Archivo mensual: noviembre 2010

Breve Historia de la enfermedad infecciosa

Esta semana pasada he estado en Granada invitado por el Instituto de Astrofísica de Andalucía, dentro de las actividades de divulgación científica que organiza esta institución para la Semana de la Ciencia 2010.

Quiero agradecer a los organizadores, particularmente a la Dra. Matilde Barón (CSIC) por su amable invitación y felicitarlos a todos  por el excelente trabajo que están haciendo.

La charla está disponible aquí

(tarda un rato en arracar hasta que se llena el buffer)

1 comentario

Archivado bajo Biología, Ciencia, Salud, Uncategorized

Fleming no descubrió la penicilina

 

Supongo que esto suena un poco raro, ya que todo el mundo sabe que Fleming descubrió la penicilina, haciendo un gran servicio a la humanidad, y que por eso tantas ciudades del mundo han dedicado un calle al gran benefactor. Sin embargo, investigadores fiables han señalado sin lugar a dudas que la figura de Fleming es en realidad un mito creado por los medios de comunicación. Lo que sí descubrió Alexander Fleming es que una cepa del hongo Penicillium notatum era capaz de inhibir en una placa de Petri el crecimiento de espafilococos; un descubrimiento importante y necesario para que años después un equipo de investigadores de Oxford descubriera realmente este antibiótico, haciendo con ello (ahora sí) un gran servicio a la humanidad.

En julio de 1929, Alexander Fleming se encontraba en su laboratorio del Hospital St Mary en Londres, estudiando las propiedades de una proteína con porpiedades moderadamente antibacterianas: la lisozima. Todo indica que su laboratorio no cumplía los requisitos de limpieza y orden necesarios para la investigación microbiológica y de aquí que se produjera una contaminación de una placa de Staphilococus con una rara cepa de Penicillium procedente de un laboratorio vecino. Fleming observó la placa contaminada e, indolentemente, la dejó encima de la mesa (en vez de destruirla como dice el protocolo) y abandonó la ciudad durante unos días. En ese periodo, las temperaturas en Londres fueron al principio inusualmente bajas, lo que favoreció el desrrollo del hongo, el cual resulto ser capaz de producir grandes cantidades de antibiótico. Más adelante, las temperaturas subieron y cuando la bacteria empezó a crecer los efectos del antibiótico se hicieron patentes. A su regreso, Fleming observó el fenómeno y dedujo, acertadamente, que había una sustancia producida por el hongo capaz de matar a la bacteria. Sin duda, una buena observación pero difícilmente una proeza intelectual.

Sin embargo, Fleming no fue capaz de purificar y estudiar dicha sustancia. Durante unos meses, estuvo investigando con los efectos antisépticos de los lisados del hongo, útiles como antiséptico . Publicó un trabajo, pero pronto abandonó esta línea ya que la idea prevalente entoces es que las sustancias antibióticas eran demasiado tóxicas para ser empleadas directamente en humanos. La pencilina tendría que dormir el sueño de los justos durante 10 años para ser descubierta.

Howard Walter Florey era un joven y brillante Professor of Pathology en la Universidad de Oxford. En plena GuerraMundial,  Florey y sus colaboradores estaban estudiando la muy candente cuestión de encontrar sustancias que pemitieran controlar las infecciones y se interesaron por los trabajos de Fleming sobre la lisozima. Esto los llevó al trabajo de la penicilina. ..y decidieron que era una idea prometedora. Probablemente el gran mérito de Florey fue el de crear y mantener unido a un gran equipo. En él se encontraba Ernst Boris Chain, un experto en química orgánica alemán refugiado en Inglaterra, así como Norman George Heatley, sin duda el más olvidado de los descubridores del antibiótico. Estos tres investigadores, Florey, Chain y Heatley fueron los que acometieron la tarea. Chain era el experto en purificar moléculas orgáncias. Heatly tenía el cometido de cultivar grandes cantidades del hongo y Florey estaba a cargo de los experimentos biológicos y de conseguir fondos para la investigación. A estos tres hay que añadir un pequeño ejército de ayudantes, estudiantes y becarios, los cuales convirtieron el laboratorio en una especie de fábrica en la que trabajaban, haciendo turnos, las 24 horas. La penicilina no es un compuesto demasiado estable y la tarea debió resultar realmente difícil.

