Archivo mensual: junio 2009

Concierto para flauta y pedruscos

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De acuerdo. Es un chiste fácil. No sabemos nada del tipo de música que se hacía en la Prehistoria, aunque el hecho de que todas las sociedades tengan algún tipo de actividad musical nos permite suponer que algo tocarían ¿golpeando piedras o maderas? seguramente. Pero el reciente hallazgo de una auténtica flauta de hueso (en la foto), datada entre 35.000-40.000 BP  nos indica que las habilidades musicales de nuestros antepasados debieron ser más sofisticadas.

El objeto en cuestión fue construido con un hueso de buitre y tiene cuatro agujeros delicadamente realizados, así como un quinto agujero incompleto. Procede del yacimiento de Hohle Fels y fue encontrado cerca de una estatuilla femenina de exagerados atributos, a la que dedicamos un post no hace mucho (El origen de la pornografía).

Otras flautas de hueso has sido datadas entre 19.000 y 30.000 años, por lo que el instrumento de Hohle Fels obliga a adelantar la fecha de este invento en más de 10.000 años. Pertenece a la cultura auriñaciense, que corresponde con la entrada de los primeros humanos modernos en Europa. Se ha encontrado un artefacto de mayor antigüedad que podría haber sido construido por los neanderthales, pero esta afirmación es muy controvertida (las incisiones de esta “flauta” parecen deberse a los colmillos de un carnívoro).

La noticia ha circulado por internet y el artículo aparecerá en la revista Nature próximamente.

La coincidencia de la escultura “pornográfica” y la flauta es sugestiva ¿Acaso los virtuosos de la Prehistoria tendrían tanto éxito con el sexo opuesto como las estrellas de rock?

Post dedicado a Pablo J. Vayón, gran musicólogo, cuyo blog (El martillo sin sueño) sigo con devoción.

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Ingeniero=¿terrorista?

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Si algo admiro de la cultura anglosajona es la tendencia al abordaje experimental de cualquier problema, aunque los resultados no siempre sean totalmente satisfactorios. Puede que este sea el caso del artículo (aquí) publicado por dos miembros del departamento de Ciencias Sociales de la Universidad de Oxford, el cual concluye que los ingenieros tienen una tendencia bastante mal alta que otros profesionales a unirse a grupos terroristas islámicos.

Ustedes juzgarán hasta qué puntos las conclusiones son válidas, pero antes de nada debo mencionar que el citado artículo no ha pasado por un proceso de “peer review” y se basa en fuentes de información no totalmente fiables, como informes de administraciones, “working papers”,  diversos sitios de internet… en definitiva, no se trata de un trabajo “científico” en el sentido estricto.

Los autores, Diego Gambetta y Stefen Hertog, decidieron investigar la pregunta: ¿qué clase de persona se convierte en terrorista? Para ello investigaron la formación académica de una muestra de 404 terroristas islámicos procedentes de diversos países. De entre los que tenían una carrera universitaria, el 44% eran ingenieros. El siguiente grupo (19%) habían cursado “Estudios Islámicos” (una carrera coherente en este caso). Muy lejos quedaba Medicina (8%) y Economía (7%).

Dado que este “patrón” parece repetirse en países y grupos diversos, los autores se preguntan si existe alguna relación entre el hecho de estudiar ingeniería y el acabar militando en una de estas cédulas. El caso es que la pregunta resulta pertinente, ya que la frecuencia de ingenieros resultó ser entre 3 y 4 veces más alta que en otras profesiones, a pesar de que -en mi opinión- los datos son insuficientes y las fuentes poco rigurosas.

La hipótesis favorita de los autores es que el tipo de personalidad que te lleva a elegir este tipo de estudios también puede favorecer la tendencia a las “soluciones radicales”. Una baja tolerancia hacia la ambigüedad y la creencia de que la sociedad podría funcionar como un mecanismo, podrían contribuir a este fenómeno. Por supuesto, no deberían excluirse otras posibilidades. Tal vez los estudiantes de ingeniería procedan de familias humildes (en países islámicos) y por ello, con un mayor nivel de frustración. O tal vez, los que se encargan del reclutamiento “prefieran” ingenieros porque suelen ser inteligentes, pragmáticos y versátiles (esto último me  dijo de los ingenieros un director de recursos humanos, que no se dedicaba a reclutar terroristas sino ejecutivos).

Bueno, si los ingenieros tuvieran una “predisposición al mal”, ésta debería aparecer también en países no-islámicos. Cuando los autores investigaron al colectivo de ingenieros de Estados Unidos encontraron que los profesores de esta disciplina tenían una frecuencia siete veces superior a la media de ser fundamentalistas religiosos y de extrema derecha. Ignoro si hay algún estudio similar en España (pero no me extrañaría).

En definitiva, la relación entre terrorismo y estudios de ingeniería no parece muy firme ni está basada en datos demasiado sólidos. Sin embargo, la relación entre ingeniería y (formas moderadas de autismo) sí parece tenerla (Baron-Cohen et al. 1997; 1998).

Curioso ¿no?

