Archivo mensual: noviembre 2008

Tomates transgénicos que previenen el cáncer

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La noticia no es exactamente fresca. Lleva un par de semanas circulando por periódicos y otros medios de comunicación. Para mí, lo sorprendente de esta noticia es que no debería ser noticia en absoluto. Para explicarme mejor, un pequeño resumen del tema. Un grupo de investigadores del John Innes Centre en Norwich (UK), dirigido por Cathie Martin (a la que he tenido el placer de conocer en una ocasión), ha creado una nueva variedad de tomates, introduciendo un gen procedente de otra planta. El gen en concreto permite una mayor acumulación de unas sustancias denominadas antocianinas, muy frecuentes en los vegetales. Las antocianinas son responsables de colores morados y azules, como los que se encuentran en los arándanos o las moras. En este caso, le dan una curiosa colaración morada al tomate.

Se sabe, desde hace bastante tiempo, que las antocianinas tienen efectos anti-oxidantes y que su consumo puede prevenir diversos tipos de cáncer. De hecho, esta es una de las razones por las que se recomienda que frutas y verduras constituyan una parte importante de la dieta.

Cuando se emplearon los tomates morados para alimentar ratones, se vio que éstos desarrollaban cáncer en menor proporción que los ratones control, alimentados con tomates convencionales.

No pretendo minimizar este trabajo, ni mucho menos. Creo que es un trabajo valiente y que debía hacerse.

Pero vamos a ver.

Se sabía que las antocianinas previenen el cáncer.

Se sabía que el gen en cuestión incrementa la cantidad de antocianinas.

Introducir nuevos genes en tomate es una técnica estándar hoy en día.

¿No era el resultado previsible? ¿Donde está la noticia? Seguramente, la noticia está en que en “el estado de opinión” que se ha creado, se espera que cualquier planta transgénica sea peligrosa. La clave del error está en la brutal generalizaciónen torno a la palabra “transgénico”: los efectos dependen exclusivamente del gen (o genes) introducidos.

Curiosamente, en una famosa encuesta sobre percepción del público de los cultivos transgénicos se hicieron las siguientes preguntas:

a) ¿Usted cree los tomates transgénicos tienen genes?

b) ¿Y los tomates normales?

Más de la mitad de los encuestados contestaron “sí” y “no” respectivamente.

Volveremos sobre el tema

El trabajo (aquí)está publicado on-line en Nature Biotechnology y no es accesible sin una suscripción a la revista.

PS Esta post está dedicado a oidun, que ya ha sacado el tema en su blog

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Bio-humor

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Los desgraciados hijos de las peluqueras

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Pues sí. Al parecer, las peluqueras que estén embarazadas y sigan trabajando, podrían estar exponiendo a sus hijos no-nacidos a sustancias nocivas y que pueden ocasionar defectos congénitos en los genitales (denominados hipospadias). Esto es lo que se deduce de un trabajo publicado on-line por Paul Elliott y sus colegas del Imperial College London. Este equipo investigó las posibles causas ambientales de este tipo de malformaciones, en las que la abertura urinaria está situada debajo del pene (en general, estos problemas se arreglan con una cirugía no demasiado difícil, pero no deja de ser una gracia).

El trabajo en cuestión aquí

Después de una encuesta exhaustiva a los padres de estos niños, apareció una relación estadísticamente significativa con la exposición a sprays de laca para el pelo. De las 74 mujeres que sufrieron esta exposición en los primeros tres meses de gestación, 50 tuvieron hijos con hipospadias. En resumen, este estudio sugiere que las probablidades de esta malformación aumentan 2.3 veces debido a la exposición al spray.

La sustancia culpable podría ser el ftalato, un compuesto empleado en la fabricación de plásticos, perfumería, disolventes y ¡ojo! algunos juguetes sexuales. Estudios anteriores en roedores mostraron que el ftalato puede alterar los niveles de hormonas implicadas en la gestación.

Las “buenas noticias” son que la dieta vegetariana no parece aumentar el riesgo de esta patología, como habían sugerido otros estudios. Además, el consumo de ácido fólico (que se prescribe de forma rutinaria durante el embarazo), parece disminuir el riesgo en un 36%.

¿Qué hacer en estos casos? Yo de usted procuraría no ir a la pelu en los tres primeros meses.

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Seguimos topando

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Nuestro colega bloguero Tay

ha destapado esta “perla” en forma de libro, titulado “El hombre y el animal. Nuevas fronteras de la antropología” del Padre Leopoldo Prieto, sacerdote de los Legionarios de Cristo. El texto de la entrevista contiene una sarta de disparates de tal calibre que producen vergüenza ajena. Entre ellos, que “es el mono el que desciende del hombre y no al revés, como se creía” (una interpretación surrealista de la teoría neoténica); la “inespecialización” morfológica de los humanos (un concepto tan erróneo como sacado de la manga) y la afirmación de que “el humano no tiene instintos” (otra vez la “tabula rasa”, pero ahora sin paliativos).

Lean y opinen

La entrevista en cuestión:

http://www.upra.org/archivio_pdf/entrevista_zenit.pdf

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¿La primera familia nuclear?