En mayo de 1940 consiguieron una cantidad  suficiente para hacer un ensayo con 8 ratones a los que se había inoculado previamente el estreptococo. A pesar de lo limitado del ensayo, los resultados fueron lo suficientemente prometedores como para continuar la investigación. En febrero de 1941 realizaron el primer ensayo en humanos: un policía de Oxford, Albert Alexander, gravemente enfermo de septicemia, al haberse infectado la herida producida por una espina de rosal. Albert se encontraba en un estado lamentable y sufría enormemente. Pero al quinto día de tratamiento la fiebre desapareció y su estado era francamente mejor. Por desgracia, para entonces la reserva de penicilina se había agotado y la salud de Albert volvió a empeorar, muriendo poco después. Irónicamente, esta tragedia personal puso de relieve la correlación entre tratamiento antibiótico y mejoría, por lo que se redoblaron los esfuerzos por purificar más penicilina. A los pocos meses, otros cuatro pacientes recibieron en tratamiento exitosamente. Después, Florey viajó a Estados Unidos y convenció a una compañía farmaceútica para iniciar la producción a gran escala. La era de los antibióticos acaba de iniciarse.

En 1945, al acabar la Guerra, Florey, Chain y Fleming recibieron el Premio Nobel por el descubrimiento de la penicilina. Dado que este premio sólo se adjudica a un máximo de tres personas, parece lógico que la academia sueca quisiera reconocer el trabajo inicial de Fleming. Hasta aquí no hay problema. Pero a partir de ese momento, los nombres de Florey, Chain y su equipo desaparecen como por arte de magia y el mérito del descubrimiento se asigna exclusivamente al que menos había hecho: Fleming. Y así hasta ahora. Todo el mundo ha oido hablar de Fleming y muy pocos de Florey.

¿Por qué razón? Lo ignoro. Es posible que la imagen de un “verdadero” doctor trabajando en un hospital para salvar a sus pacientes resultase más reconfortante que un equipo de académicos armados de matraces y columnas de vidrio ¿Acaso el propio Fleming tuviera algo que ver en el “borrado” de los otros descubridores aprovechando una mejor “conexión” con la prensa?

Personalmente, encuentro que la imagen de un equipo de personas comprometidas en un trabajo ferozmente exigente es terriblemente atractiva (a parte de real en este caso). La ciencia moderna es un labor de equipo.

Más sobre esto en el libro “The Mould in Dr. Florey’s Coat” de Eric Lax. aquí

20 comentarios

Archivado bajo Biología, Ciencia, Salud

El veredicto del dodo (¿funciona la psicoterapia?)

Uno de los primeros en cuestionar la eficacia de la psicoterapia fue el psicólogo alemán (afincado en Inglaterra) Hans Eysenck (Eysenck 1952). Este investigador recopiló los trabajos publicados hasta el momento y concluyó que aproximadamente el 60% de los pacientes sometidos a psicoterapia experimentaban alguna mejora; no obstante, entre los pacientes no tratados, aproximadamente el 70% mostraba una mejoría espontánea. De acuerdo con este estudio, la psicoterapia no tendría ningún efecto curativo.

Sin embargo, estudios posteriores contradicen el trabajo de Eysenck, el cual aparentemente sobrestimó la mejoría espontánea en pacientes no tratados . En un meta-análisis en el que se incluían 475 estudios y 25.000 pacientes se concluía que “el paciente medio que recibe psicoterapia se encuentra al final del tratamiento mejor que el 80% de los pacientes que no la reciben” (Smith et al., 1980). Otros estudios más recientes confirman las conclusiones de este trabajo y no las de Eysenck  (Andrews y Harvey, 1981; Landman y Daves, 1982).