Baron-Cohen, Simon, Sally Wheelwright, Carol Stott, et. al.1997. ‘Is there a Link between Engineering and Autism?’, Autism, 1: 153-163
Baron-Cohen, Simon, Patrick Bolton, Sally Wheelwright, et al. 1998. ‘Autism Occurs more often in Families of Physicists, Engineers, and Mathematicians’, Autism, 2: 296-
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¿Quién sabe contar?

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Es evidente que uno de los conceptos esenciales de las matemáticas es el de “número”; no obstante, éste resulta muy difícil de definir. La mayoría de los libros de texto soslaya esta cuestión o admite que se trata de un concepto “intuitivo” y que no precisa de definición, ya que resulta “evidente por sí mismo”. Por cierto, la definición que a mí me dieron en el bachillerato (lo que tienen en común dos conjuntos coordinables) es completamente falaz (conjuntos coordinables son aquellos que tienen el mismo número de elementos).

Es posible que los matemáticos consideren así zanjada la cuestión, pero para los psicólogos evolucionistas (y los biólogos en general), admitir que el concepto sea intuitivo es tan sólo el comienzo de la historia ¿compartimos con otras especies este capacidad? ¿tiene valor adaptativo? Curiosamente, en las últimas semanas se han publicado varios trabajos relativos a esta cuestión  ¿quién sabe contar?

Uno.- Los peces. Las hembras del pez mosquito son capaces de contar (dentro de ciertos límites) el número de colegas que nadan a su alrededor, de acuerdo con un trabajo que se publicará próximamente en la revista Cognition. Según los autores del trabajo, para estos animales el tamaño del banco es un factor de protección, de aquí que hayan aprendido a seleccionar el grupo de compañeros exclusivamente en función de su tamaño numérico. En los experimentos, prefirieron los grupos de tres individuos frente a los de dos, y a los de ocho frente a cuatro.

Dos.-Las abejas. En este caso, los experimentadores entrenaron a un grupo de abejas haciéndolas pasar por un túnel, en cuya salida había una señal dibujada, p.e. dos puntos azules. De ahí pasaban a una cámara con dos posibles salidas, si escogían la que tenía la misma marca que la de la entrada ¡bingo! recibían un premio. Pueden contar hasta 3.  Gross et al., PLoS ONE .

Tres.- Los bebés humanos. Veronique Izard y sus colaboradores mostraron a una serie de bebés de 4 días de edad secuencias con un cierto número de formas en una pantalla; a la vez eran expuestos a un número de sílabas habladas. Cuando ambos números coincidían, los bebés mantuvieron la mirada en la pantalla un tiempo significativamente más largo que en el caso contrario (Izard at al., PNAS).

Cuatro.- !Los pollitos recién nacidos! pueden distinguir conjuntos de dos o de tres objetos. Incluso son capaces de percibir operaciones simples de aritmética (Rugani et al., Proceeding of the Royal Society B).

Cinco.- ¡¡Las bacterias!! Aunque no se trata de bacterias normales, sino de cepas modificadas mediante ingeniería genética, en las cuales  se ha introducido un circuito genético que les permite “contar” hasta 3 pulsos de azúcar. Al tercero, la bacteria produce una proteína fluorescente, mostrando a los investigadores que ha realizado correctamente la operación. Estas cepas con un contador incorporado podrían ayudar a la monitorización de toxinas en el medio (Friedland et al., Science).

También se han descrito habilidades numéricas en chimpancés, delfines, ratas, salamandras e incluso alumnos de la LOGSE.


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Ya están aquiiiiiii

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Por si a alguien le cabía alguna duda, los creacionistas están aquiiii

Hay tantas pruebas en favor de la Evolución que no creo que merezca la pena repetirlas en este blog

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Out of Catalonia

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Hoy día, la mayoría de los paleontólogos acepta la denominada hipótesis “out of Africa”, según la cual nuestros ancestros evolucionaron en Africa desde hace (al menos) 6 millones de años y nuestros antecesores directos (los primeros sapiens) salieron de este continente hace tan sólo 60,000 años. Sin embargo, es posible que nuestros antecesores lejanos, muy anteriores a los australopithecus procedieran de Eurasia, más concretamente de Cataluña.

Al menos eso creen los autores de un artículo publicado recientemente en PNAS por Moyà-Solà del Institut Català de Paleontologia (ICP) y colaboradores de diversas instituciones. Esta hipótesis se basa en un fósil de unos 12 millones de años antigüedad, al que se le ha dado el nombre de Anoiapithecus brevirostris, y del que sólo se encontrado algunos fragmentos de mandíbula, dientes y huesos faciales. Los restos han sido encontrados en la comarca barcelonesa de l’Anoia.

Este nuevo escenario “out of Catalonia” será probablemente controvertido. El problema no es la existencia de antecesores humanos en el Mioceno eurasiático, sino el hecho de concluir que éstos emigraron de Eurasia a Africa. Es cierto que tales fósiles no se han encontrado en el continente africano, pero también es cierto que la “densidad de excavaciones” en Europa es mucho mayor, lo cual introduce un sesgo.

El tiempo y los datos dirán

Un resumen del trabajo aquí

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Movimiento perpetuo

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Uno de los pasatiempos históricos de los físicos ha sido el llamado “móvil perpetuo de primera especie”, esto es, un artilugio que una vez puesto en marcha pudiera seguir funcionando eternamente. Naturalmente, esto viola el Primer Principio de la Termodinámica, una ley que ha sido contrastada experimentalmente miles de veces. La imposibilidad de este artilugio no ha impedido que proliferen diseños encaminados a este fin, la mayor parte en broma, como esta copa de auto-llenado.