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Una excavación arqueológica en Eulau (Alemania) ha desenterrado lo que probablemente constituye el primer vestigio de “familia nuclear”. El hallazgo en cuestión contiene los esqueletos de una pareja y dos niños, los cuales fueron enterrados juntos hace unos 4660 años, como puede verse en la foto.

Los análisis de DNA han demostrado que los niños eran hijos biológicos de la pareja. Al parecer, sufrieron una muerte violenta. Se encontró una punta de flecha incrustada en una vértebra de la mujer y otras fracturas que no habían cicatrizado, por lo que debieron producirse justo antes de la muerte. Los investigadores sospechan que esta “tragedia” pudo ocurrir en el contexto de luchas por la posesión de la tierra. En concreto, la zona en que se encontró posee uno de los suelos agrícolas más fértiles de Europa. La guerra no es un concepto reciente.

Otras pruebas, basadas en la cantidad de estroncio en el esmalte dental, sugieren que el hombre y los niños se habían criado en la misma zona, pero la mujer procedía de otro lugar. Lo que nos habla de una organización social de tipo “patrilocal”.

La noticia ha sido recogida por numerosos medios de comunicación y presentada como la primera evidencia de organización en familia nuclear. Es posible que esto sea un pelín exagerado. Lo que nos muestra estrictamente este hallazgo es que los niños posiblemente estaban con sus padres en el momento en que llegaron los “asaltantes”. No indica la ausencia de un grupo familiar más amplio.

Otros medios han ido un poco más lejos, señalando que la “familia nuclear” es la forma “natural” de organización en nuestra especie. Demasiado lejos tal vez. Los estudios de antropología nos muestran una gran diversidad de formas de organización, en general, con sistemas más amplios que la familia nuclear.

En cualquier caso, en estos tiempos en los que los modelos de familia se multiplican (monoparental, reconstituida, padres/madres del mismo sexo), conviene señalar que independientemente de los descubrimientos en Biología y Arqueología acerca de la forma en que nuestros antepasados se organizaban, nosotros haremos lo que consideremos mejor para nuestros intereses como individuos.

Y haremos bien

Ancient DNA, Strontium isotopes, and osteological analyses shed light on social and kinship organization of the Later Stone Age by Wolfgang Haak, Guido Brandt, Hylke N. de Jong, Christian Meyer, Robert Ganslmeier, Volker Heyd, Chris Hawkesworth, Alistair W. G. Pike, Harald Meller, and Kurt W. Alt. PNAS 18226-18231 vol105 no.47

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Descubierto un gen que predispone a la adicción a la cocaína

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Entre los mitos más fuertemente engranados en nuestra psique colectiva está el del determinismo genético. No es mi culpa; la culpa es de mis genes malos. Una parte importante del problema es que el mito es, en parte, cierto. Aunque queda mucho por descubrir, puede afirmarse que nuestros genes ejercen una influencia sobre nosotros. La cuestión es: ¿cuánta influencia? ¿La suficiente como para eximirnos por completo de responsabilidad?

Es verdad que hay personas que comen como limas y no engordan y otros que “engordan con el aire” ¿tienen los genes la culpa de mi sobrepeso? Yo creo que no (en este caso). Por desgracia, tendré que hacer una mayor esfuerzo que otros para mantenerme delgado. Así son las cosas. A cambio, es posible que me resulte muy fácil resolver problemas de matemáticas o aprender a tocar el piano.

En los tiempos, no lejanos, en que sólo se admitía el “determinismo ambiental”, éste era utilizado con igual descaro. “Mi marido me maltrataba por su difícil infancia; yo le maté por la mía”.

Todo esto viene al caso por un artículo publicado esta semana en la revista PNAS (Bilbao et al., 2008) y viene al hilo del post de la semana pasado sobre genes y conducta

El gen en cuestión se llama CAMK4 y codifica una kinasa dependiente de calcio y calmodulina. En esencia, su función está relacionada con la regulación de la expresión de otros genes. Estos investigadores inactivaron dicho gen en una estirpe de ratón y encontraron que a estos animales les afectaba más esta droga y se hacían adictos a ella más rápidamente que los animales de control, donde este gen no se había modificado.

Bueno, pero del ratón al humano hay un trecho, pensarán. Por ello, este equipo se dedicó a estudiar este gen en una muestra muy amplia de humanos (adictos y no-adictos) y encontraron que una variante particular del mismo se correlacionaba con el uso frecuente de la coca. Sin embargo, no parece que este factor sea el único implicado y también aparecía en no-adictos, aunque en menor proporción.

Estudios anteriores, realizados con gemelos idénticos sugerían que la adicción a esta droga tiene una heredabilidad alta.

Me parece prematuro concluir si los adictos a la cocaína son totalmente responsables de su adicción. En todo caso, el hecho de encontrar un factor genético asociado no implica necesariamente que no existe responsabilidad personal.

Bilbao, A., Parkitna, J.R., Engblom, D., Perreau-Lenz, S., Sanchis-Segura, C., Schneider, M., Konopka, W., Westphal, M., Breen, G., Desrivieres, S., Klugmann, M., Guindalini, C., Vallada, H., Laranjeira, R., de Fonseca, F.R., Schumann, G., Schutz, G., and Spanagel, R. (2008) Loss of the Ca2+/calmodulin-dependent protein kinase type IV in dopaminoceptive neurons enhances behavioral effects of cocaine. Proc Natl Acad Sci U S A 105: 17549-17554.