Una de las cuestiones más debatidas ha sido (lógicamente) cuál de las diferentes tendencias o escuelas de psicoterapia funciona mejor. La mayoría de los estudios arroja el (sorprendente) resultado de que todos los tipos de psicoterapia son igualmente efectivos. Este fenómeno es conocido como el veredicto del dodo, en alusión a un pasaje de Alicia en el País de las Maravillas (Al finalizar la carrera, el dodo declara: todo el mundo ha ganado y todos deben tener premio).

Cómo es posible explicar que métodos psicoterapúticos basados en supuestos tan diferentes como la terapia psicodinámica (de orientación psicoanalista) y la cognitiva-conductual (de inspiración conductista) sean igualmente eficaces. Un factor explicativo puede ser el efecto placebo, del cual existen abundantes pruebas. Sin duda, el efecto placebo hace difícil evaluar la eficacia de estos tratamientos en mayor medida que al evaluar el efecto de un fármaco. En un estudio clínico ideal, el paciente no debería ser capaz de distinguir entre el fármaco en cuestión y el placebo; obviamente, esto es imposible de conseguir en el caso de la psicoterapia.

Un ejemplo. La figura adjunta muestra los resultados de un estudio efectuado con 279 pacientes deprimidos después de recibir terapia cognitiva (rojo), interpersonal (verde), el antidepresivo tofranil (azul) o píldoras placebo (amarillo). Los resultados mostraron que al cabo de 4 meses todos los pacientes tratados estaban mejor que el placebo (Gibbons et al. 1993).

Otros factores pueden estar operando. Por ejemplo, se ha argumentado que el hecho mismo de hablar regularmente con un terapeuta experimentado puede tener efectos positivos  (independientemente del tipo de terapia). Los críticos de la psicoterapia han señalado que se podría obtener un efecto similar, simplemente hablando con una persona de confianza.

Una posibilidad importante, que los meta-análisis no pueden discernir, es que cada forma de terapia resulte particularmente apropiada para cierto tipo de pacientes, siendo irrelevante o incluso perjudicial para otros. El veredicto del dodo sería entonces una consecuencia de agrupar los resultados de todos los pacientes en un mismo estudio. Por ejemplo, se ha visto que la terapia psicodinámica está contraindicada para pacientes de esquizofrenia.

¿Es posible concluir algo? En mi opinión, los estudios indican claramente que las distintas formas de psicoterapia pueden ayudar, independientemente de la mayor o menor solidez de sus fundamentos teóricos. Incluso si la mejoría se debe exclusivamente a una combinación de placebo y apoyo personal. Después de todo, el objetivo de la terapia es ayudar a los pacientes y no avanzar en el conocimiento. Además, muchas veces no es fácil conseguir ni algo que funcione como placebo ni a una persona de confianza con quien hablar, por lo que sin duda, la psicoterapia no debe descartarse como opción.

Por otro lado, debe tenerse en cuenta que la mayoría de las formas de psicoterapia representan una inversión considerable en tiempo y dinero (en general, no están cubiertas por los seguros médicos o los sistemas públicos de salud).

Gavin Andrews and Robin Harvey, MSR Arch Gen Psychiatry. 1981;38(11):1203-1208.

Gibbons, R. D., Hedeker, D., Elkin, I., Waterneaux, C., Kraemer, H.,

Greenhouse, J. B., et al. (1993). Archives of General Psychiatry,50, 739–750.

Janet T. Landman and Robyn M. Dawes.(1982) American Psychologist 37: 504-516

Smith M., Glass, G. & Miller, T. (1980). Baltimore, MD: John Hopkins University Press

22 comentarios

Archivado bajo Psicología