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Pues bien, el ingenio que aparece en la foto superior no es un móvil perpetuo,  pero se parece bastante. Se trata de un avión que funciona con energía solar obtenida en las placas que lleva en sus alas. Dado que si subimos a suficiente altura siempre hace sol, este avión podría volar indefinidamente sin tener que bajar a repostar.

Por supuesto, hay alguna limitación adicional. Por ejemplo ¿qué pasa cuando se hace de noche? En principio, puede almacenar suficiente energía de día para seguir volando hasta el día siguiente, aunque si las condiciones meteorológicas se ponen difíciles durante la noche podría quedarse sin batería.

La siguiente limitación es el factor humano. El único piloto que puede viajar en la cabina tiene que dormir de vez en cuando y -cabe suponer- acabará hartándose de volar y decidirá aterrizar en alguna parte.

Por último, el avión ha sido probado sólo en simulaciones de ordenador, de manera que todavía no se conocen sus verdaderas limitaciones.

Con todo, hay que reconocer que la idea es muy atractiva y que implica llevar la tecnología al extremo. Increíblemente, el motor eléctrico que emplea tiene una potencia similar al de una motocicleta y aun así es capaz de despegar por sí mismo y volar a la modesta velocidad de 70 Km/h, sin gastar energía no-renovable ni añadir un gramo de CO2 a la atmósfera. En contraste, un avión comercial normal carga 80 Tm de fuel, cada una de las cuales supone 3.2 Tm de CO2.

El primer vuelo está previsto para finales del 2009 y si todo va bien se construirá otro prototipo bi-plaza, con el que los pilotos  Bertrand Piccard Y André Borschberg planean atravesar el Atlántico.

No parece fácil que este invento vaya a tener aplicación en la aviación comercial, al menos de momento.

¿Para cuándo el avión híbrido solar-pedales?

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Informe censurado sobre los riesgos de la cocaína

La verdad es que no me considero una persona “conspiracionista” en absoluto, y suelo ser muy crítico con aquellos que asumen (sin pruebas) que prácticamente todo puede explicarse por una conspiración de la CIA, las multinacionales, el Vaticano u otros “sempiternos malvados”. Sin embargo, esto no quiere decir que las conspiraciones (o los malos) no existan. Que estés paranoico no significa necesariamente que no te persigan.

Así pues, me complace comentar una noticia leída en el diario The Guardian, acerca de un informe de la Organización Mundial de la Salud y que lleva censurado desde el año 1995. El informe en cuestión constituye probablemente el mayor estudio realizado hasta la fecha sobre los efectos del uso de la cocaína en la población. Como es predecible, sus conclusiones son extraordinariamente críticas con le política anti-droga de muchos países y, muy particularmente, la de Estados Unidos. Según The Guardian, los representantes de USA amenazaron con retirar toda la financiación de este país a la OMS si se publicaba. Afortunadamente, ha habido una filtración y el texto puede leerse aquí.

La polémica es muy vieja y, como en tantos otros casos, conlleva un choque entre “valores morales” y “evidencia empírica”. Así que, lo primero para abordar el tema con honradez es hablar de valores. En este blog no creemos que el uso recreativo de drogas se moralmente malo en sí mismo; por tanto, el “mal” de las drogas depende exclusivamente de los daños que éstas ocasionen en la salud de los consumidores. Consecuentemente, las políticas anti-droga deberían estar dirigidas a minimizar este daño; eliminar el consumo no debería ser un objetivo en sí mismo.

Naturalmente, hay personas que no están de acuerdo con este punto de vista y pueden pensar que el consumo de drogas constituye una aberración moral que debe ser evitada a toda costa. Tienen derecho a pensar así; a lo que no tienen derecho es a falsear, manipular u ocultar información experimental relativa a los efectos de la droga sobre la salud. Y eso es exactamente lo que hicieron en su día los representantes estadounidenses de la OMS.

Es evidente que el uso de drogas supone riesgos serios para la salud (aunque la cuantificación de estos riesgos requiere un trabajo experimental minucioso y libre de sesgos). Tabaco y alcohol, para empezar, constituyen una de las principales causas de muerte evitable. Sin embargo, también hay muchas pruebas de que los efectos de la criminalización de las drogas (criminalidad, adulteración química, infecciones microbiológicas, marginalización del consumidor, etc…) son más perniciosos que los efectos de las sustancias en sí mismas. El gran problema es que un cambio en la política en este sentido tendría que estar consensuado entre todos (o la mayoría) de los países. A nadie se les escapa que si un país individual decidiera por su cuenta despenalizar las drogas se vería en serios problemas (p.e. ¿qué le pasaría a Colombia?). Se trata de un problema global en mundo globalizado. Las reformas radicales que serían necesarias en este ámbito tendrían que estar lideradas (al menos) por USA y la Unión Europea.

Obama, Barroso…hagan algo.

Efectivamente, el sitio ha sido hackeado y unos tipos de negro con gafas oscuras me siguen a todas partes. Por suerte guardé una copia del pdf y he podido colgarla.