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Ambiente degradado, conducta degradada

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En los años 80, George Kelling, de la Universidad de Rutgers, lanzó la idea denominada (más tarde) el “efecto ventana rota”. La idea es bien simple: el hecho de ver una ventana rota u otro signo de vandalismo nos predispone a cometer otros actos incivilizados. Dicho y hecho; el entonces alcalde de Nueva York Rudi Giuliani inició una vigorosa política de tolerancia cero con respecto a los delitos menores o actos vandálicos con la esperanza de disminuir el número de delitos (grandes o pequeños).

La idea aparentemente funcionó. Al menos, los niveles de delincuencia en Nueva York disminuyeron notablemente en esos años y otras muchas ciudades han tratado de seguir este ejemplo. Sin embargo, no todo el mundo está convencido de que exista una relación causa-efecto entre un ambiente degradado y una conducta degradada. Otras causas son posibles y se han propuesto varias: mejor situación económica, nuevas leyes, incluso la eliminación del plomo en la gasolina; todos estos factores también concurrieron al mismo tiempo que la disminución de la delincuencia en esta ciudad.

Personalmente, estaba convencido de que el efecto ventana rota funciona, desde que empecé a trabajar en el laboratorio para mi tesis doctoral. Descubrí que si una poyata estaba inmaculadamente limpia tendía a permanecer así; mientras que si estaba desordenada y sucia los usuarios siguientes solían aumentar la suciedad y el desorden. Naturalmente, no se me ocurrió ponerle un nombre ni generalizarlo a la conducta anti-social en las calles, así que no puedo clamar ningún crédito por ello.

No obstante, una cosa es “estar personalmente convencido” de algo y otra es tener evidencia experimental al respecto. Análogamente, la policía no sólo tiene que estar convencida de la culpabilidad del acusado, tiene que presentar pruebas ante un tribunal. Y esto es justamente lo que ha hecho un equipo de la Universidad de Groningen (Holanda), en una interesante publicación aparecida el pasado viernes en la revista Science (Keizer et al., 2008).

Los investigadores idearon una serie de ingeniosos experimentos, en cierto modo parecidos a las situaciones de “cámara oculta”, en las que incitaban a los transeúntes a cometer delitos menores, mientras observaban su comportamiento. Lo más importante es que la situación podía transcurrir en un ambiente “normal” o “degradado”, según lo preparasen los científicos. En un experimento colocaban panfletos de propaganda en las bicicletas aparcadas en un callejón. Como no había papeleras, los infortunados ciclistas sólo tenían dos opciones: o tirar el panfleto o llevárselo. En condiciones normales, un 33% lo tiraron al suelo (nunca hubiera pensado una cosa así de los civilizados holandeses); pero cuando el callejón estaba cubierto de graffitis el porcentaje ascendió al 69%.

En otro experimento colocaron un billete de 5 euros asomando claramente en el buzón de una casa. En condiciones ordenadas, el 13% se llevó el billete. Cuando el buzón estaba cubierto de graffitis, lo hizo el 27%. Incluso si el buzón estaba limpio pero había basura alrededor, el porcentaje de ladrones llegó al 25%.

Una golondrina no hace verano y un paper no suele zanjar una cuestión, pero se diría que las decisiones morales pueden estar muy influidas por el entorno.

Al menos en Holanda.

Keizer, K., Lindenberg, S., and Steg, L. (2008) The Spreading of Disorder. Science.

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La píldora de la eterna juventud

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Vivimos más que nunca. Muy cierto. La esperanza de vida al nacer está alrededor de los ochenta y tantos en algunos países ricos, pero ¿es esto una ventaja para las personas? ¿tiene sentido llegar a una edad avanzada en una “residencia”, sin poder valerse por sí mismo y –en muchos casos- con la cabeza perdida?¿merece la pena estar vivo en esas condiciones? No son preguntas retóricas, sino que genuinamente ignoro las respuestas. Por una parte, casi todo el mundo, llegado el caso, prefiere no morir. Por otra parte, cuando estás realmente mal ya no estás en condiciones de tomar una decisión así, y lógicamente es muy difícil que otros la tomen por ti.

Parte del problema se debe a que los increíbles progresos de la medicina moderna no son realmente aplicables al proceso de envejecimiento. Los médicos pueden ponernos parches con los que vamos tirando, pero no existe ningún tratamiento eficaz que ataje el proceso. Para ello, seguramente tendríamos que resolver una difícil pregunta biológica: ¿por qué envejecemos?

La pregunta puede, en realidad, descomponerse en dos distintas pero relacionadas. La primera sería ¿cómo envejecemos?, es decir, cuáles son los procesos fisiológicos subyacentes. Si pudiéramos contestarla tal vez encontraríamos una forma de aplazar el proceso. La segunda pregunta –mucho más teórica- sería, ¿por qué envejecemos?, es decir, qué proceso evolutivo lleva a que cada especie tenga un “tiempo de vida” característico; ¿por qué las tortugas viven tanto y las mariposas tan poco?

