Archivo mensual: febrero 2010

La explosión de hace 10.000 años

Los tiempos deben estar cambiando, porque hace unos años este libro hubiera desatado un huracán de críticas y, sin embargo, ha pasado relativamente desapercibido (o al menos no se ha montado un cirio demasiado grande) ¿La razón? Sus autores, Cochran y Harpending, abren uno de los “melones” más temidos de la Biología/Psicología, el de las (supuestas) diferencias cognitivas entre grupos étnicos.

Pero empecemos por el principio. La tesis fundamental del libro es que la evolución humana no se ha detenido en los últimos milenios, sino que por el contrario, se ha acelerado con la llegada de la civilización y el progreso. Los autores sostienen que las nuevas condiciones de vida creadas por el desarrollo de la agricultura -primero- y por la creación de los estados  -después- crearon nuevas presiones selectivas en las poblaciones humanas. Esta idea no es, en sí misma, particularmente revolucionaria; lo que es difícil es presentar evidencia experimental sólida que la avale. Sin duda, los autores hacen un esfuerzo por argumentar bien sus tesis aunque, en mi opinión, éstas son de momento hipótesis cuya confirmación empírica queda bastante lejos. Hay que reconocer también que los autores son bastante honrados en ese sentido: dicen claramente cuándo están especulando y cuándo sus afirmaciones están bien sustentadas.

En esencia, Cochran y Harpending lanzan tres (arriesgadas) ideas a la palestra. La primera es que los humanos modernos (cro-magnon) que reemplazaron en Europa a los neanderthales debieron adquirir de éstos algunos alelos mediante un proceso conocido como introgresión. Dichos genes habrían permitido a los cro-magnones adaptarse a las duras condiciones europeas durante la última glaciación. La idea no es disparatada. Por ejemplo, se ha visto que el color del pelaje de los lobos de Alaska y Canadá se debe en cierta medida a un fenómeno de introgresión (más info). Sin embargo, los datos genéticos obtenidos hasta el momento muestran que cro-magnones y neanderthales permanecieron genéticamente separados. Es posible que en el futuro nuevos datos cambien el panorama, pero en este momento esta evidencia es inexistente (véase).

La segunda hipótesis tiene que ver con la aparición de la tolerancia a lactosa en nuestra especie. Este tema ha sido tratado otras veces en este blog (aquí). Los autores van un poco más lejos y afirman que la aparición de esta mutación que permite a los adultos ingerir leche, constituyó una ventaja determinante para los pueblos indoeuropeos hasta el punto de ser la causa de que la migración indo-europea tuviera lugar. De nuevo, es posible que haya sido así pero los datos en los que se basa la hipótesis son todavía insuficientes.

Por último, nos vamos a la hipótesis más controvertida de todas: según los autores, los judíos ashkenazi se vieron obligados a dedicarse a profesiones relacionadas con la banca y las finanzas de forma casi exclusiva durante la Edad Media; debido a esta presión selectiva, los ashkenazi serían más inteligentes que otros grupos étnicos. Los autores emplean el número de premios Nobel conseguidos por individuos con esta ascendencia en el último siglo.

Este tipo de controversias siempre suponen una especie de raya en la arena: hay que estar en contra o a favor. Así que voy a definirme: me niego a aceptar rayas en la arena. Por un lado, creo que los argumentos empleados por los autores son insuficientes (aunque presentan su caso de forma convincente). Sería necesario encontrar alelos claramente ligados a la inteligencia (entendida como IQ, lo que tiene una evidente limitación) y luego demostrar que en determinados grupos étnicos dichos alelos son más frecuentes que en otros. A día de hoy, los datos no son conclusivos ni mucho menos.

Por otra parte, me parece posible que una hipótesis de este tipo llegue a estar fuertemente apoyada por los datos algún (¿acaso no hay poblaciones genéticamente más altas que otras?). Cuando eso ocurra, estoy dispuesto a dejarme convencer, porque creo que la ciencia es mucho más importante y menos dañina a largo plazo que la corrección política (más sobre esto).

