Archivo mensual: noviembre 2009

Los babuinos sabios

Leí esta fascinante historia en un libro de Robert Sapolsky (“The trouble with testosterone”  1998. Touchstone, New York) y no he querido dejar de compartirla aquí. La historia tiene que ver con una especie de primate algo menos conocida que nuestros parientes cercanos (chimpancé, gorila, organgután),  el babuino o papión sagrado (Papio anubis). Los babuinos son monos de buen tamaño que habitan en amplias zona de sabana y bosque tropical en África. Son omnívoros oportunistas capaces de aprovechar numerosas fuentes de alimento, tales como frutas, raíces, tubérculos, y semillas; también son capaces de cazar pequeñas presas (ocasionalmente, una cría de antílope cae en sus manos). Se calcula que obtienen aproximadamente un tercio del alimento de la caza.

Los babuinos presentan una notable diferencia entre los sexos. Los machos son aproximadamente el doble de grandes que las hembras. Otra diferencia, menos aparente pero no menos importante, es el hecho de las hembras permanecen toda su vida en el grupo en donde nacen, mientras que los machos se transfieren a otro al llegar a la “adolescencia”. En términos técnicos, los babuinos son matrilocales. Esta situación (o la inversa, las hembras abandonan el grupo) es corriente entre los primates. Al parecer uno de los sexos tiene que emigrar para evitar la endogamia. Por ejemplo, entre los gorilas, los jóvenes machos son expulsados por el macho dominante en cuanto dan la primera muestra de madurez sexual. Sin embargo, entre los babuinos el proceso es, de alguna manera, “voluntario”. Al llegar a cierta edad, los jóvenes babuinos experimentan una irresistible fascinación por otros grupos de babuinos y un buen día se largan.

La transferencia entre grupos es un periodo particularmente delicado en la vida de cualquier macho de babuino. Ellos se van, pero el nuevo grupo puede tardar cierto tiempo en acogerlos y un babuino solo en la sabana es una presa fácil. Se sabe que la mortalidad durante este periodo aumenta enormemente. Una vez aceptado, el joven babuino se encuentra en el punto más bajo de la escala social. Desde ahí empezará a establecer relaciones, dar codazos (mordiscos) y poco a poco ascender en su carrera de babuino, lo que significa competir por estatus a cara de perro, siete días a la semana. En cambio, las hembras heredan directamente el rango de sus madres y éste no suele modificarse, de manera que no se ven inmersas en esa loca carrera por ascender y suelen establecer relaciones amistosas son otros individuos. Entre los machos, la amistad es un lujo inalcanzable dada la intensa rivalidad. Los babuinos macho no tienen amigos, como mucho aliados temporales.

Curiosamente, los investigadores que han estudiado a esta especie observaron que con bastante frecuencia se producen otras transferencias de grupo en las que el animal que se va es un macho de edad avanzada. Esto resultó sorprendente al principio. Si el proceso es peligroso para un individuo joven, lo es mucho más para uno viejo. Y el futuro que le espera tampoco es muy halagüeño ¿por qué iba querer un macho empezar de nuevo cuando las fuerzas le empiezan a fallar?

La respuesta parece estar en uno de los aspectos más oscuros de la naturaleza babuina. Se sabe que en la jerarquía social de estos animales, las interacciones se producen preferentemente entre individuos de rango parecido. El macho alfa vigilará cuidadosamente al número dos para evitar que le suplante, y el dos tendrá cuidado con lo que hace el tres, y así sucesivamente. Sin embargo, en algunos casos se vio que los machos dominantes tenían un número inesperado de interacciones con individuos de bajo rango. En estos casos, el individuo de bajo rango era invariablemente un macho viejo que había ocupado años atrás una posición alta en la jerarquía. Y la palabra “interacciones” es un eufemismo para decir que los machos dominantes le hacían la vida literalmente imposible. Como podía esperarse, los perpetradores de esta tortura habían sufrido en sus carnes la dominancia del macho viejo cuando eran jóvenes, y ahora le estaban pasando factura. Si eres un babuino, la sabana no es país para viejos. Así pues, la pregunta de por qué se van los viejos resulta fácil de contestar. En otro grupo las cosas no irán demasiado bien pero por lo menos serán individuos anónimos y les dejarán (relativamente en paz). Aproximadamente el 50% de los machos acaba emigrando.

