Archivo mensual: marzo 2010

Hablar con los muertos

Ser enterrado vivo es, sin ningún género de duda, el más terrorífico extremo que jamás haya caído en suerte a un simple mortal.

Así expresaba Edgar Alan Poe una de sus más terribles pesadillas en su famoso relato “El entierro prematuro”. Al parecer, el miedo a ser enterrado vivo era algo corriente en la época victoriana e incluso se diseñaban ataúdes con “medidas de seguridad” para que el infortunado pudiera pedir auxilio en tal caso.  En nuestros días, este miedo parece haber disminuido mucho o al menos no es un tema que esté particularmente de modoa Y sin embargo, en la actualidad podría existir un situación similar, padecida por miles de personas en todo el mundo, y que es aun más terrorífica. Al fin y al cabo, el enterrado vivo moriría a las pocas horas de asfixia, mientras que en el otro caso puede prolongarse años o incluso décadas.

Imaginemos la situación. Tenemos un accidente de coche y nos “despertamos” en la cama de un hospital. El problema es que no podemos movernos, ni hablar, ni abrir los ojos, ni realizar ningún tipo de acción. Los médicos certifican que estamos en “estado vegetativo” (E.V.) y ahí nos quedamos, ni vivos ni muertos… pero somos conscientes de lo que nos está pasando. Los años van pasando; nos tratan como si estuviéramos muertos. pero estamos ahí, encerrados en nuestro propio cuerpo.

Hasta hace poco, se suponía que los pacientes en estado vegetativo estaban completamente inconscientes. Podía debatirse si tenía o no sentido mantenerlos en este estado, pero nadie dudaba de su incapacidad para pensar o sentir. Sin embargo, según trabajos recientes de varios equipos de neuro-biólogos, la realidad es mucho más aterradora. Algunos pacientes parecen mantener al menos un cierto grado de consciencia y los investigadores han sido capaces de comunicarse con ellos.

Para ello conectaron a un número de pacientes en E.V.a un escáner cerebral, lo que les permitía observar qué áreas particulares se activaban cuando les hacían determinadas preguntas. Para responder “sí” los pacientes debían pensar en “jugar al tenis”;  para responder “no” debían pensar en “estar andando por su casa”. Las áreas cerebrales que se activan en cada caso son muy diferentes y fácilmente distinguibles en el escáner.

Los familiares de los pacientes certificaron luego que las respuestas eran correctas (información que no tenían los médicos durante el experimento). Por ejemplo, uno de ellos fue capaz de contestar que el nombre de su padre era Thomas.

Desgraciadamente, esta técnica es muy cara y difícil de realizar, por lo que no puede constituir un medio de comunicación rutinario. Los científicos están trabajando en desarrollar un método que pueda aplicarse más fácilmente. Es evidente, que las consecuencias de estos experimentos son muy perturbadoras para la práctica clínica.

La “vida” y la “consciencia” no son cuestiones de blanco o negro. Más sobre el tema  aquí

“Willful Modulation of Brain Activity in Disorders of Consciousness.”
Monti, Martin M., Vanhaudenhuyse, Audrey, Coleman, Martin R., Boly, Melanie, Pickard, John D., Tshibanda, Luaba, Owen, Adrian M., Laureys, Steven.
N Engl J Med Published online 3 February 2010.
DOI: 10.1056/NEJMoa0905370

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Savater se equivoca

Extremadamente floja, aunque -hay que reconocerlo- algo ambivalente, la defensa que hace  Savater de las corridas de toros en EL PAIS de hoy  (El artículo aquí) que -significativamente- acaba con la frase “Fernando Savater es escritor”, imagino que para dejar claro que habla a título estrictamente personal y no como miembro de comunidad académica.