Lo cierto es que no tenemos una buena respuesta para ninguna de las dos preguntas. Lo que sí tenemos es una larga lista de hipótesis, ninguna totalmente satisfactoria. Sería muy largo hacer una exposición detallada de todas. Entre los presuntos responsables del envejecimiento se encuentran los radicales libres, el exceso de calorías, la muerte de las mitocondrias y las secuencias teloméricas. Estas últimas han recibido mucha atención últimamente y pueden considerarse como una de las teorías favoritas de este campo.

Los vertebrados tenemos la secuencia de DNA 5′-TTAGGG repetida muchas veces al final de cada cromosoma. Dicha secuencia se une a proteínas específicas formando una estructura condensada que aumenta la estabilidad de los mismos[1]. Estas secuencias “teloméricas” juegan un papel esencial, ya que si no estuvieran presentes los cromosomas se acortarían en cada ciclo de replicación, perdiéndose información genética valiosa. Las secuencias teloméricas constituyen una especie de “tampón” contra este proceso de acortamiento, ya que pueden ser repuestas por la acción de una enzima llamada “telomerasa”. La telomerasa alarga los cromosomas añadiendo sucesivamente unidades de la secuencia repetida. Como en el tapiz de Penélope, lo que la telomerasa cose, el proceso de replicación celular descose.

Existe una serie de síndromes en los que se produce un envejecimiento acelerado y parecen estar relacionados con la actividad telomerasa. Algunos científicos piensan que este proceso constituye una especie de “contador de tiempo” que desencadena un proceso de senescencia. No obstante, no está claro que el hecho de aumentar la actividad telomerasa alargue la vida de los humanos.

Sin embargo, en un trabajo reciente, dirigido por Rita Efross, de la Universidad de los Ángeles, han obtenido unos resultados muy prometedores. Estos investigadores emplearon TAT2, una sustancia procedente del extracto de una planta del género Astragalus con objeto de incrementar la respuesta inmunológica de leucocitos T-killer frente a la infección por el virus del SIDA. Encontraron que TAT2 aumentaba la actividad telomerasa, alargaba los telómeros e incrementaba la respuesta inmunológica. Hay que decir que algunos estudios previos habían demostrado que los individuos infectados por el virus pero que no desarrollan SIDA suelen tener mayor actividad de esta enzima y telómeros más largos.

Curiosamente, el extracto de estas plantas se ha utilizado en la medicina tradicional china, justamente para combatir infecciones; de manera que no parece que haya efectos negativos a largo plazo. Los autores de este artículo también creen que TAT2 puede ser útil para tratar otras enfermedades e incluso para ralentizar el proceso de envejecimiento. La mala noticia es que no parece que estas aplicaciones vayan a estar disponibles a corto plazo.

He aquí la ironía: llegaremos a viejos y entonces encontrarán un tratamiento para retrasar la vejez.


[1] Por cierto, en otras especies la secuencia es diferente, lo cual es una más a añadir a la montaña de pruebas que sostienen a la Teoría Evolutiva.

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Bio-humor

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Estúpido, la mitosis empieza en cinco minutos y tú no has empezado a condensarte

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¿Con la Iglesia hemos topado?

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Hay que reconocer que -hasta ahora- la “postura oficial” de la Iglesia Católica sobre la cuestión de la Evolución era sumamente razonable. En pocas palabras, creía en la existencia de un Ser Superior anterior al Big-Bang y causante del mismo; a partir de ahí no consideraba necesaria la intervención divina para explicar cómo habían ocurrido las cosas. Dado que esta proposición es indemostrable científicamente, constituye una adecuada “barrera de contención” entre Ciencia y Religión. Los científicos no pueden atacarla ni apoyarla, al menos en términos científicos. Conste que no creo que las creencias religiosas constituyan un problema en absoluto; el problema surge cuando algunas personas se empeñan en presentar sus “creencias” como “hechos”.

Sin embargo, existen indicios (sólo indicios) de que esta situación está a punto de cambiar. Al menos, eso es lo que piensan algunos de los participantes en una conferencia sobre “Evolución de la Vida y del Universo”, organizada por la mismísima Academia Pontificia de Ciencias (la mera existencia de esta venerable institución dice bastante a favor de la Curia Romana, a diferencia de las sectas Creacionisstas de Estados Unidos).

La polémica surge a raíz de la conferencia que dio el cardenal Schönborn titulada “Reflexiones de Joseph Ratzinger Papa Benedicto XVI sobre la Evolución”. Más que por la conferencia en sí, por las opiniones expresadas durante el turno de preguntas. En esencia, el cardenal dijo que creía que existen “saltos” en la Evolución y que Dios actúa en esos saltos. Algunos asistentes afirmaron que “Schönborn tiene la misma intención que Ratzinger: luchar contra la Teoría Evolutiva”.

El cardenal Schönborn ya había tenido un encontronazo parecido hace 3 años cuando “espetó” un editorial en el New York Times afirmando que el Papa apoya abiertamente el Diseño Inteligente.

¿Por qué este cambio?¿Por qué ahora? Desde luego, no estoy en condiciones de especular sobre lo que se cuece en los pasillos del Vaticano, pero puedo imaginar que la “postura oficial” de la Iglesia representa un nivel de “retirada” en la tradicional “disputa” con la Ciencia por explicar el mundo, que tal vez no sea del gusto del nuevo Papa. Las religiones siempre han tenido entre sus funciones la de prorcionar alguna explicación sobre el origen del universo y en particular de los seres vivos. Limitar la acción del Creador a provocar el Big-Bang debe saber a poco.

