Hace unas semanas recibí un comentario indignado y cuajado de insultos, acerca de un post mío sobre el ominoso periodo en el que los conductistas dominaban la Psicología (el post aquí). Puedo entender que a los irreductibles les moleste que su particular credo haya perdido relevancia, lo que me resulta difícil de entender es que una persona que dice dedicarse a la Psicología tenga tan poco auto-control.
Conste que yo no afirmo que todos los experimentos de la Psicología conductista sean irrelevantes, sólo que los “cabecillas” de este movimiento (sobre todo Watson y Skinner) tenían la irritante costumbre de llevar sus conclusiones mucho más lejos de lo que permitía la evidencia experimental. Esto es un pecado grave para un científico y corresponde a otros científicos señalarlo (aunque éstos trabajen en campos totalmente diferentes). Peor aun, estos trabajos traslucen una notable falta de empatía entre los investigadores y los sujetos de la investigación, fueran éstos ratas, palomas o humanos.
Espoleado por el insultante mensaje (que naturalmente borré), vaya este post también dedicado al siniestro J.B. Watson ¿Querías caldo…?
El “pequeño Albert” (en la imagen) era un hermoso bebé de algo más de un año. Aunque sabemos poco de este personaje, debió ser un bebé relativamente feliz y, en palabras del propio Watson “extremadamente flemático”. Al parecer, nada asustaba al pequeño Albert, ni una rata, ni un perro…nada. De hecho, Albert era hijo de una empleada de la prestigiosa Universidad John Hopkins, a la que pertenecía Watson. Por razones que ahora resultan difíciles de entender, éste decidió que la confiada actitud ante el mundo del bebé constituía un interesante objeto de estudio psicológico. Ni corto ni perezoso (y sin informar a su madre), el profesor Watson y su joven ayudante iniciaron un experimento cuyo objetivo era enseñar a Albert a tener miedo a las ratas.
El dispositivo experimental era simple (estímulo…respuesta…estímulo…respuesta). “Mira a la rata, Albert” decía la ayudante. Y en ese momento BAAAAAMMMM, Watson producía un ruido ensordecedor con un martillo. Tras una cuantas sesiones, los científicos observaron con satisfacción que el pequeño Albert lloraba ante la mera visión de la rata, sin necesidad del ruido. Un pequeño problema.Albert no sólo lloraba con la rata sino con otros muchos objetos que antes sólo le producían curiosidad. Lo que Watson y Rayner habían conseguido en realidad era aterrorizar al bebé.
Llegado a este punto, la idea era revertir el miedo a la rata inducido por lo psicólogos. Para ello, Watson tenía pensado ofrecerle caramelos a la vez que veía al animal. Si esto no funcionaba, el plan B consistía en “estimular sus zonas erógenas, incluso los genitales si fuera necesario” (¿se imaginan el pollo que se montaría en estos tiempos ante una cosa así?). Sin embargo, no se llegó a esta fase del experimento. La madre de Albert sospechó algó y se lo llevó, poniendo buen cuidado en que nadie supiera su dirección. Nadie ha vuelto a saber del pequeño Albert.
No cabe duda de que el experimento era éticamente cuestionable y científicamente dudoso (¿qué pretendían averiguar realmente?). Pero no desconecten, que ahora es cuando la historia se pone realmente interesante. Un tiempo después de este extraño episodio, la señora Watson descubrió que su marido estaba liado con su ayudante, Rayner, razón por la cual pidió y obtuvo el divorcio. Hasta ahora nada que se salga de lo normal, sin embargo, la historia es un pelín más escabrosa. Al parecer, Watson no sólo se acostaba con Rayner, sino que también la empleaba como sujeto de sus investigaciones, en asuntos tales como medir su pulso cardiaco durante el sexo. Según los rumores, lo que descubrió la señora Watson fue ¡el cuaderno de laboratorio secreto de su marido! Tal vez fue por esa razón por la que fue expulsado de la Universidad y cayó en desgracia ante la comunidad científica. Esta historia llegó a ser un objeto de un artículo de investigación en 2007, según el cual no hay evidencia sólida para confirmar o descartar los rumores.






14 comentarios
15 Octubre , 2009 a las 11:33 am
Lo del pequeño Albert no es un experimento: es una canallada.