Pero vayamos por partes.  El principal hilo argumental está reflejado en la frase “la civilización humana se basa en el maltrato de los animales” ¡Falacia Naturalista Pura y Dura! Vale que los humanos hemos sido cazadores primero y agricultores después, y que durante toda nuestra historia como especie el maltrato animal haya sido una constante, pero eso no significa que deba seguir siéndolo y que debamos aprobarlo. El transporte ya no se realiza (fundamentalmente) a caballo, son los tractores los que aran la tierra y los tanques -y no los elefantes- los que acompañan a los soldados. Análogamente se podría argumentar que la violencia y las guerras han formado parte constante de nuestra historia (La civilización humana se basa en la guerra), así como la esclavitud, o la  marginación y violencia contra las mujeres. Es evidente que tenemos el derecho (y el deber) de romper con las tradiciones que consideremos aberrantes o simplemente inadecuadas ¿o no?

Sin solución de continuidad, Savater utiliza el conocido argumento de “es una salvajada, pero existen otras salvajadas“, como la caza, la experimentación animal y la misma producción ganadera. Curiosamente,  la agenda completa de los defensores de los animales se emplea como una razón para no abolir las corridas. Es evidente que cada una de las situaciones mencionadas plantea problemas morales, me parece muy raro defender las corridas de toros por el hecho de que algunos animales sean maltratados de otras formas. Es como decir que nos oponemos a que se acabe con el hambre en Mali si no acaba con ella simultáneamente en Etiopía.

Pero las corridas de toros son diferentes a las otras actividades mencionadas. En ellas no se hace una Fiesta pública (¡incluso televisada!) de un acto de innegable tortura. En los mataderos, señor Savater, los animales mueren pero sufren lo menos posible, al menos con la legislación vigente en Europa.

¿Y eso de que un Parlamento no es lugar para hablar de moral? Los Parlamentos hacen las leyes y sobre éstas tiene que haber (necesariamente) un planteamiento moral. Si la violencia machista fuera considerada algo aceptable no se habrían promulgado leyes para evitarla. Si los Parlamentos de muchas naciones no hubieran pensado que la esclavitud era inmoral no la habrían abolido en el siglo XIX.

Tampoco aclara  a quién alude con la frase “Existen más razonamientos éticos en el cielo y la tierra de lo que la filosofía de Peter Singer supone”. No sé a qué filósofo se refiere, pero en este sentido, el consenso parece ser aplastante: a la inmensa mayoría de los habitantes de los países de nuestro entorno las corridas les resultan un espectáculo degradante, e incluso en España el interés por ellas es minoritario (Encuesta Gallup sobre el interés por las corridas en España).

La mención de que Hitler fuera vegetariano y “promulgara leyes para proteger la naturaleza” es otra salida de pata de banco ¿es malo ser vegetariano porque lo fuera Hitler? ¿Deberíamos cargarnos la naturaleza más deprisa para llevarle la contraria a su espectro?

Y acaba con una frase lapidaria “[las posturas abolicionistas]no reflejan un acercamiento a la naturaleza, sino el predominio humanista de dos instancias desconocidas en ella: la compasión y la hipocresía”. De acuerdo en la primera parte: la oposición a las corridas no tiene nada que ver con el ecologismo y es perfectamente posible ser pro-taurino y ecologista; tiene que ver con el problema moral que nos plantea a algunas “almas delicadas” (en palabras del propio Savater) que la tortura de un ser capaz de sentir dolor sea objeto de diversión y regocijo para algunos.

Y lo de la hipocresía ¿de quién es la hipocresía?