Así que no me resulta extraño que a la Iglesia Católica le asalte la tentación de apoyar una versión mucho más radical y- en esencia- similar al cuento del Diseño Inteligente.

Sólo espero que el Santo Padre no se deje caer en la tentación.

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Gracias otra vez

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Acabo de enterarme que “la lógica del titiritero” ha sido seleccionado por el jurado entre los cinco blogs finalistas en el concurso que organiza el periódico 20 minutos. El ganador del premio del jurado se desvelará el próximo 18 de diciembre en la fiesta de entrega de premios.

Por supuesto, quiero dar las gracias de corazón a los miembros del jurado y agradecer su “sensibilidad” para elegir un blog de ciencia, un tema que nunca ha sido demasiado popular en estas tierras.

Naturalmente, la comparación entre blogs (y más si tienen temáticas muy distintas) es un ejercicio muy subjetivo. Me siento muy afortunado.

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Genes y conducta social

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Este blog no podía dejar de comentar el hecho de que la revista Science haya dedicado un número especial a la “Genética de la Conducta” (aquí), sin duda uno de “nuestros temas favoritos”. Espero que a estas alturas el tema pueda ser tratado con cierta tranquilidad ¿hemos superado ya el determinismo genético y la terriblemente errónea dicotomía Naturaleza-Crianza?

Para empezar, no cabe duda de que los genes tienen una poderosa influencia sobre nuestras vidas, nuestra personalidad, nuestras capacidades y nuestra predisposición a padecer ciertas enfermedades. Multitud de estudios de gemelos idénticos y estudios de adopción, repetidos muchas veces, en muchos países lo atestiguan. Sin embargo, en muy pocos casos la determinación genética pasa del 50% (al menos en los que se refiere a características relacionadas con la conducta social), lo que deja un amplio margen para la influencia del ambiente.

Sin embargo, un descubrimiento inesperado es que la influencia del llamado “ambiente compartido” (lo que solemos llamar influencia familiar) resulta ser muy baja o despreciable en la determinación de muchas características psicológicas. Esto entra en conflicto con las “teorías de socialización” desarrolladas a partir de Freud y que siguen siendo influyentes, sobre todo en determinadas disciplinas. Esto significa que las influencias ambientales operan de forma que los hermanos pueden acabar siendo tan distintos como los miembros de otra familia. Contrariamente a lo que pueda parecer, de aquí no se deduce que la educación no sea importante (es clave) ni que los padres no tengan influencia sobre los hijos (pero tal vez no de la forma que solíamos pensar).

Tampoco se debe olvidar que los genes no determinan directamente la conducta. Los genes fabrican proteínas (en general) que pueden determinar la existencia y propiedades de circuitos cerebrales, los cuales sí intervienen en la conducta. En la mayoría de los casos, un rasgo psicológico parece estar mediado por varios genes y, análogamente, los genes que intervienen en la conducta suelen afectar a numerosos aspectos de la misma. Así que no existe propiamente un “gen del divorcio” o un gen de las “matemáticas”, aunque a veces resulte conveniente ( o simplemente cómodo) utilizar este tipo de etiquetas.

Otra idea importante (repetida muchas veces en este blog) es que genes, cerebro
y ambiente constituyen una carretera de doble vía, particularmente en lo que se refiere a la conducta social. Algunos genes pueden influir inicialmente en la personalidad del individuo, pero al mismo tiempo, la información procedente del ambiente social modifica al propio cerebro, cambiando los niveles de neurotransmisores, conexiones sinápticas, etc. lo cual puede cambiar a su vez la expresión de ciertos genes. Esto determina cambios en la conducta del individuo, lo cual -de nuevo-puede modificar su ambiente social. Y así sucesivamente.

Superada la absurda polémica Naturaleza-Crianza, ahora lo que importa son los detalles: ¿cuáles son los genes? ¿cómo funcionan? ¿cómo interaccionan con el ambiente?

Como individuos tenemos que aprender a vivir con los genes que hemos recibido (así como con la educación que hemos recibido) y tratar de sacar el máximo partido a ambos. Eso también significa aceptar nuestras limitaciones. En este sentido, la Genética puede ayudarnos a conocernos mejor.

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Sexo libre en Samoa

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De todos los mitos de los años sesenta, uno de los más queridos (y que conste que sentí mucho su derrumbe) es el de la supuesta sexualidad libre en la isla de Samoa, con la bonita implicación de los tabúes sexuales son simples construcciones sociales. Me apresuro a asegurar que cualquier cosa que ocurra entre adultos que consienten me parece bien. No obstante, la frecuencia y universalidad de tabúes sexuales sugiere que éstos derivan de una compleja interacción entre biología y cultura. Así que no es fácil que vayan a desaparecer de un plumazo, ni estoy seguro de que su desaparición indiscriminada suponga un beneficio para todas las personas. Reconozco también que las diferentes culturas difieren mucho en este punto. Sin duda , la Naturaleza Humana es maleable. Pero no infinitamente maleable.

