Archivo mensual: mayo 2009

La pura realidad

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El origen de la pornografía

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Decir que a los humanos nos interesa mucho el sexo es una afirmación poco arriesgada. Por supuesto, a todas las especies les interesa (con algunas excepciones de “asexuales”) o si no, no estarían aquí. En general, los seres indolentes en esta materia no dejan sus genes (indolentes) a generaciones venideras.

Pero a nosotros parece interesarnos más, en comparación con otras especies. Entre nuestros primos los orangutanes (Pongo spp.),  la actividad sexual se limita a una corta temporada al año. En cambio, nosotros no tenemos una época de celo -cualquier momento es bueno, en principio. En eso nos parecemos a nuestros otros  parientes los bonobos  (Pan paniscus), famosos por la frecuencia y variedad de sus actividades. En muy posible que tanto en el bonobo como el humano, el sexo tenga otras funciones aparte de la reproducción.

Las representaciones sexualmente explícitas son algo bastante antiguo. un buen ejemplo son los graffiti encontrados en la ciudad romana de Pompeya; inscripciones de ese tipo podemos encontrarlas pintadas en las puertas de los servicios de cualquier ciudad moderna. Lo que no sabíamos es que este tipo de cosas fuesen tan antiguas. Alrededor de los 35.000 años, según se desprende del hallazgo reciente de una estatuilla en Hohle Fels,  Alemania, publicado en el último número de Nature.

La obra antecede a la famosa venus de Willendorf en unos 7000 años y se parece a ésta en la exageración de los “atributos femeninos”, aunque -personalmente- la de Willendorf me parece mucho más interesante como obra de arte. La estatua de Hohle Fels pertenece al periodo auriñacense y corresponde a la entrada en Europa de los primeros sapiens modernos (y con la desaparición simultánea -aunque lenta- de los neanderthales).

Aunque tosca y algo brutal, la venus de Hohle Fels es una de las primeras representaciones artísticas que se conocen. Durante ese periodo debió producirse una rápida expansión de las capacidades simbólicas de nuestra especie, aunque paradójicamente, los humanos modernos se origininaron mucho antes. Estas primeras representaciones artísiticas coinciden con un impresionante desarrollo tecnológico y una rápida expansión de los humanos por todo el planeta. A este proceso se le ha llamado “El Gran Salto Adelante”.

¿Qué produjo este cambio? ¿mutaciones genéticas? ¿nuevos memes? ¿un poco de todo?

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Emoción universal

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Una vez me encontré un curioso CD en la famosa tienda neoyorquina Tower Records; se llamaba algo así como “Musicilina” y proponía utilizar la música como terapia psicológica, de modo que las canciones estaban clasificadas según el estado de ánimo; digamos, el Adagietto de la quinta de Malher para momentos melancólicos o las marcha de las walkirias de Wagner si necesitamos animarnos rápidamente.

Aunque no recuerdo bien los detalles, años después me fabriqué un invento similar (personalizado) en mi i-pod. No tengo ninguna duda de que a mi me funcionaba bien. La cuestión es, hasta qué punto la emociones que nos despierta la música pueden aplicarse a otras personas o, más difícil aún, a culturas diferentes ¿Podemos pensar que la Novena de Beethoven es un valor universal? Un equipo de investigadores, liderado por Thomas Fritz, del Instituto Max Planck de Cognición Humana y Ciencias Neurológicas, de Leipzig, está tratando de contestarla.

Evidentemente, esto no resulta fácil. La aproximación elegida consiste en buscar una etnia culturalmente aislada, hasta el punto de que sus miembros no han tenido una exposición previa a la música occidental. El pueblo elegido han sido los Mafa; una etnia de agricultores de Camerún que, créanlo o no, nunca han oído hablar de Julio Iglesias.

El descubrimiento ha sido que los Mafa reconocen esencialmente las mismas “expresiones” de felicidad, tristeza o temor en diferentes músicas que los occidentales. Vieron en particular que el “tempo” y la “clave” de las composiciones son interpretadas de forma parecida. Por ejemplo, ambos grupos tendieron a clasificar las composiciones realizadas en clave mayor como alegres y las escritas en clave menor como tristes. Esto es particularmente interesante, ya que la música Mafa expresa exclusivamente emociones alegres.

En otro experimento, los investigadores comprobaron que al añadir acordes disonantes a una música, en ambos casos los oyentes manifestaron un aumento de la “tensión emocional”.