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Diversidad genética y éxito sexual

En los mamíferos parte de nuestra capacidad para combatir infecciones  está ligada a un grupo de genes del denominado Antígeno Mayor de Histocompatibilidad, cuyas siglas en inglés son MHC. Éstos constituyen un grupo complejo de genes diferentes implicados en la regulación de la respuesta inmunológica y presentan un enorme grado de polimorfismo, es decir, en las poblaciones existen numerosos alelos para cada gen. Por ejemplo, en el ratón suele haber del orden de 100 alelos distintos, por lo que existe un número altísimo de posibles combinaciones. Las proteínas codificadas por estos genes cumplen un papel importante en el reconocimiento de proteínas extrañas por parte de un tipo particular de células inmunológicas, los linfocitos T. Por tanto, las diferencias entre los MHC de distintos individuos se asocian a la capacidad de reconocer y responder ante distintos patógenos, de manera que la “cantidad” de variabilidad genética presente en los MHCs de un individuo está relacionada con su capacidad de combatir infecciones. Simplificando mucho, individuos con alta variabilidad poseerían “mejores genes” (en este aspecto) que individuos con menos variabilidad.

Además, la variabilidad de los MHC juega un papel en la determinación del olor corporal de cada individuo, debido a que afectan a la producción de proteínas solubles capaces de unirse a sustancias volátiles, y por ello responsables del olor. Estas proteínas afectan al tipo de bacteria que puede crecer en la piel, lo que también tiene un efecto indirecto en el olor corporal por lo que  pueden ser percibidos por las parejas potenciales. Por tanto, es razonable pensar que los individuos con alta variablidad en sus MHCs podrían resultar más atractivos como parejas.

Para probar esta hipótesis, Hanne Lie y sus colaboradoras de la University of Western Australia analizaron la diversidad genética en buen número de voluntarios (estudiantes universitarios, como suele ser habitual), a los que también pasaron un cuestionario acerca de sus costumbres sexuales y de su éxito en estos asuntos. Después de ajustar algunas variables (como la actitud frente al sexo y la edad de la primera relación) los investigadores encontraron que la diversidad del MHC estaba positivamente relacionada con la frecuencia de compañeros sexual. Este efecto no se observaba con la variabilidad genética en general, lo que sugiere que la este carácter ha podido ser objeto de selección sexual en nuestra especie. Curiosamente, el efecto tampoco se observaba en los chicos, sin que exista una explicación aparente para ello.

La verdad es que squedan muchas preguntas sin constestar ¿cómo perciben las potenciales parejas la variabilidad de los MHC? Posiblemente, a través del olfato, pero eso también hay que demostrarlo ¿Tiene un valor adaptativo este fenómeno? Es posible, pero tampoco hay una prueba irrebatible. En otros artículos se ha visto que los individuos, en muchas especies de mamíferos (incluidos los humanos), tienden a aparearse con individuos con alelos MHCs diferentes a los propios; lo cual es una cuestión distinta, aunque también tiene como consecuencia una descendencia con mayor variabilidad en dichos genes ¿son compatibles ambos fenómenos? En cualquier caso, debe tenerse en cuenta que el MHC no constituye el único (ni remotamente el más importante) “criterio de apareamiento” en humanos.

M.I.S.N. (Más Investigación Será Necesaria)

El trabajo aquí

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Los últimos torturadores

Durante la Edad Media, los espectáculos en los que se torturaban animales eran muy frecuentes en toda Europa: peleas de perros, gallos, ratas y, por supuesto, corridas de toros. En Inglaterra eran muy populares las llamadas bull-baitings en las que se torturaba a los toros con la ayuda de perros especialmente adiestrados. También había bear-baitings, aunque los osos eran mucho más escasos y difíciles de mantener. Naturalmente, eran otros tiempos. Las ejecuciones públicas y los Autos de Fé constituían un entretenimiento popular muy apreciado. La última ejecución pública en Madrid tuvo lugar en 1890.

A partir del siglo XVIII las ideas de los filósofos de la Ilustración fueron calando poco a poco en la sociedad, y este tipo de actos empezaron a ser considerados brutales e inaceptables. En Inglaterra fueron abolidos en el siglo XIX, de manera que el debate que está empezando a producirse estos días en España sobre la abolición de las corridas de toros lleva un retraso de más de un siglo con respecto al resto de Europa. La única razón que nos hace especiales a los españoles es que somos los únicos que permitimos que la tortura de un animal sea un espectáculo público. Hace doscientos años lo hacía todo el mundo.

