmente en el prestigio de de Waal. Como esos restaurantes que tienen éxito nada mas empezar y que cuando vuelves otra vez descubres que la calidad ha empeorado notablemente.

Lo primero que huele mal es la minima longitud del “cuerpo principal” del libro, exactamente 55 paginas impresas con una letra muuuy grande. El resto son ‘apendices’ donde se incluyen algunos comentarios de otros autores y posteriormente la respuesta de de Waals a dichos comentarios. Este “cuerpo principal” es un ensayo bastante académico y simplista sobre el origen biológico de la moral, en el que el autor utiliza básicamente material reciclado de sus propios trabajos, sin aportar ninguna idea nueva (ni prácticamente ningún dato) nuevo. Parece un trabajo propio de un universitario. No quiero decir con ello que el libro este mal escrito o que diga cosas disparatadas. Por el contrario, posiblemente resultaría interesante a un lector completamente nuevo en el tema, asi que mi critica debería moderarse en este sentido.

La pregunta fundamental que plantea de Waals es: cual es el origen de los códigos morales de las sociedades humanas? El autor argumenta que la “empatía”, un sentimiento que constituye el germen de todos los sistemas éticos, es una ‘adaptacion’; esto es, la empatía ha surgido a lo largo de la evolución de nuestra especie (y no solo de nuestra especie) debido a los beneficios en términos de supervivencia y reproducción para quienes la practican. En definitiva, que los individuos capaces de cooperar con otros tienen muchas mas probabilidades de sobrevivir y reproducirse que los menos cooperativos. Al menos en algunas especies sociales donde los individuos aislados tienen pocas opciones.

La hipótesis es bastante razonable y el autor la fundamenta bien con datos y ejemplos. La alternativa, naturalmente es la “tabula rasa”; en este caso, que los códigos morales surgieran de repente al tiempo que las sociedades complejas. Dado que todas las sociedades conocidas, incluidos los cazadores-recolectores de los que tenemos información, tienen códigos éticos a menudo tan complejos y sofisticados como los de las sociedades tecnológicamente avanzadas, el presumir un origen biológico a la moral es una apuesta bastante segura. Como ya hemos visto tantas veces, la refutación de la tabula rasa es cosa fácil, sin embargo de ahí no surge directamente una explicacion completa y satisfactoria del origen de la moral, aunque posiblemente nos ponga en el buen camino para ello.

Sin duda lo mejor del libro son las historias que cuenta de Waals sobre su propia experiencia con chimpancés o los experimentos sobre el sentido de la justicia en monos capuchinos.

Los apéndices se refieren solo tangencialmente al cuerpo principal del libro y a mi no me resultaron particularmente interesantes.

El libro fue publicado en español por la editorial Paidos en 2007.

PS. Pido disculpas por la horrorosa ortografía de este post, que he tenido que escribir en un teclado en ingles en el que no se pueden poner acentos a menos que el propio Word se ocupe de ello.

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Nuestros antepasados

The Journey of Man: a genetic Odissey.

Spencer Wells, 2003, Random House

Deep Ancestry: Inside the Genographic Project.

Spencer Wells, 2007, National Geographic.

Cro-magnon: How the Ice Age gave birth to the first modern humans

Brian Fagan, 2011, Bloomsbury Press

 

Nuestra especie, Homo sapiens, apareció hace relativamente poco tiempo (desde la perspectiva de la Evolución), entre 200.000 y 150.000 años, en algún lugar del Este de Africa. Al principio, nuestro modo de vida no debió ser muy diferente del de las otras especies del género Homo: H. heidelbergensis (nuestro probable antecesor directo) y H. erectus (mucho más antigua). Paradójicamente, en esa primera etapa nuestro aspecto físico debió ser muy semejante al de los humanos actuales pero los utensilios que fabricábamos eran casi indistinguibles de las especies anteriores.

Hace algo más de 70.000 años ocurrió algo que nos puso al borde de la extinción: la erupción del volcán Mount Toba, en Indonesia. Esta erupción, de una magnitud 1000 veces superior a la del Krakatoa, lanzó ingentes cantidades de gases y ceniza a la atmósfera. En consecuencia, un “invierno volcánico” se abatió sobre el planeta provocando un cambio climático a gran escala. A los H. sapiens no les pudo afectar la erupción directamente, pero las sequías y las bajas temperaturas hicieron que el número total de individuos descendiera peligrosamente. Se estima que tan sólo quedaron entre 1000 y 4000 hembras reproductoras; esto provocó un “cuello de botella genético” y es una de las razones por las que somos una especie con poca variabilidad genética.