Todo esto no implica que los diferentes individuos y culturas tengan gustos musicales muy diferentes, cosa que es evidente por otra parte. Lo que sí sugiere es que los cerebros humanos reconocen las misma emociones básicas en la música, igual que muchas expresiones faciales básicas expresan las misma emociones en cualquier contexto cultural.

Los humanos podemos ser distintos…pero sólo hasta cierto punto.

El trabajo:

http://www.cell.com/current-biology/abstract/S0960-9822(09)00813-6

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Lo que mata y lo que engorda

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“Eres lo que comes”

Quizá la sentencia vaya demasiado lejos, pero no cabe duda que a la mayoría de nosotros nos importa bastante lo que comemos. La lista de razones es larga y complicada. Para empezar están las innatas: p.e. la preferencia por sabores dulces sobre amargos. A estas se superponen nuestros condicionantes culturales, así como los tabúes y prohibiciones en cada caso. Luego viene el gusto de cada cual, influido por las experiencias personales, las modas y, también, las recomendaciones de los nutrólogos. A estas alturas,  me resulta muy difícil saber por qué odio el huevo duro y en cambio me encanta la ensaladilla rusa.

En los últimos años la corrección política ha llegado a nuestra dieta. Todos sabemos que  la bollería industrial y las grasas animales son nutricionalmente incorrectas y que las frutas y verduras todo lo contrario. Los nutrólogos han llegado a convencernos (al menos en teoría) de que nuestra salud depende en buena parte de lo que comamos (otra cosa es aplicarlo). Sin embargo, este tipo de experimentos son francamente difíciles de realizar, ya que cada persona es un caso diferente; y todas estas diferencias, tanto genéticas como ambientales,  dan lugar a “confounding effects” ¿Cuánto tiempo de vida pierdo si me pongo morado a tarta? Dificil saberlo ¿Y si como la tarta y luego corro 1 hora? Igualmente difícil.

En esta difícil coyuntura, me ha resultado particularmente interesante un artículo reciente en el European Journal of Nutrition. El estudio es fruto de la colaboración entre científicos del prestigioso Instituto Karolinska de Estocolmo y de la Universidad de Varsovia, y su objetivo ha sido estudiar la relación entre la “calidad” de la dieta y la mortalidad general, cardiovascular y oncológica. En este caso, el término “calidad” no se refiere a tomar jamón ibérico y “mi-cuit” en el desayuno, sino  todo lo contrario: cosas tales como el brócoli crudo, salvado de trigo y zumo de pomelo.

Para abordar este ambicioso objetivo, los investigadores  tuvieron que empezar por inventarse una medida de la calidad de la dieta y para ello emplearon dos parámetros: RFS y no-RFS. El primero (Recommended Food Score) recoge el nivel de alimentos recomendados, o sea, si comemos mucha fruta y verdura, cereales, pescado azul, alimentos light y cosas así tendríamos una puntuación alta en RFS. Obviamente, no-RFS es una medida de todo lo prohibido (embutidos, carne roja, quesos, bollería industrial…). Es posible analizar un dieta dada y asignar puntos en ambas categorías, lo que permite al final determinar el nivel de ambos parámetros.

Los datos se obtuvieron mediante encuestas en una cohorte de unos 40.000 suecos de 45-79 años (varones) durante los años 1997-1998. Después, los investigadores esperaron pacientemente a que algunos de los encuestados se murieran y apuntaron con diligencia la causa de la muerte. Al cabo de unos diez años, el número de muertos era bastante satisfactorio como para procesar los datos. Esto se hizo empleando sofisticados modelos estadísticos de análisis multi-variante, que intentan -precisamente- eliminar los factores de confusión. Finalmente, el ordenador escupió los datos de la figura adjunta.

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Mi interpretación de los datos es la siguiente. Comer alimentos “prohibidos” tuvo una influencia negativa en el sentido de disminuir la probabilidad de muerte, pero muy poquito.La diferencia entre una dieta alta y media en no-RFS fue menor del 1%. Lo curioso es que las supervivencia de la dieta media y baja en no-RFS era prácticamente la misma. Eso significa que el esfuerzo de voluntad para no comer prácticamente nada de los alimentos prohibidos no era recompensado, ya que los que consumían de forma moderada se morían igual que los “más virtuosos”.