AAAAAAAGGGHHHH!!!

iNFORME CENSURADO OMS

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Desastre en Lascaux

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Constituyen una de las primeras obras de Arte (con mayúscula) conocidas, han sobrevivido más de 16.000 años y están a punto de perderse definitivamente. Se trata de las super-famosas pinturas rupestres de Lascaux (Francia).

Los culpables directos son diversos microorganismos que habitan (hoy día) en la cueva y que proceden en su mayor parte de los fluidos corporales de los visitantes. La responsabilidad civil de esta situación corresponde a los conservadores de la cueva, según un artículo reciente publicado en la revista Naturwissenshaften (premio si lo pronuncia bien a la primera) El resumen aquí

Según los autores, el “manejo” de la cueva ha sido un catálogo de despropósitos. Las bacterias empezarona llegar en los años 40, con las miriadas de visitantes que entraban a diario. El empleo de aire acondicionado y las nuevas condiciones de iluminación modificaron la mricrobiota de la cueva de forma radical, según Cesareo-Saiz Jiménez del Instituto Nacional de Agrobiología y Recursos Naturales de Sevilla, y responsable del trabajo.

En 2001 hizo su aparición un hongo Fusarium solani, famoso por ser una importante plaga del cultivo de patatas. Entre 2001 y 2004 se aplicó fungicida “a carros” para combatir el hongo, lo que no hizo sino empeorar las cosas. Los científicos están ahora estudiando la posibilidad de emplear agua oxigenada para eliminar la materia orgánica de la que se alimentan hongos y bacterias.

¿La solución más práctica? Cerrar la cueva al públic0 y hacer una réplica exacta en una cueva cercana.

Sí, ya sé. No es lo mismo.

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Grasa de la buena

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Tejido adiposo marrón (en negro) tal como aparece en un PET-CT scan realizado en condiciones de frío (derecha) o a temperatura ambiente (izquierda).

Recuerdo bien la historia de la “grasa parda” de los libros de texto de Bioquímica.  Para los que no hayan tenido el placer de cursar esta asignatura, valga este pequeño resumen. En los mamíferos existen dos tipos básicos de tejido adiposo, el blanco (normal) y el marrón. La diferencia fundamental está en que el primero simplemente acumula grasas y el segundo las quema para producir calor. Las células del tejido marrón, además de acumular grasa, tienen una gran abundancia de mitocondrias que funcionan a modo de pequeñas estufas. En el metabolismo normal, la oxidación delas grasas permite obtener energía química en forma de ATP, pero en este tejido existe una proteína llamada “termogenina” que desacopla la producción de ATP con oxidación. El resultado es que las grasas se “queman sin más” y la energía acaba convirtiéndose en calor, lo cual es precisamente la función de este tejido.

Según los libros, esta especie de “manta térmica” está presente en los bebés humanos y en algunas especies de mamíferos en estado adulto, pero -categóricamente- no en los humanos adultos. Esta actividad parece ser importante para supervivencia de los mamíferos recién nacidos, muchos de los cuales carecen de pelo. Al parecer, los osos polares adultos emplean este sistema para sobrevivir en el Ártico en vez de hibernar.

Pues bien, parece que habrá que cambiar todos los libros de texto, de acuerdo con un artículo publicado en abril en el New England Journal of Medicine (el resumen aquí).

En estudios previos se habían examinado los escáner (PET-CT) de unos 2000 individuos, por razones que nada tenían que ver con la grasa parda, pero encontraron que este tejido estaba presente en un pequeño porcentaje de los pacientes. Sin embargo, la forma habitual de realizar estas pruebas hacía invisible la grasa parda; básicamente, ésta no se ve a temperatura ambiente (22º C), pero es claramente visible a temperatura algo menor (16º), tal como se aprecia en la foto adjunta.

Cuando se realizó el experimento en las condiciones apropiadas, en la mayoría de los individuos apareció grasa parda. Lo importante, sin embargo, es que la cantidad y actividad de este tejido estaba negativamente relacionado con la obesidad. O sea, a mayor cantidad de tejido adiposo normal menor cantidad del pardo. Este hallazgo abre nuevas preguntas. Es posible que la grasa parda, al ser un quemador de calorías, ayude a los individuos delgados a mantener su peso. alternativamente, también es posible que en individuos obesos el aislamiento térmico que proporciona el tejido adiposo normal sea suficiente, por lo que el marrón se atrofiaría.

Las aplicaciones prácticas están todavía bastante lejos, pero tal vez algún día sea posible estimular la actividad del tejido marrón. Así, bastaría poner el aire acondicionado a tope para mantenerse delgado ¡vaya chollo!

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Chocolate en peligro

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En los últimos tiempos, parece que las catástrofes se ciernen sobre nosotros. El cambio climático expandirá los desiertos e inundará las zonas bajas; la gripe A y luego la gripe aviar causarán millones de muertos; y la crisis económica… ¡Uf! La crisis económica.

En este blog no nos tomamos estas cosas en broma ni tampoco en serio. El objetivo es tratar de evaluar la mejor evidencia científica disponible, con independencia de que los medios de comunicación sean más o menos alarmistas o tengan intereses de algún tipo. Por supuesto, este objetivo es sumamente difícil de cumplir con nuestros pobres medios materiales (esencialmente un ordenador portátil y acceso a algunas revistas científicas). Pero merece la pena intentarlo.