Pero lo más interesante viene ahora. La etóloga Bárbara Smuts encontró que entre los machos que no emigraban al envejecer, algunos habían mantenido una conducta bastante diferente al prototipo de babuino ambicioso. Estos individuos habían establecido años atrás relaciones amistosas con otros individuos, invariablemente hembras. El término “amistad” puede parecer un antropomorfismo aplicado a estos primates, pero está definido estrictamente en términos del tiempo que ocupan dos individuos en despiojarse mutuamente, así como en la ayuda mutua en conflictos con otros miembros o frente a depredadores. Más aun, estos babuinos sabios habían abandonado hacía tiempo (o al menos, disminuido) su afán por ascender en la jerarquía y esta actitud da sus frutos en la la vejez. Los babuinos sabios se encuentran protegidos del acoso de los machos dominantes por sus “amigas” y por su “reputación” de individuos poco dominantes. No cabe duda de que esta estrategia es beneficiosa, a nivel individual, para los  que la practican. Lo que no está claro es si resulta beneficiosa en términos reproductivos.

¿Hay algo en esta historia que se pueda aplicar a nuestra especie? Al parecer, así es. De forma totalmente independiente, los psicólogos han estudiado las diferencias entre sexos con respecto a los que se ha denomina en inglés successful aging. Teresa Seeman y sus colegas de la Universidad de Yale han mostrado que hombres y mujeres difieren drásticamente en la calidad y número de relaciones amistosas que mantienen cuando llegan a una edad avanzada. Y este factor parece ser determinante: las relaciones amistosas simétricas y recíprocas suponen una considerable protección psicológica. Estos resultados son concordantes con otros muchos estudios que demuestran que las mujeres tienen mayor capacidad (y mayor tendencia) a establecer relaciones amistosas y a comunicarse.

Con frecuencia este tipo de estudios son malinterpretados. Es muy posible que haya diferencias de comportamiento innatas entre hombres y mujeres (como entre babuinos y babuinas) pero que sean innatas no quiere decir que no puedan cambiarse. Quiere decir que habrá trabajar más para cambiarlas. Igual que los babuinos sabios, los humanos ambiciosos tienen la opción de invertir más tiempo y esfuerzo en mantener relaciones amistosas  y menos en avanzar en sus carreras, para poder recoger los frutos más adelante.

Lo que nos están diciendo estos primos lejanos es que merece la pena tener un plan de pensiones en el terreno afectivo.

Sapolsky, R. (1996) American Journal of Primatology. 39:149-157.

Seeman, T. et al. (1994). Annals of Behavioral Medicine 16:95-.

Smuts, B. (1985) “Sex and friendship in Baboons” Aldine Pub., New York.

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Bacterias que engordan y bacterias que adelgazan

La lista de factores (o excusas) que influyen en el exceso de peso es larga: son mis genes malos que me obligan a comer, no tengo tiempo para hacer ejercicio, la vida moderna está plagada de tentaciones culinarias, me educaron así… Los científicos han descubierto un nuevo factor (o excusa) que parece jugar también un papel importante: las bacterias del intestino.

Lo cierto es que vivimos rodeados de bacterias, no sólo en el intestino, sino también en otras partes, como la piel o incluso el estómago y todo parece indicar que esta convivencia es inevitable e incluso necesaria. Como especie, hemos evolucionado junto con nuestras bacterias asociadas y los intentos drásticos por romper esa asociación bien pueden volverse contra nosotros (p.e. Anfibionte). Yo soy yo y mis bacterias.

A priori, que las bacterias intestinales tengan influencia en nuestra capacidad de asimilar los alimentos no debería extrañarnos en absoluto. De hecho, se sabe desde hace mucho tiempo que esta “flora bacteriana” (como se decía antiguamente) es necesaria para un correcto funcionamiento de nuestras tripas. Probablemente,se trata de una asociación simbiótica evolutivamente antigua y que nos resultaba muy útil en nuestro pasado cazador-recolector, cuando la comida podía escasear en ciertos periodos, y la eficiencia en la asimilación probablemente tenía valor adaptativo. Paradójicamente, en la situación de opulencia alimentaria en la que vivimos (en algunos países) nuestra extraordinaria capacidad para “aprovechar” los alimentos se vuelve en contra nuestra en forma de michelines o barriga prominente.