Pero ese día no ha llegado.

PS. Sobre la evolución de la especie humana en la actualidad hablaremos otro día

14 comentarios

Archivado bajo Antropología, Antropología forense, Arqueología, Biología, Evolución, Genes, Inteligencia, Libertad de expresión, Neandertal, Neurobiología, Psicología, Psicología Evolucionista, Reseña, Tecnología, Uncategorized

Apartad del poder a los adictos al poder

En 1997, una repentina (aunque no demasiado virulenta) epidemia de meningitis en la Comunidad de Madrid causó considerable alarma entre los padres con hijos en edad escolar. La autoridades sanitarias no eran en aquel momento partidarias de la vacunación masiva de toda la población escolar, aunque más tarde cambiaron de opinión (estas decisiones son difíciles de tomar y la información en el momento de tomarlas nunca es completa). El caso es que, en medio de este revuelo, los ciudadanos de a pie nos enteramos de que el entonces Presidente del Congreso de los Diputados (Federico Trillo) había utilizado el coche oficial y el médico oficial del Congreso para vacunar a sus hijos.

Supongo que no debería escandalizarme por algo así. Evidentemente, la anécdota refleja la catadura moral del personaje, pero cosas peores hemos visto en ese mismo personaje y en otros (del mismo y de otros partidos). La infatigable doble moral de muchos políticos es un tema recurrente en las cabeceras de los periódicos. Más allá del rechazo, me asalta la curiosidad por el mecanismo psicológico subyacente ¿Es una cuestión de simple cara dura o realmente creen que sus actos se rigen por un rasero diferente al del resto de la población? Me alegra ver que esta cuestión haya atraído la atención de los científicos profesionales…y la respuesta (a juzgar por un número limitado de estudios) es que, efectivamente, el poder corrompe, pero sólo a aquellos que creen merecerlo.

El estudio (aquí), publicado por Joris Lammers (Universidad de Tillburg) y colaboradores, explora esta cuestión por el método de inducir (priming) una sensación de poder en los sujetos del estudio, por ejemplo pidiéndoles que recuerden una situación así, para después evaluar su comportamiento moral en determinadas situaciones. Por ejemplo, en un estudio se realizó el “priming” en dos grupos aleatorios, uno de alto poder y otro de bajo. Después cada uno de los grupos se dividió en otros dos. A uno de ellos se le pasó un cuestionario en el que evaluaban hasta qué punto consideraban inmoral “inflar” los gastos en un viaje de trabajo; el otro grupo participó en un juego de dados, en el que la puntuación que sacaban podía convertirse en un pequeño premio en metálico (los dados se tiraben en un cubículo privado y el sujeto comunicaba el resultado al experimentador).

En el caso del cuestionario, el grupo de los poderosos valoró peor que el de los desvalidos el hacer trampas en las cuentas, pero -y esto es lo interesante- las mismas personas hicieron más trampa que el otro grupo al reportar (a su favor) el resultado de los dados. En otras palabras, la mera alusión a una situación de poder hacía a las personas más proclives a hacer trampas y a censurar las trampas ajenas.

Otro estudio similar, sin embargo, sugiere que esta tendencia a comportarse de forma hipócrita no ocurre en todos los casos , sino en aquellos individuos que piensan que han adquirido “legítimamente” tal poder. Curiosamente, los individuos que pensaban que “no se lo merecían”, tendían a ser más exigentes consigo mismo que con otras personas. En vez de de actuar hipócritamente lo hacían hipércritamente (el palabro es de los autores).

Me consta que tal cosa es imposible, pero ¿habría alguna forma de lograr que accedieran a puestos de poder personas que realmente no quieren ejercerlo y se avienen por puro sentido del deber?

13 comentarios

Archivado bajo Psicología, Uncategorized