Lo malo es que el tema de hoy se refiere a una amenaza muy real y de consecuencias verdaderamente graves para muchos humanos; se trata  del virus CSSV. Este patógeno puede hacer algo mucho peor que barrernos de la faz de la tierra: puede dejarnos sin chocolate.

El así llamado “cacao swollen shoot virus” infecta los árboles de cacao y está haciendo estragos en los principales países productores. Por ejemplo, en Costa de Marfil, se estima que un tercio de la cosecha se perderá esta año. Y como a perro viejo todo son pulgas, un hongo (Crinipellis perniciosa) está haciendo lo propio en las plantaciones de Brasil.

En el caso de la enfermedad africana, es muy posible que el modo de producción haya contribuído al problema. Originalmente, los árboles de cacao se plantaban junto a otros árboles que proporcionaban algo de sombra, lo que resulta beneficioso para el cultivo. Al parecer, este sistema también proporcionaba protección frente a otras amenazas. En los últimos años, la intensificación del cultivo ha llevado a plantar cacao en “monocultivo” y es muy posible que en las nuevas circuntancias los insectos que transmiten el virus tengan mejor acceso a los árboles del cacao.

Podría decirse que la “avaricia rompe el saco”, pero hay que reconocer que que la mayoría de los productores de cacao son agricultores pobres, los cuales reciben típicamente una parte muy pequeña del precio de venta final. De lo que no hay duda es de que tienen un problema.

Algunos laboratorios se han puesto en marcha para estudiarlo. El genoma del virus se ha secuenciado y el genoma del propio cacao están en proceso. Seguramente se encontrarán genes de resistencia y alguna manera de utilizarlos en campo. Entretanto, tal vez sería una buena idea volver a cultivar el cacao junto con “árboles protectores”.

Por último, si es usted adicto al chocolate quizá debería pensar en hacerse con una pequeña reserva para el año próximo.

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Cats

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Hace unas semanas fuí con mi familia de excursión al famoso Torcal de Antequera (Málaga) y  aparte de disfrutar del impresionante paisaje kárstico y de los no menos impresionantes ejemplares de Capra hispanica, presenciamos algo verdaderamente asombroso.

Nos cruzamos con un grupo de escolares que estaban, a la sazón, comiéndose un bocadillo. De repente, un revuelo. Gritos de excitación. El causante era un zorro joven atraído por el olor de la comida y que, de hecho, no se fue sin ganarse un buen bocado. Por lo que yo había leído sobre esta especie, esto es algo bastante raro. Se supone que los zorros son huidizos y es muy difícil mantenerlos en cautividad (entre otras cosas, porque viven en un estado de permanente terror). No obstante, en los años 50s, el científico ruso D. Belyaev inició un proyecto de mejora genética que culminó con la creación de una raza de zorro domesticada (más info aquí), pero el proceso llevó casi 50 años de cruces selectivos. Aparentemente, este mismo proceso está en marcha en el Torcal de Antequera, con la diferencia de que está sucediendo de manera espontánea. Los zorros se domestican solos.

Aquí una foto, para que me crean.

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Pero no era mi intención dedicar este post al zorro, sino a otro caso de animal que al parecer también se domesticó solo: el gato.

Tradicionalmente se pensaba que el gato había sido domesticado en el antiguo Egipto, pero una serie de estudios recientes (basados en evidencia arqueológica y genética) indican que probablemente ocurrió en el Oriente Próximo y en una fecha muy anterior: unos 10.000 años.

Hasta hace poco, el origen de los gatos era un misterio difícil de romper. Lógicamente deriva del gato montés Felis silvetris, pero ¿de qué población exactamente? Como en muchas otras ocasiones, el análisis del DNA mitocondrial nos ha dado una respuesta clara. Cuando se compararon las secuencias de  mitocondrias procedentes de cientos de gatos domésticos y de las cinco subespecies conocidas de gato silvestre, los árboles filogenéticos agruparon a todos los gatos domésticos con F. silvestris lybica; una subespecie que habita en Oriente Próximo y Medio.

Sin embargo, en cuanto a la fecha de domesticación, el reloj molecular no nos permite afinar mucho más allá de unos 10.000 años. En cambio, la arqueología acude ahora en nuestra ayuda. En 2004 se encontró un esqueleto de un  gato de unos ocho meses de edad (en la misma orientación que el esqueleto humano) en un enterramiento de la isla de Chipre de unos 9.500 años de antigüedad. Esto sugiere una relación especial entre ambos.

La verdad es que -a priori- el gato no es buen candidato para la domesticación. En primer lugar (en su estado salvaje) es un cazador solitario y territorial; la mayoría de las especies domesticadas son sociales y típicamente jerárquicas (lo que facilita el proceso, ya que los humanos juegan el papel de individuos alfa). En segundo lugar, es exclusivamente carnívoro, con muy poca capacidad de utilizar alimentos vegetales.

La hipótesis más probable (en línea con lo que también debió ocurrir en el caso del perro) es que los gatos se domesticaran solos. Los excedentes de grano en los primeros asentamientos agrícolas debieron atraer a un gran número de ratones. Y seguramente los ratones atrajeron a los gatos. En cuanto a los humanos, lo más probable es que los tolerasen, ya que poco daño podían hacer, y en cambio comían ratones y serpientes de vez en cuando. Así debió domesticarse el gato.