También se sabe desde hace algún tiempo que algunas especies de bacterianas parecen ser más “útiles” que otras para dicho aprovechamiento. Experimentos realizados con ratones obesos sugieren que dicha condición está asociada a un tipo de bacteria (Firmicutes) mientras que otro tipo  (Bacteroidetes) se encuentra con más frecuencia en ratones delgados  (Ley et al., 2006).Esta asociación indica que el tipo de bacteria que coloniza el intestino podría estar determinando la absorción de alimentos y de aquí, el peso corporal. Aunque estos resultados sin muy sugestivos, puede argumentarse que los ratones difieren mucho de los humanos.

Este problema es justamente el que acaban de resolver Peter Turnbaugh y sus colaboradores (Turnbaugh et al., 2009),  al crear una estirpe de ratones “libre de gérmenes” (el término técnico es axénicos). Esto no es tan fácil como parece; hay que mantenerlos prácticamente desde el nacimiento en un ambiente absolutamente estéril, de manera que su intestino pueda ser colonizado posteriormente con una cepa bacteriana dada, procedente de seres humanos. Con estos ratones colonizados con cepas procedentes de humanos se confirmaron los resultados antes comentados. Los diferentes tipos de bacterias humanas también influyen en el peso corporal de los ratones humanizados.

Naturalmente, las posibles aplicaciones prácticas son impresionantes y millonarias, dadas las dimensiones del negocio de adelgazamiento. Me estoy imaginando el anuncio, con una chica impresionante asegurando que todo se lo debe a una bacteria que contiene su marca de yogur favorita.

Si la cosa funciona nos espera un aluvión de “probióticos”. Si funciona, nada que objetar.

Más info aquí

Ley R, Turnbaugh P, Klein S, Gordon J (2006). «Microbial ecology: human gut microbes associated with obesity» Nature. Vol. 444. n.º7122. pp. 1022-

Peter J. Turnbaugh, Vanessa K. Ridaura, Jeremiah J. Faith, Federico E. Rey, Rob Knight and Jeffrey I. Gordon  (2009) “The Effect of Diet on the Human Gut Microbiome: A Metagenomic Analysis in Humanized Gnotobiotic Mice ” Sci Transl Med 1:16-14

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El gorila invisible

gorila_en_nuestra_niebla

Observen atentamente las fotos ¿qué ven? La escena es un poco absurda a primera vista. Unos tipos con camiseta blanca o negra se están pasando una pelota de baloncesto en un pasillo. Un gorila -más bien, alguien con un tosco disfraz- pasa por el medio ¿Cree usted que alguien que contemple esta escena (en realidad, un vídeo) podría no ver al gorila pasar?

El vídeo formaba parte de un famoso experimento (Simons and Chabbris, 1999). En él, se pedía a un grupo de sujetos experimentales que observasen atentamente y contasen el número de veces que los jugadores con camiseta blanca se pasaban la pelota unos a otros. Al acabar de visualizarlo, el experimentador preguntaba ¿vieron ustedes al gorila?.

Ups… ¿qué gorila? Aproximadamente la mitad de los participantes no se coscaron de la nada discreta aparición del primate. Los psicólogos han denominado a este fenómeno “ceguera por inatención” y es más corriente de los que parece. Por ejemplo, puede ocurrir que un piloto comercial, concentrado en su trabajo, no vea que se le viene encima un Boeing 707. Y, naturalmente, los magos profesionales sacan partido de este (y otros) fenómenos perceptuales todos los días. Curiosamente, en el experimento del gorila, cuando se pedía a los sujetos que contasen el número de pases de los jugadores con camiseta oscura, un 83% sí vieron al gorila ya que debían estar más atentos al movimiento general de “formas oscuras” en la pantalla.

En otro experimento similar, uno de los experimentadores se hacía pasar por un visitante despistado en medio del campus de Cornell; elegía una “víctima” al azar y le preguntaba cómo llegar a la Biblioteca Olin. En medio de las explicaciones, dos tipos que transportaban una puerta se interponían brevemente entre ellos. Al cabo de un par de segundos, la conversación era retomada, pero con un pequeño cambio: el visitante despistado había sido sustituido por otra persona del mismo sexo y aproximadamente la misma edad y complexión, aunque sin un parecido particularmente alto con el primero y distinta vestimenta. De nuevo, en un porcentaje asombrosamente alto de los casos, el tipo no se dio cuenta del cambiazo hasta que el experimentador le preguntaba si no había notado algo raro cuando pasaron los de la puerta, como por ejemplo, que está hablando con una persona diferente. El experimento del turista cambiante ilustra lo difícil que nos resulta percibir cambios cuando no esperamos en absoluto que éstos se produzcan.