Pero no nos extinguimos. Durante los siguientes 20.000 años nos fuimos recuperando lentamente y ocupando prácticamente la totalidad de continente africano. Debió llegar un momento en que la presión demográfica se hizo muy fuerte. Hace unos 55.000 años (la fecha es incierta) los humanos modernos salimos de Africa y comenzamos un viaje que nos llevaría a colonizar incluso los ambientes más duros del planeta. No era la primera vez que un grupo de homínidos abandonaba Africa, su patria ancestral. Homo erectus colonizó Eurasia hace 1,8 millones y Homo heidelbergensis hizo lo propio más tarde, dando lugar a los neandertales europeos. Pero a la postre, ninguna de estas especies ha sobrevivido.

Hace 40.000 años ya habíamos alcanzado Australia, Asia y Europa. Y 20.000 o 25.000 años después llegamos a América a través del estrecho de Behring. Muy probablemente, este viaje se realizó en buena parte siguiendo la línea de costa,  que entonces era  muy diferente de la actual. Las pruebas arqueológicas de esta migración deben de estar hoy día sumergidas bajo el agua, pero el estudio del DNA humano en combinación con los datos arqueológicos, paleoclimáticos y lingüísticos nos ha permitido reconstruir la imagen, aunque borrosa, de nuestro primer y definitivo viaje.

Aunque muy simplificado y con alguna licencia poética, este podría ser el relato que hace la Paleontología actual sobre el origen de los humanos modernos, una especie de Génesis con base científica, aunque seguramente no definitivo. El relato ha cambiado bastante en las últimas décadas y es muy probable que nuestro conocimiento sobre el tema siga aumentando. Esta historia fascinante sobre nuestros orígenes constituye el tema principal de los tres libro que he querido reseñar en esta entrada.

Spencer Wells, autor de los dos primeros, es uno de los científicos destacados en el estudio del DNA humano y líder del proyecto Genographics, cuyo objetivo es justamente obtener un mapa detallado de las migraciones humanas basado en la diversidad genética. Es, asímismo, un prolífico escritor de divulgación científica. Como suele ocurrir, ninguno de los libros está realmente disponible en español, a pesar de que ambos han sido traducido. “El viaje del Hombre” está descatalogado y “Nuestro Antecesores” agotado. Una muestra más de lo raquítico del mercado de libros de divulgación científica en nuestro idioma.

En “El viaje del Hombre”, Wells empieza por contarnos la historia de su particular campo de investigación. Tradicionalmente, la Paleontología se basaba sobre todo en el estudio de restos fósiles y artefactos de piedra. Sin embargo, en los últimos 25 años disciplinas muy dispares están haciendo contribuciones importantísimas; fundamentalmente la Genética Molecula, la Paleoclimatología y la Lingüística. Seguramente el gran pionero de gran fusión multidisciplinaria fue Luigi Cavalli-Sforza, el cual estaba convencido que el estudio combinado de la diversidad genética humana y la lingüística podía resolver muchos misterios históricos. Su trabajo, realizado en los años 60 y 70 empleó los marcadores genéticos que estaban disponibles en aquel momento, así que no es extraño que los métodos iniciales y algunas de sus conclusiones hayan sido superadas. No obstante, se le puede considerar como el fundador del campo.

Como casi siempre que se pronuncian juntas las palabras “genética” y “humana”, surge la polémica. Cavalli-Sforza y otros científicos (incluído Wells) son anti-racistas declarados. Aun así, el mero hecho de estudiar las diferencias genéticas humanas ha sido (y sigue siendo) un tema tabú. Todavía hay personas que piensan que hablar de diversidad genética en humanos es políticamente incorrecto. Paradójicamente, los estudios indican muy claramente que los humanos somos una especie con muy poca variabilidad genética comparada con otras especies, seguramente debido a lo reciente de nuestra evolución y al cuello de botella antes mencionado. Esto no significa que no pueda evaluarse el grado de parentesco genético entre individuos. Las nuevas tecnologías del DNA permiten distinguir muestras a nivel de individuo /pariente cercano, como las que se emplean en investigación forense. Técnicas similares permiten descifrar la genealogía de los indivuos de la población general. Esto es particularmente interesante si se trata de “nativos” (nativos son personas cuyos antecesores han vivido muchas generaciones en el mismo lugar); estos datos contribuirán en un futuro próximo (ya lo hacen) a  reconstruir nuestra historia.

Los dos libros de Wells tienen algunos puntos débiles ( particularmente el segundo). En primer lugar son algo desordenados. En ellos se  mezclan anécdotas personales varias con cuestiones de genética de poblaciones bastante especializadas (aunque no demasiado claramente expuestas) y, en cambio se trata otros asuntos de una forma muy elemental. En definitiva, no está claro a quién está dirigido el libro: el lector generalista puede quedarse in albis mientras que al lector especializado le puede llegar a aburrir. Otro aspecto negativo es el momento de la publicación. El Proyecto Genographics se encontraba a mitad de camino en el momento de escribir “Deep Ancestry” y el propio Wells no deja de recordarnos el carácter preliminar de los resultados ¿no hubiera sido mejor publicar el libro un poco más adelante? Con todo, ambos tienen un considerable valor para el lector interesado por este tema, siendo bastante  más compacto el primero que el segundo. De este último encuentro particularmente interesante los apéndices y figuras, que constituyen un resumen excelente y actualizado.