¿Domesticado? No tan deprisa. La verdad es que no lo están totalmente , ya que suelen sobrevivir y reproducirse sin intervención directa de los humanos. Todo el que haya convivido con uno, sabe que un gato es un espíritu libre.

Cuando las técnicas neolíticas empezaron a expandirse, los gatos domésticos viajaron con ellas. Las autoridades del Antiguo Egipto, que realmente (y literalmente)  los adoraban, prohibieron su exportación; una medida que naturalmente no tuvo éxito. Así, los gatos se expandieron con el imperio romano y a través de las rutas comerciales con China. También se sabe que Colón llevaba algún gato en las carabelas.

A diferencia del perro, el gato no ha pasado por un proceso de selección artificial demasiado exigente. Los perros llevan milenios siendo seleccionados para determinadas funciones (pastor, guardián, cazador). No así los gatos que, como todo el mundo sabe, resulta imposible entrenarlos (no porque no sean inteligentes sino más bien por ser muy reacios a aceptar órdenes). Prueba de ello es la enorme diversidad fenotípica en los perros (compárese un San Bernardo y un chihuahua) que no se produce en los gatos. Si acaso, es posible que hayan sido “seleccionados” para resultar estéticamente agradables a los humanos (¿no son irresistibles de pequeños?). La cría y selección en serio no ha tenido lugar hasta periodos muy recientes.

El inicio de la agricultura supuso una revolución en toda regla, no sólo para los humanos, sino para otras muchas especies, ya que se generaron cambios radicales en los ecosistemas. Eso debió suponer un desastre para algunas y un oportunidad para otras, como nuestros domésticos amigos. Es evidente, que todo esto aceleró la evolución en algunos casos. En las últimas décadas, los cambios en los ecosistemas han sido también tan radicales que muchas especies se han puesto contra las cuerdas (o se han extinguido directamente). En cambio otras (las menos)  se están adaptando, como parece que está haciendo el simpático zorrito del Torcal de Antequera.

The Evolution of House Cats
Genetic and archaeological findings hint that wildcats became house cats earlier–and in a different place–than previously thought
By Carlos A. Driscoll, Juliet Clutton-Brock, Andrew C. Kitchener and Stephen J. O’Brien

Scientific American, June 2009

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El bosque ignorado

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No es que los árboles no les dejasen ver el bosque, es que no vieron ni el bosque ni los árboles. La especie de la foto corresponde a un árbol de hasta 6 metros de alto y que acaba de ser descubierto por los botánicos, que lo han denominado Acacia fumosa.

La descripción de una nueva especie no es en sí mismo algo especialmente raro. Todos los años se descubren una 10.000, de las cuales más de 2.000 suelen ser plantas con flor. Sólo en África se describe una nueva planta (como promedio) cada día ¿Por qué tanto alboroto por la Acacia fumosa? Lo normal es que las nuevas especies sean poco abundantes y su hábitat esté restringido a unos pocos lugares (cuya localización se suele mantener secreta). Sin embargo, este árbol cubre una superficie nada menos que  de unos 8.000 Km cuadrados, equivalente a toda la Comunidad de Madrid.

¿Cómo es posible que a los botánicos se les pasara por alto una cosa así? Hay que decir, en su descargo, que esta especie habita en la región etíope de Ogaden; una zona árida, pobre y poco poblada. Además, la guerrilla independentista (Frente Nacional de Liberación de Ogaden) lleva varios años activa en la zona y viajar por ella se ha convertido en algo bastante peligroso.

Naturalmente, este árbol no era desconocido para los escasos habitantes de Ogadén, pero ni siquiera tiene un nombre vernáculo, ni parece que tenga tampoco ningún aprovechamiento particular. No obstante, siendo el árbol dominante en una zona árida, no cabe duda de que esta especie tiene una enorme importancia ecológica. A falta de otra utilidad para los humanos, sus flores de color rosa deben dar un aspecto imponente al paisaje durante algunas semanas.

Aunque  la descripción de esta especie se hizo en 2008, la noticia ha saltado a los “medios” después de que apareciera un artículo en Science (aquí)

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Los orígenes de la moral y la cultura

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Sin duda, “moral” y “cultura” son dos características eminentemente humanas. No es que estén totalmente ausentes en otras especies, pero entre los Homo sapiens han alcanzado muchísima más importancia y complejidad. No cabe duda de que ambas características han evolucionado en nuestra en especie y por tanto, deben tener una base biológica (que me perdonen lo ambientalistas fanáticos). Tampoco puede negarse la más que probable co-evolución entre genes y cultura (que me perdonen los biologicistas radicales). En cualquier caso, estoy seguro de que los dos artículos publicados en el último número de Science sobre el origen de (respectivamente) moral y cultura va a dar mucho que hablar a todos los interesados por estas cuestiones.