Samoa constituyó el gran ‘patinazo’ de Margaret Mead, una de una de más distinguidas discípulas de Franz Boas y uno de los principales baluartes del ‘ambientalismo’ antropológico. Buena parte de la fama de esta antropóloga se debió al libro “Adolescencia, sexo y cultura en Samoa (Coming of Age in Samoa)[1]” escrito en 1928 y que se convirtió más tarde en un auténtico best-seller. En él describía las costumbres sexuales entre los nativos de esta isla y destacaba la aparente falta de tabúes y la libertad que tenían las mujeres en esta materia. El libro parecía validar completamente las ideas ‘relativistas’ y ‘ambientalistas’ de la escuela de Boas. Seguramente influyó sobre la revolución sexual de los sesenta. Sin embargo, había un inconveniente; digamos, un pequeño inconveniente: la mayor parte lo que decía Mead sobre las costumbres sexuales de las samoanas resultó ser falso.

El trabajo se basaba en las entrevistas realizadas a dos chicas adolescentes (no mucho más jóvenes que la propia Mead, que entonces tenía 23 años). Probablemente, lo que ocurrió es que Fa’apua’a Fa’amu y Fofoa, que así se llamaban, acabaron escandalizadas y ‘agobiadas’ por la insistencia de la investigadora en asuntos sexuales, los cuales constituyen un tabú en Samoa, como en otras partes del mundo. Al parecer, su reacción fue ‘contarle’ un montón de embustes, ya que eso era lo que quería oir. Seguramente, Mead no pretendía cometer un fraude y fue genuinamente burlada por las dos jóvenes. No obstante, es evidente que sus conclusiones fueron muy, muy precipitadas. Sólo pasó unos meses en la isla, no aprendió el idioma local y al parecer, no se le ocurrió la conveniencia de cotejar las historias que le contaron. Sin embargo, este ‘borrón’ no debería impedirnos reconocer que Mead realizó una contribución importante a la Antropología y que muchos de sus trabajos fueron realizados con rigor.

Cuando en 1983 (después de la muerte de Mead) el antropólogo australiano Derek Freeman reveló esta historia en su libro “Margaret Mead and Samoa: The Making and Unmaking of an Anthropological Myth” tuvo que sufrir la ‘persecución’ de muchos de sus colegas de la Asociación Americana de Antropología, los cuales denunciaron su libro como ‘anti-científico’, aunque hoy no cabe la menor duda de que la venerable antropóloga metió la pata hasta el fondo (una de las entrevistadas ‘confesó’ su engaño).

En Samoa todavía se están riendo.

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[1] Mead, M. “Adolescencia, sexo y cultura en Samoa” Editorial Paidos, Barcelona, 1995

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Por qué los animales importan

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En mis clases de una asignatura titulada “Bases bioquímicas de la alimentación animal”, suelo hacer un debate con los alumnos sobre la espinosa cuestión del bienestar animal y las incómodas consecuencias que se derivarían (para los productores de carne) de mejorar el tratamiento que habitualmente se da a los animales domésticos. Lo normal es que se forme (espontáneamente) un grupo de “defensores” de los animales (típicamente liderado por una chica de procedencia urbana) frente a los que opinan que el punto de vista del animal nunca debería interferir con sistema productivo (tìpicamente liderado por un chico de procedencia rural). El debate lo repito cada año y generalmente, los pro-animales son más numerosos, al menos nominalmente, y cada año acaba sin que se alcance un consenso. No pretendo que este pequeño “experimento” tenga valor estadístico alguno, pero sí me permite pulsar la opinión al respecto, aunque sea con una muestra de individuos muy reducida y no-aleatoria.

Con frecuencia, los “anti-animalistas” manifiestan una sensación de ultraje: ¿cómo es posible que a alguien le preocupe los derechos de los animales? La idea les resulta obviamente ridícula, sin que sea necesario darle más vueltas. Conviene recordar que los reformistas del pasado también tuvieron que enfrentarse a algo parecido cuando cuestionaron cosas que –en aquella época- eran generalmente aceptadas, como la esclavitud o la negación de derechos políticos a las mujeres. Cuando Mary Wollstonecraft publicó en 1792 su “Vindication of the Rights of Woman”, el académico Thomas Taylor trató de refutar sus argumentos llevándolos un paso más lejos: si el argumento de igualdad se puede aplicar a las mujeres, ¿por qué no a los perros o a los gatos?

Seguramente parte del problema procede de nuestra trayectoria intelectual. En Europa Occidental, la tradición filosófica judeo-cristiana ha tendido a exagerar las diferencias entre los humanos y el resto de las especies, en línea con la creencia de que los humanos tienen alma y los otros animales no. Incluso en la actualidad, las encuestas realizadas revelan que los fundamentalistas cristianos son los que, por término medio, rechazan con más virulencia la noción de continuidad entre las especies y armonía con la naturaleza. En el siglo XVII, Descartes sostenía la visión ‘mecanicista’ de que los animales eran algo así como ‘zombies’ o ‘autómatas’, simples máquinas desprovistas de deseos o impulsos. De esta visión se seguía que era éticamente correcto maltratarlos, ya que no eran ‘seres sentientes’.