Es evidente que la “tradición” no puede invocarse como un argumento suficiente en sí mismo para defender la salvajada que suponen las corridas ¿Acaso no es tradicional la ablación femenina en muchos países africanos? ¿O en “sati”, esa costumbre hindú de quemar a la viuda en la pira del marido? Seguramente, las peleas de gladiadores se habrían considerado parte de la “tradición hispano-romana”. Aunque no lo parezca, el mundo ha evolucionado bastante en el sentido moral, para lo cual ha sido necesario romper con diversas “tradiciones”. La afirmación de que “los toros son cultura” juega con el doble significado de la palabra. Por un lado, cualquier cosa que ocurra con frecuencia en una sociedad puede considerarse parte de su cultura. Por otra parte, el término tiene una connotación positiva de “actividades de orden superior que ennoblecen a quienes las practican” como el arte, la literatura o la ciencia. Si se acepta que “los toros son cultura” podríamos aplicar el mismo argumento a la violencia machista, y ¿quién va a negar que el machismo tiene una larga tradición en España?

Algunos pro-taurinos argumentan que no tiene sentido prohibir las corridas si no se prohíben también las matanzas de focas o la caza en general. El argumento viene a reconocer que sí, que las corridas son una burrada pero también hay otras burradas. Por las mismas, si a alguien le acusan de un crimen podría defenderse diciendo que… ¡más crímenes cometió Hitler! Y es muy posible que también deberían prohibirse otras atrocidades. Pero eso es un asunto completamente distinto.

La posible extinción del toro de lidia es otro de los argumentos comúnmente empleados para defender el tinglado taurino, aunque  tampoco es un argumento válido. El toro de lidia es una raza de una especie doméstica (Bos taurus) y naturalmente, el número de ejemplares depende de las decisiones que tomen los humanos al respecto. Su extinción, si se prohibieran las corridas no sería inevitable (aunque la conservación tendría un coste). El caso quedaría englobado en la problemática general de conservar la biodiversidad de animales y plantas domésticas que caen en desuso. Un problema sin duda urgente y que afecta a especies tan emblemáticas como el burro. Análogamente, las dehesas dedicadas a la ganadería brava no tendrían por qué convertirse al instante en urbanizaciones o centros comerciales. Deberían ser protegidas debido a la riqueza de estos ecosistemas, pero sin duda, otras formas de aprovechamiento, respetuosas con el medio  son posibles.

Algunos pro-taurinos radicales han llegado a argumentar que los toros no sufren, a pesar de que la violencia y crueldad de la “fiesta” es evidente. Existen razones neurológicas para pensar que sí lo hacen. Para empezar, su sistema límbico es muy parecido al nuestro. Para seguir, el dolor tiene un fuerte valor adaptativo en los animales superiores. Curiosamente, no aparece ningún trabajo de investigación publicado sobre este tema en PubMed, la principal base de datos de investigaciones biomédicas. Búsqueda en PubMed (aquí)

En resumen, las corridas de toros hacen un espectáculo de la tortura de un animal capaz de sufrir y son por lo tanto una “salvajada” doble, por la tortura en sí y por el hecho de hacer un espectáculo público de ello y (frecuentemente) televisado. Al elevarlo a la categoría de Bien de Interés Cultural, nuestros gobernantes han dado un paso más en la “apología de la tortura”, hurtando además un debate público que debería producirse con urgencia.

Hace doscientos años todo el mundo en Europa hacía estas cosas. Ahora sólo las hacemos los españoles. Somos los últimos torturadores. Un dudoso honor.

Más info:

“¡Vivan los animales!”J. Mosterín. 1998. Editorial Debate. Madrid.

“Animal Liberation” P. Singer. 1975. Ed. Harper Collins. New York.

“Animals and why they matter” M. Midgley. 1983. University of Georgia Press. Athens, US.

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