En el gráfico de las RFS, las cosas son algo distintas. La diferencia en supervivencia entre los que comen cosas buenas y los que no, es bastante más amplia (como del 8%). Puede parecer poco, pero tener una probabilidad anual de morir un 8% más alta no es del todo despreciable.

Esto en cuanto a la mortalidad general. Cuando se descompone en causas se observa que la mortalidad por enfermedades cardiovasculares responde bien al esquema comentado. Sin embargo, la mortalidad por cáncer no se vio afectada por el tipo de dieta.

O sea, que comer fruta y verdura tiene un efecto positivo y, sin embargo, los alimentos no recomendados tuvieron un efecto negativo mucho más modesto. La conclusión, según estos datos, sería desayunar jamón ibérico (sin pasarse) y fruta además.

Bien, como es posible que algún experto en Nutrición me acuse de promocionar el hedonismo gastronómico, déjenme precisar que yo no les estoy recomendando nada. Tampoco puedo asegurar que el estudio esté bien hecho ni que no contradiga otros estudios (cosa que de hecho ocurre). Debo decir que las conclusiones de los autores del trabajo están enunciadas de una manera bastante más “correcta”. Traduzco literalmente:

En conclusión, este estudio indicó que una dieta que incluía gran variedad de alimentos recomendados [ ...] estuvo asociada a una menor mortalidad general y cardiovascular, mientras que la dieta con consumo frecuente de alimentos no recomendados [...] se asoció a una mayor mortalidad general y cardio-vascular.

Ustedes verán

Kaluza, J., Hakansson, N., Brzozowska, A., and Wolk, A. (2009) Diet quality and mortality: a population-based prospective study of men. Eur J Clin Nutr 63: 451-457

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Gripe porcina: muchas preguntas y pocos datos

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A día de hoy: 891 casos confirmados en 18 países y un total de 20 muertos. De momento, no parecen razones muy sólidas para entrar en pánico. A nivel mundial, estas cifras representan un peligro muy remoto para la mayoría. Es hora de relajarse un poco y repasar los hechos con calma.

El pasado 21 de abril, el CDC (Centre for Disease Control) de Atlanta, USA comunicó el estallido en México de un brote inusual de gripe porcina en humanos. El brote había empezado a finales de marzo, solapándose con el final de la gripe estacional. Tal vez por esa razón pasó tanto tiempo antes de que las autoridades sanitarias dieran la alarma. Aunque ha habido pocas críticas acerca de la forma en que el gobierno mexicano está manejando la situación, es posible que hayan estado algo lentos. El tiempo lo dirá.

De forma casi simultánea, empezaron a darse casos en otros países. Primero Estados Unidos, luego España y otros países europeos. Nueva Zelanda, Suramérica, Asia… Si en algo están de acuerdo los expertos es que el virus es, a estas alturas, totalmente incontenible. Eso no quiere decir que vaya a producirse una catástrofe ni tampoco que no tenga sentido tomar medidas (muy al contrario). Quiere decir que no tiene sentido tratar de pararlo: tendremos que vivir con la gripe porcina.

Pero el virus H1N1 no es completamente nuevo. Emergió en USA en 1998 como el tipo más frecuente en la gripe del cerdo, desplazando a otras variantes. Este virus procede de la recombinación de al menos 2 cepas de gripe porcina, las cuales -a su vez- ya poseían fragmentos de los virus humanos y aviar de anteriores recombinaciones. La versión que tiene el nuevo virus de la proteína de superficie, H1, es lo bastante diferente de la del virus estacional como para no ser reconocida por los anticuerpos. Eso nos hace a todos más susceptibles.

Los primeros estudios trazan el origen de la epidemia en una ciudad llamada La Gloria, situada al Este de DF. Algunos periódicos locales han sugerido que podía provenir de las Granjas Carroll, una enorme explotación porcina perteneciente a una multinacional norteamericana. La compañía matriz lo ha negado vehementemente.

Lo que sí es nuevo es que este virus ha cruzado la “barrera de especies” y es lógico pensar que va a sufrir una rápida evolución en los próximos meses, en su adaptación a su nuevo hospedador: el ser humano. Hacia dónde va a ir  es sencillamente impredecible; pero vamos a asistir a su Evolución en directo.