Otra razón esgrimida contra los animales es lo que podríamos llamar “el argumento de incompatibilidad”: al preocuparnos por los animales estamos dejando de hacerlo por algunos humanos, lo cual es moralmente repugnante. Personalmente creo que el argumento no es cierto (aunque puede serlo en el caso de algunos extremistas). Simplemente no es cierto que las personas más preocupadas por el bienestar animal lo estén menos por el bienestar humano. Más bien se trata de aspectos diferentes de la misma cosa: la preocupación por el sufrimiento en seres sentientes, independientemente de la especie a la que pertenezcan.

También tenemos el “argumento de inconsistencia”: no tiene sentido condenar las corridas de toros y no la caza en general; no tiene sentido condenar la experimentación animal y seguir consumiendo carne. Creo que la refutación de este argumento es evidente.

La cuestión de los “derechos de los animales” es bastante complicada, por lo que no puede ser tratada en un post con la profundidad que se merece. Así pues, remito al lector interesado a dos libros clave (Midgley, 1984; Singer, 1975). Pero no quiero dejar de señalar que al reclamar derechos para los animales no queremos decir que éstos sean iguales que nosotros, lo cual es patentemente falso. Somos nosotros, y no el resto de las especies, los que podemos tomar decisiones morales. Pero los sujetos de tales decisiones no tienen por qué ser solamente “seres racionales”. Por la misma razón, los niños pequeños o individuos que sufren un retraso mental severo no están desprovistos de protección aunque no se les reconoce los mismos derechos que al resto de los ciudadanos.

Lo importante no es si lo animales piensan como nosotros (cosa que evidentemente no hacen).

Lo importante es saber si sufren.

Midgley, M. (1984) Animals and why they matter. Athens: University of Georgia Press.

Singer, P. (1975) Animal liberation : a new ethics for our treatment of animals. New York: New York review : distributed by Random House.

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Bio-humor

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Hamburguesas doblemente peligrosas

Si una comida tiene mala fama (desde el punto de vista nutricional) esa es la hamburguesa. No sin razón. Una buena hamburguesa con queso, bacon y patatas fritas puede superar las 1000 calorías, así como la ingestión diaria recomendada de grasas saturadas (por otra parte, a la mayoría de la gente no le hace ningún daño zamparse una de cuando en cuando).

Independientemente de que sea buena o mala para el colesterol, la hamburguesa esconde otros peligros; al menos, eso se deduce de un artículo publicado en el mes de octubre en la revista Nature. El problema es que al comernos una hamburguesa podemos absorber un tipo particular de azúcar, el cual facilita la entrada de una bacteria patógena. Lo peor es que la bacteria no tiene por qué estar en la propia hamburguesa y quedamos sensibilizados a este patógeno durante cierto tiempo.

El azúcar en cuestión es el ácido N-glicolil-neuramínico, abreviadamente (en inglés) Neu5G. Esta molécula no es sintetizada por el organismo humano, pero es relativamente abundante en la carne. Se calcula que un ciudadano medio (en USA) consume 10 y 20 miligramos al día. Los investigadores han descubierto que el Neu5G puede acumularse en diversos tejidos humanos incorporándose en nuestras propias proteínas (algunas proteínas -llamadas glicoproteínas- possen unidades azúcares unidas a la cadena proteica). y aunque el mecanismo es desconocido en este caso, de alguna forma este azúcar logra incorporarse a las proteína corporales. Una vez dentro, Neu5G puede persistir en nuestro organismos varias semanas.

Este azúcar no causa ningún daño por sí misma, el problema es que constituye una molécula diana para la bacteria patógena Escherichia coli O57, causante de diarreas hemorrágicas. En concreto, una toxina bacteriana es capaz de unirse específicamente al Neu5G, lo que hace que otro componente de la bacteria entre en la célula humana y desactive un componente crucial del sistema de defensa. Este proceso de reconocimiento inicia la enfermedad. En ausencia de esta molécula, los humanos somos mucho más resistentes al patógeno. Irónicamente, la bacteria puede estar presente en la propia hamburguesa (en general en carne poco cocinada o leche). La buena noticia es que un buen cocinado elimina al patógeno. No obstante, el calor no elimina el azúcar, por lo que nos sensibiliza a la acción de este patógeno.

A pesar de todo, los brotes de coli hemorrágico no son demasiado frecuentes. En mi lista de peligros reales, el hecho de comerse una hamburguesa de vez en cuando, no ocupa los primeros lugares.

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Ingeniería genética en el fondo del mar

Algunas especies de peces que viven en aguas muy frías poseen proteínas anticongelantes (AFPs del inglés Antifreeze Proteins), las cuales constituyen un “invento” realmente notable de la Evolución. Estas proteínas son capaces de unirse a los cristales de hielo microscópicos e inhibir su crecimiento. De hecho, proteínas con una función parecida se encuentran en mamíferos y plantas. Las AFPs tienen numerosas aplicaciones potenciales: proteger productos alimenticios de la congelación, impedir el daño por frío a órganos para transplante, tratamiento de la hipotermia… Tal vez la cabeza de Walt Disney se encuentre en estos momentos nadando en una piscina de AFPs.