Cro-Magnon, de Brian Fagan es un libro mucho más logrado desde el punto de vista de la divulgación científica. Se centra un tema más concreto: los origenes de los europeos modernos ( o sea, lo Cro-Magnon), aunque de paso trata con bastante profundidad a los neandertales. Integra muy bien las diferentes fuentes de datos en las que se basa la paleonotología moderna, con particular énfasis en la paleo-climatología. También cuenta los avances en marcadores de DNA, de forma más sucinta y más eficaz que en los libros de Wells. Brian Fagan es, por otra parte un conocidísimo escritor en este campo que ha publicado varias obras de enorme éxito.

Cro-Magnon es un libro de divulgación que mantiene en todo momento el interés pero que muestra una vocación de libro de texto. El inconveniente es que el “tempo” resulta algo premioso, en su afán de ser didáctico. El autor no duda en repetir, resumir y volver a aclarar las cosas. Sin embargo, al final, el lector se queda con una clara imagen de Prehistoria europea, lo cual es más complicado de lo que parece ya que para ello tiene que manejar una cantidad notable de datos de fuentes diversas. En este sentido, las  figuras y esquemas ayudan mucho a retener y organizar la información. Sin duda, Cro-Magnon merece estar en la lista de best sellers del Los Angeles Times. La pregunta es: ¿cómo no se ha traducido todavía al español?

Si tuviera que elegir entre los tres me quedaría con este último, aunque (por supuesto) no son mutuamente incompatibles.

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Recuerdos desde Cornell

Pido disculpas por haber dejado de postear con regularidad. La razón es que estoy pasando unos meses en la Universidad de Cornell, en el estado de Nueva York, y necesito todavía algún tiempo para asimilar los cambios. Sin duda, volveré a la carga en unos días.

Saludos

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Cómo ser feliz cuando estás muerto

Imagine que se encuentra totalmente paralizado, pero sus facultades mentales siguen intactas. Es lo más parecido a estar muerto sin estarlo ¿no? Siga imaginando. Podría decirse que su “calidad de vida” no es muy alta ¿verdad? Su vida social sería, lógicamente, muy reducida. Nada de gimnasio ni spa. Sexo sólo con la imaginación. Nada de restaurantes ni de vacaciones en el Caribe. En esas condiciones, es lógico pensar que usted sería tremenda infeliz ¿correcto?

Pues no. O al menos esa es la conclusión a la que llega un estudio reciente sobre pacientes que sufren el denominado “síndrome de enclaustramiento” (locked-in syndrome). Estos pacientes han perdido el control de los músculos voluntarios debido a una lesión en el tálamo cerebral, y sólo puede comunicarse utilizando los músculos oculares, es decir, guiñando un ojo o señalando con la mirada en una determinada dirección.  Podríamos pensar que este colectivo debería sentirse bastante desgraciado, y sin embargo,en  la encuesta realizada sobre 168 de ellos, casi el 80% se declaró razonablemente feliz.

Sólo un 7% de los pacientes declararon desear la eutanasia y, en general, éstos llevaban relativamente poco tiempo sufriendo esta condición. Los autores concluyen que el paciente debería tener tiempo para establizarse psicológicamente antes de considerar esta opción (en los países donde la eutanasia el legal).

Lógicamente, algunos pacientes expresaron su deseo de tener una mejor vida social y mejores opciones de entretenimiento. En este punto, la tecnología puede cambiar radicalmente la vida de los lis ante el desarrollo de tecnologías de acceso a internet para pesrsonas con discapacidad. La posibilidad de leer un libro o navegar por intenet debe suponer una gran diferencia en estos casos.

El resultado de esta encuesta me parece una muestra sorprendente de la capacidad de adaptación de la mente humana a circunctancias desfavorables. Sin embargo, los resultados requieren cierta cautela. No todos los encuestados respondieron a la encuesta y puede pensarse que esto introduce un sesgo: seguramente los que se tomaron el (considerable) trabajo de responder tenían una actitud más positiva. Más aun, un porcentaje elevado de los que sufre lis muere en los primeros meses de la enfermedad. de nuevo, puede pensarse que los supervivientes están hechos de “una pasta diferente” a la de la población normal. Otro fuente posible de sesgo.

Me pregunto si este grupo de optimistas impenitentes tendrá algo en sus genes que les facilite adaptarse a su destino.

El artículo aquí

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