Una de las grandes preguntas es: ¿por qué ha resultado tan virulento en México y no en los demás países? Todavía no hay una respuesta, pero se barajan varias hipótesis. Una de ellas es que la alta mortalidad mexicana (alrededor del 10%) refleja más las deficiencias del sistema sanitario que la gravedad de la cepa. Otra posibilidad es que haya habido, de hecho, muchas más personas infectadas en México que hayan presentado síntomas leves, por lo que no ha quedado ningún registro, siendo entonces su mortalidad real bastante menor. También se ha sugerido que la población de este país sea genéticamente más susceptible a esta cepa.

Otras hipótesis resultan menos tranquilizadoras. Se ha dicho que la relativa levedad de los casos fuera de México podría deberse a que  las personas contagiadas (la mayoría turistas) han recibido un inóculo viral bajo o la infección se ha producido con una cepa más suave. Si fuera así, lo peor de la epidemia estaría por llegar y la mortalidad fuera de México aumentará en cuanto las cepas realmente virulentas lleguen a otros países. En definitiva, urge saber dos parámetros fundamentales: una es el verdadero índice de mortalidad; el otro es el denominado K0: el número medio de personas contagiadas por cada infectado.

¿Qué puede hacerse? Admitiendo que el virus ya está distribuido por el planeta, la primera posibilidad consiste en tratar la enfermedad. Afortunadamente, los anti-virales “clásicos”, como  Tamiflu o Relenza, parecen funcionar bien, aunque existe el riesgo de que surjan más adelante variantes resistentes a estos fármacos. La buena noticia es que la mayoría de los gobiernos lleva (en teoría) varios años preparándose para una pandemia de gripe aviar y estos preparativos serán muy importantes ahora si las cosas se ponen mal. La mala noticia es que -seguramente- no todos los gobiernos han hecho los deberes en este sentido. A nivel mundial, no hay suficientes dosis de anti-virales para cubrir una pandemia generalizada. Seguramente los países más pobres y aquellos que no hayan tomado medidas, sufrirán más (lo cual es una predicción poco arriesgada).

También existen tratamientos alternativos, como los anticuerpos monoclonales, o el empleo simultáneo de anti-virales y anti-inflamatorios no-esteroideos. Una de las razones por las que la gripe puede matar es por la generación de una “tormenta de citokinas”. En esencia, la reacción del sistema inmunológico es tan fuerte que da lugar a una inflamación de las vías respiratorias. En esos casos, el paciente se ahoga en sus propios fluidos, más que por la acción directa del virus. Se ha visto que la combinación de estos anti-inflamatorios con anti-virales mejora el pronóstico (aunque esto aun no se ha probado en la nueva cepa).

A largo plazo, el arma más eficaz contra la gripe es la vacuna. Sin embargo, ésta no va estar disponible en un tiempo. El sistema actual de producirlas  requiere la inoculación del virus en huevos de gallina; esto es bastante laborioso y la capacidad mundial de producción podría ser como máximo de 1000 millones de dosis (más probablemente de alrededor de 300 millones); eso significa que la mayor parte de la población mundial no va a poder vacunarse en muchos meses. Peor aun, la producción de esas dosis  tendría que hacerse a costa de la producción de vacunas contra la gripe estacional, lo cual tiene riesgos evidentes. De momento, la OMS no ha decido cambiar los planes  y se sigue con la producción de vacunas contra los virus “normales” para la campaña 2009-10.

También existen métodos alternativos para producir vacunas que, en teoría, permitirían una producción masiva mucho más rápida, como las vacunas “basadas en DNA”. La idea en este caso es inyectar fragmentos del DNA correspondientes a las proteínas inmunogénicas del virus; una vez dentro del tejido epidérmico, las células del sistema inmunológico expresarían dichas proteínas provocando la producción de anticuerpos contra el virus. En condiciones normales, para poder utilizar una aproximación así se requerirían muchos años de pruebas. Pero tal vez las condiciones ya no sean las normales.

El virus de la gripe es, en cierto modo, nuestro virus. Probablemente lleva miles de años infectándonos y, generalmente, produce síntomas leves en individuos sanos. Sin embargo, de vez en cuando se produce una nueva cepa virulenta y nos causa algún quebradero de cabeza hasta que desarrollamos inmunidad frente a ella. Es importante que los gobiernos tomen medidas para estas ocasiones y lo lógico es que sigamos las recomendaciones… pero tenemos que vivir con ello. Hoy por hoy creo le debemos tener más miedo al miedo que a la gripe.

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