Saludos,
Diego
15 Octubre , 2009 a las 7:30 pm
Noticia destacada en Mundo.es…
Hace unas semanas recibí un comentario indignado acerca de un post mío sobre el ominoso periodo en……
15 Octubre , 2009 a las 9:34 pm
Cuánto daño ha hecho la psicología…
16 Octubre , 2009 a las 10:13 am
“Cuánto daño ha hecho la psicología” Lo que hay que leer…¡Madre mía!
16 Octubre , 2009 a las 10:15 am
Pelín psicópata el tal Watson…
16 Octubre , 2009 a las 6:45 pm
Que feo…pobre nene.
17 Octubre , 2009 a las 12:25 am
Mmmmmm. no creo, a mi me parece que es un simple rumor, hace falta evidencia, no creo que así hayan sido las cosas, lo mismo cuentan de Freud en su vida íntima, rumores, simples rumores. pero si así fue en realidad… pobre Albert.
Nota del webmaster:El rumor no pudo ser confirmado, aunque se llegó a publicar un artículo en American Psychologist para estudiar la cuestión. El problema de fondo no es la vida personal de Watson el hecho de ir “mucho más allá de lo que permiten los datos”
17 Octubre , 2009 a las 12:56 am
La psicología no hace daños, lo hacen las personas, sobre todo cuando alteran los hechos por sus creencias y rumores
http://skinnersboxclub.blogspot.com/2009/08/el-experimento-del-pequeno-albert.html
Cordiales saludos
17 Octubre , 2009 a las 11:18 am
Sandra,
No hay ninguna alteración de hechos. El post indica explícitamente que una parte de la historia se basa en “rumores no confirmados” (Benjamin et al. (2007) American Psychologist 4:465-51). La otra parte la cuenta el propio Watson en su artículo.
18 Octubre , 2009 a las 9:33 am
muchas gracias por la referencia y por tu respuesta, saludos
19 Octubre , 2009 a las 7:00 am
Alguna vez he leído que los conductistas intentaban curar la homosexualidad con técnicas semejantes. Sonaba a la Naranja Mecánica, haciéndoles ver películas que presentaban situaciones homosexuales a la vez que se les producía no sé qué estímulos dolorosos. ¿Sabes algo de eso?
Un saludo y enhorabuena por el blog.
25 Octubre , 2009 a las 7:34 pm
Soy psicólogo, de orientación evolucionista. Conozco bien el programa conductista, y sus implicaciones sociales y filosóficas. Estoy de acuerdo en lo de que se salió de madre, y todo eso. Tengo ciertas “peleas” académicas con otros psicólogos que siguen defendiendo el paradigma científico del conductismo como válido aún después de la revolución cognitiva de los 70 (casi no ha llovido desde entonces).
Y sin embargo, este post y el anterior no me han gustando nada de nada. No porque lo que digan no es cierto, sino por la apelación al sentimiento de que hace gala (“el verdugo de Skinner”, “aterrorizar niños”), destinada a pintar un cuadro de los conductistas como científicos desalmados y crueles.
Está claro que Watson no era un personaje simpático, pero no me parece pertinente incidir en lo malo de su carácter para desacreditar sus teorías (y otro tanto con Skinner). Éstas deben ser criticadas por sí solas, con independencia de los valores de los que las plantearon, y con independencia de las consecuencias sociales y/o políticas que (algunos) puedan derivar de las mismas.
Al fin y al cabo, Newton era un misántropo, misógino meapilas arrogante e hiriente, pero eso no significa que no tuviera razón.
25 Octubre , 2009 a las 10:04 pm
Lorenzo,
De acuerdo que las bondad de una teoría no tiene nada que ver con la ética personal de su autor (puede que un poco con su arrogancia). Me autocito:
Conste que yo no afirmo que todos los experimentos de la Psicología conductista sean irrelevantes, sólo que los “cabecillas” de este movimiento (sobre todo Watson y Skinner) tenían la irritante costumbre de llevar sus conclusiones mucho más lejos de lo que permitía la evidencia experimental
Entiendo tu punto de vista, pero yo no tengo que lidiar diariamente con conductistas ortodoxos, ni pretendo convencerles de que los 70s ya están lejos.
2 Noviembre , 2009 a las 9:14 pm
Veo que a mucha gente no le simpatiza el lado humano de Skinner. Para suavizarlo un poco, recomiendo el reportaje que le realizara un psicólogo argentino en 1987* A mi modo de ver era un intelectual de genio y figura. Un auténtico representante del monismo físico.
Saludos
* Dr. Guillermo Blanck:
http://hipotesis-carolus.blogspot.com/2008/10/entrevista-bf-skinner-univ-de-harvard.html