En ambos artículos, los autores llegan a explicaciones sorprendentes, atrevidas, contra-intuitivas y políticamente incorrectas, aunque (y esto es lo importante) las apoyan con datos y modelos matemáticos. No obstante, no creo que las dos cuestiones se vayan a zanjar aquí, sino más bien lo contrario. Entrando en materia, la hipótesis de Samuel Bowles (Bowles, S. 2009) afirma que el origen de la cooperación y la camaradería entre los humanos estriba justamente en…¡la guerra! Y para apoyar esta hipótesis ha “resucitado” una de las teorías más descalificadas en Biología Evolutiva en los últimos tiempos: la selección de grupo. Se trata, pues, de un tabú encima de un sacrilegio. Sin inmutarse, Bowles afirma que en el conflicto inter-tribal prolongado y letal puede promover la selección de genes “altruistas”. Pero antes de seguir comentando el artículo, conviene dar un pequeño rodeo.

Para empezar, la hipótesis de Bowles se mete de lleno en un pozo de “incorrección política”. Hasta hace pocos años, el Modelo Estándar en Ciencias Sociales favorecía la idea de Rousseau del “Buen salvaje” (el hombre es bueno por Naturaleza pero la sociedad lo hace malo), por lo que la mera sugerencia de que esta actividad forma parte de nuestro pasado evolutivo basta (o bastaba) para ser declarado indeseable. Aunque sea doloroso, hay que reconocer que el “Mito del Buen Salvaje” es notoriamente falso, como han puesto de relieve estudios antropológicos recientes. Por ejemplo, el arqueólogo Lawrence Keeley ha estimado la tasa de homicidios en diferentes sociedades. Veamos los datos: el récord de violencia lo tienen los legendarios jíbaros de Perú, donde cerca del 60% de los varones son víctimas de homicidio a manos de sus congéneres. Entre los yanomami, la tasa de homicidios varían entre el casi 40% de los ‘belicosos’ shamatari y el 20% de los más ‘pacíficos’ namowei. La mayor parte de las culturas estudiadas, procedentes sobre todo de Sudamérica y Nueva Guinea oscilaba entre estos valores. Incluso entre los pacíficos !Kung, el homicidio es más frecuente que entre los barrios considerados peligrosos de Los Ángeles. En contraste, la frecuencia de muerte por homicidio en Europa y Estados Unidos durante el siglo XX no pasa del 1%, y eso que incluye dos guerras mundiales con ‘armas de destrucción masivas’ y otros conflictos armados. En la actualidad y en algunos países, como Japón, la tasa frecuencia de homicidio es inferior al 0.1%, 100 veces menor que en la mayoría de los cazadores-recolectores y 600 veces menor que entre los jíbaros. O sea, que podemos reconocer que nuestro pasado evolutivo está plagado de conflictos inter-tribales, frecuentemente letales, sin hacer por ello una apología de la violencia y sin afirmar que ésta es inevitable. Pero los datos son los datos.

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El segundo berenjenal en el que se mete Bowles estriba en tratar de resucitar la teoría de selección de grupo, según la cual en animales sociales la unidad básica sobre la que opera la selección natural es el grupo, no el individuo. Por ejemplo, si pensamos en una manada de lobos, en una banda de macacos o en una bandada de grajillas, ninguno de estos animales puede sobrevivir por su cuenta, de manera que su destino individual se encuentra inevitablemente unido al del grupo. Si éste tiene éxito, aumentará de tamaño y si no lo tiene desaparecerá; por tanto, la selección natural puede mantener conductas que favorezcan al grupo en conjunto, aunque sean negativas para el animal que las ejecuta. Por poner un símil futbolístico, la selección natural estaría operando con equipos y no con jugadores individuales. Esta teoría es considerada poco plausible ya que incluso un flujo de genes moderado entre los grupos destruiría rápidamente las diferencias genéticas necesarias para que la teoría funcione; la mayoría de los biólogos acepta hoy día que la selección natural transcurre fundamentalmente a nivel de individuo.

Pero no todo el mundo está de acuerdo. Algunas publicaciones recientes han reabierto el debate al afirmar que, en algunos casos muy determinados, la selección de grupos puede ser importante. En este caso, Bowles hace una hipótesis realmente atrevida: que la estructura poblacional de los cazadores-recolectores del Paleolítico pudo permitir la selección (vía grupo) de genes que favorecen conductas altruistas. Bien es verdad que el modelo asume que la guerra entre tribus era frecuente y que ésta suponía un coste notable en vidas en todos los casos y, muy particularmente para los vencidos. Importa señalar que Bowles también admite la posibilidad de que el altruísmo se deba no sólo a los genes, sino a la aparición de memes relacionados con este tipo de conducta. Tanto los genes como los rasgos culturales son heredables (aunque no de la misma forma) y están sometidos al proceso evolutivo. El trabajo de Bowles se ha basado en datos arqueológicos previos según los cuales, como promedio, la guerra causó el 14-16% de las muertes en sociedades de cazadores-recolectores, tanto históricas como recientes. De acuerdo con el modelo matemático de Bowles, el coste de perder un conflicto armado es lo suficientemente alto como para equilibrar los riesgos individuales de la guerra, particularmente si el grupo es relativamente endógamo y sus miembros comparten muchos alelos comunes. Es evidente que construir un modelo matemáticamente correcto no es suficiente por sí mismo para demostrar una hipótesis. Y la validación de este modelo es, al menos, complicada. Los aficionados a las discusiones tendrán un filón aquí.