Se pueden ver alguno de los vídeos en la página web del profesor Simons

Por cierto ¿se han fijado en el elefante rosa que acaba de atravesar la pantalla?

Simons, D.J. and Chabris, C.F. (1999). “Gorillas in our mist: sustained inattention blindness for dynamic events” Perception 28:1059-74.

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El hombre que dio de comer al mundo

borlaug

Seguramente, pocas personas saben el nombre de quien más vidas humanas ha salvado a lo largo de la Historia. Su nombre es Norman Ernest Borlaug y murió el pasado mes a la avanzada edad de 95 años ¿Y a cuántos salvó? es difícil decirlo con exactitud, pero sin duda a cientos de millones.

Borlaug procedía de una familia de granjeros de Iowa, de modo que su conocimiento de la agricultura era de primerísima mano. Después de terminar sus estudios de doctorado en Patología Vegetal por la Universidad de Minnesota,  Norman aceptó un puesto de mejorador vegetal en México, financiado por la Fundación Rockefeller. Este viaje marcaría su vida, ya que este país sería su hogar los siguientes 62 años. Allí, en el famoso Centro para el Mejoramiento del Trigo y el Máiz, Norman empleó nuevas y creativas técnicas genéticas para lograr variedades de cereal con mucha mayor capacidad productiva. Estas variedades se extendieron pronto en muchos países (del Primer y tercer Mundo) y las técnicas se aplicaron a otros cultivos importantes como el arroz. Entre 1960 y 1990 la producción mundial de cereales se duplicó (aproximadamente). En consecuencia, los precios de los alimentos bajaron de forma constante desde los años 60s (en 2007 hubo un fuerte repunte de los precios debido a la mayor demanda para biocombustibles y alimentación animal). El éxito de los trabajos de Borlaug fue tan tremendo que este proceso ha recibido la denominación de “Revolución Verde”. Por ello, recibió en 1970 el Premio Nobel de la Paz.

Sin embargo, estos aumentos espectaculares en el rendimiento no salen gratis. Para lograrlos, debe aplicarse mayor cantidad de fertilizantes con el consiguiente riesgo de contaminación (fundamentalmente debido al exceso de nitrógeno). En realidad, lo que hizo Norman y su equipo fue seleccionar variedades de tallo más corto y resistente, de manera que resultaban muy productivas si se les suministraba fertilizante. Las variedades tradicionales, de tallo largo se encaman en si la espiga contiene demasiado grano y pesa demasiado.

Paradójicamente, la figura y el trabajo de Norman Borlaug han sido fuertemente criticados, fundamentalmente desde las filas del ecologismo más radical. Estos críticos  aducen que la Revolución Verde ha sido globalmente perjudicial ya que requiere de mayores insumos económicos, aumenta la contaminación y, en definitiva, ha distorsionado los métodos tradicionales de cultivo. Sin duda, la Revolución Verde fue insuficiente y produjo algunos  efectos no deseados, pero tampoco hay duda de que sin ella las cosas hubieran ido mucho peor. El hambre sigue siendo una lacra impresentable, pero la situación mejoró en casi todos los países, particularmente en Asia, aunque muy poco o nada en el conjunto de Africa. La actual crisis alimentaria se considera ligada a alza de los precios de los cereales (más info aquí).

Tuve la suerte de conocer (brevemente) a Norman Borlaug cuando recibió el doctorado honoris causa en mi Universidad. Me impresionó la sencillez, integridad y entusiasmo que trasmitía a pesar de sus 85 años. La foto, encontrada en internet, nos habla de sus mejores años, trabajando incansablemente en los campos de México con su sombrero y su libreta. Un tipo alto, de anchas espaldas. Un tipo listo capaz de inventar soluciones creativas a problemas viejos. Un buen tipo, Norman. Descanse en paz.

Más información sobre hambre/revolución verde:

Conway, Gordon (1998). The doubly green revolution: food for all in the twenty-first century. Ithaca, N.Y

y aquí

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