Además, el modelo deja algunos cabos sueltos. Muy notablemente no distingue entre los sexos a pesar de que las consecuencias de la guerra eran generalmente muy diferentes en cada caso; p.e. las mujeres no solían participar directamente y en caso de derrota podían ser “absorbidas” por los vencedores (eufemismo para “violación sistemática, esclavitud y eventual integración tras varias generaciones). El problema es que el apareamiento entre los hombres del grupo vencedor y las mujeres del vencido tendería a diluir los genes altruistas, y no a concentrarlos. Bowles argumenta que a pesar de todo, el modelo predice la selección de genes altruistas, aunque de forma más lenta respecto a la alternativa radical de liquidar a todos los vencidos.

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El segundo trabajo, firmado por Powell y colaboradores (Powell et al., 2009), aborda el misterio del rápido desarrollo de la tecnología y el arte en el Paleolítico superior (hace unos 45.000 años) a pesar de que los humanos genéticamente modernos habían surgido en África en un periodo muy anterior (tema tratado aquí recientemente). Según estos autores, el factor clave para que se produjera el Gran Salto Adelante fue la densidad demográfica. Por supuesto, las capacidades cognitivas necesarias va estaban allí, pero sin este elemento clave todavía podríamos estar empleando una tecnología no muy diferente de la del neanderthal.

Thomas y colaboradores también se basan en modelos matemáticos que tratan de explicar el patrón de “idas y venidas” en la aparición de la moderna cultura y tecnología. Aunque los humanos aparecimos hace 150-200.000 años, los primeros vestigios de cultura moderna (tales como collares, arpones, o el empleo de pigmentos) aparece brevemente en Africa hace unos 90.000 años. Después estos vestigios desaparecen y no volverán hasta la Edad de Oro del Paleolítico superior europeo, alrededor de 35.000 BC y coincidiendo con las pinturas rupestres del Cantábrico. La idea central de estos investigadores es que es necesario un número mínimo de personas para mantener tal nivel de conocimientos y destrezas en una población. Si no se alcanza el mínimo, la capacidad tecnológica tiende a fluctuar. Es posible que algunos avances se pierdan por que sus poseedores desparezcan sin trasmitirlos. Además, el avance tecnológico es más rápido cuando hay más personas tratando de resolver los mismos problemas. El modelo matemático establecido sugiere que cuando el número de grupos que interaccionan llega a 50, la capacidad tecnológica no aumenta con el número de grupos, sino con la densidad de población. Los autores sugieren que la tímida “revolución africana” de hace 90.000 años se vio truncada por una disminución de la población debida –seguramente- a un cambio climático.

Curiosamente, ambos trabajos plantean escenarios de evolución humana bien distintos, incluso contrapuestos. Por un lado, los humanos debían masacrarse unos a otros con frecuencia para ser altruistas; por otro lado, habría sido necesario la interacción cooperativa y el intercambio entre grupos humanos bastante amplios para que pudiera surgir la cultura moderna ¿O tal vez no? Una vez leí que durante la Guerra Civil española los soldados de las trincheras organizaban intercambios entre los dos bandos; tabaco por papel de fumar (vale lo de matarse unos a otros, pero… ¿quedarse sin fumar?).

Somos animales complicados.

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El perspicaz pájaro burlón

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Los habitantes de las ciudades suelen prestar bastante poca atención a la (escasa) bio-diversidad que los rodea. Personalmente, no comparto este desinterés. Por ejemplo, cuando llegan los vencejos a finales de marzo, me parece una noticia importante que debería aparecer en los periódicos locales. En algunos casos, la indiferencia es sustituida por una mal disimulada inquina, p.e. las palomas son consideradas “ratas con alas”.

Independientemente de los gustos de cada cual, hay que reconocer que las especies capaces de medrar en hábitats urbanos suelen demostrar una notable flexibilidad de conducta y capacidad de adaptación.

Uno de los ejemplos más notables es el “mocking bird” (Mimus polyglottos), un ave exclusiva del continente americano y que no tiene un nombre común en español; de manera que lo llamaremos por su traducción literal: pájaro burlón. El nombre obedece a su costumbre de imitar el canto de otras especies y ejecutarlo de forma repetida, como si se estuviera riendo de los demás. Si alguien tiene interés en escuchar su canto: aquí.

El pájaro burlón no se limita a mofarse, sino que además demuestra una capaz cognitiva notable para un ave, de acuerdo con un trabajo muy reciente publicado en PNAS  (Levey et al. (2009))

Parece claro que los burlones son muy sensibles ante cualquier cosa que ocurra cerca de sus nidos. Si una persona se acerca demasiado, amenazan al intruso gritos de alarma. Lo realmente sorprendente es que también son capaces de reconocer individualmente a las personas que se acercan al nido y distinguir entre simples paseantes y amenazas potenciales. Los investigadores idearon un dispositivo experimental en el que había “intrusos” (personas que se acercaban al nido más de lo que los padres consideraron razonable) y “paseantes” (personas que se mantuvieron  dentro de una distancia de seguridad). Los burlones aprendían a distinguirlos con tan sólo dos exposiciones de 30 segundos. No está mal.

Esta capacidad refleja una flexibilidad de conducta que posiblemente resulta crucial para colonizar el hábitat urbano.

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