Parece claro que el hecho de tener el gen que codifica esta proteína puede significar una importante ventaja selectiva. Las ballenas y las focas también pueden vivir en aguas frías pero utilizan una estrategia totalmente distinta: gastan mucha energía para producir calor y tienen una buena capa de grasa como aislamiento. Pero los peces ¡ay! Son animales de “sangre fría” y no pueden hacer lo mismo.

La distribución de las proteínas AFP entre las diferentes especies de peces constituye un verdadero puzzle evolutivo. Por una parte, se ha visto que algunas especies filogenéticamente relacionadas tienen proteínas muy diferentes. Este hecho podría explicarse en función de una rápida evolución de los genes correspondientes como respuesta a las variaciones en el nivel del mar en los últimos 20 millones de años (debida a las glaciaciones). Sin embargo, un equipo canadiense dirigido por Peter Davies ha hecho un descubrimiento sorprendente que no puede explicarse de este modo. Lo que han encontrado estos investigadores es un gen de AFP sumamente parecido en tres especies de peces muy alejadas evolutivamente.

Es imposible que en tres especies diferentes, la evolución llegue a producir un gen con un nivel de parecido tan notable (cerca del 85% de la secuencia). Si se compara el resto de los genes de las mismas tres especies, se observa que las diferencias son por lo general mucho mayores (las detalles técnicos para demostrar esto son un tanto prolijos). La explicación más fácil –y prácticamente segura – es que estas especies han adquirido el gen a partir de otra especie de diferente. Lo que en el argot se denomina transferencia génica horizontal.

La transferencia de genes entre especies distintas es moneda corriente entre las bacterias, sin embargo entre los vertebrados no había sido observado hasta la fecha. Los científicos lo atribuyen al hecho de que la fertilización en los peces es generalmente externa. Por ejemplo, en el arenque (una de las tres especies donde se ha observado el fenómeno), el agua pude volverse turbia durante la época de desove por la abundancia de semen. Es cierto que las DNAsas son también abundantes en el agua de mar. De manera, que en determinadas épocas estas aguas pueden estar rebosantes de fragmentos de DNA. Es posible que algún fragmento se “cuele” en el interior de un huevo fertilizado de otra especie distinta. En la inmensa mayoría de los casos, el DNA foráneo será eliminado, pero ocasionalmente podría integrarse en el genoma. De nuevo, en la inmensa mayoría de los casos la adquisición de un fragmento aleatorio de DNA no tendrá ninguna o casi ninguna influencia sobre el organismo receptor. Pero si se trata de una proteína anticongelante, la cosa cambia. La presencia de este gen puede proporcionar una gran ventaja: la posibilidad de colonizar aguas frías.

Ingeniería genética “natural” en el fondo del mar.

El artículo en cuestión aquí

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Muchas gracias

Acabo de ver que este blog ha quedado en primer lugar en la categoría “Ciencia y Medioambiente” del concurso que organiza 20 minutos. Naturalmente, quiero agradecer a todos los blogueros que me han visitado durante estas semanas (y muy especialmente a los que me han votado). He descubierto algunos blogs que a mí me han parecido realmente excepcionales (con independencia de los votos que han obtenido). En las próximas semanas modificaré extensamente el blogroll, para dar cabida a todos los sitios que he descubierto estos días. También quiero felicitar de corazón al ganador absoluto de esta fase, “Lápices para la Paz” (que gusto que hayan ganado los “buenos”).

Aunque parezca un tópico, también creo que el verdadero premio es la comunicación: visitar y ser visitado. Después de todo, ese es el verdadero objetivo de los blogs: la de dotarnos a las personas “de a pie” de una voz, aunque sea sólo un murmullo. Por primera vez en la historia de la humanidad, prácticamente cualquier persona puede llegar a otras muchas, siempre que tenga acceso a Internet y una historia que contar. Es muy posible que esto constituya una verdadera revolución. Que haya tantas voces sin mordaza en tantos lugares diferentes no puede quedar sin consecuencias.

Personalmente, escribir en este blog está siendo una experiencia sumamente gratificante, a la que suelo dedicar la tarde del domingo (aparte de correr 45 minutos y hacer un bizcocho de naranja, soy un animal de costumbres). Sin embargo, esta actividad no está exenta de costes. Que un investigador “en activo” mantenga un blog no está muy bien visto en este mundillo. Pero, después de todo ¿para qué sirve la ciencia? En mi opinión, para cambiar nuestra forma de pensar, para aplicar el espíritu crítico a todas las cosas, para ejercer un escepticismo sistemático (También hay algunas aplicaciones prácticas, qué duda cabe).

Para ello tenemos que incorporar los resultados de las investigaciones a nuestro sistema de pensamiento y esto no es algo que ocurra espontáneamente. Tenemos que currárnoslo y es trabajo de todos. Si puedo poner un granito de arena en esa labor me sentiré muy feliz.

Y gracias a 20 minutos por la iniciativa

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El gen del “culo inquieto”

Jaimito no para. No deja de moverse. No aguanta 5 minutos delante del televisor. No soporta las normas. No acaba los deberes. Contesta antes de que termines la pregunta. Pierde constantemente lápices y cuadernos en el cole. Jaimito padece un trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH). Se calcula que aproximadamente un 5% de los niños lo tienen y lógicamente suele traer de cabeza a los padres.

¿Cuál es la causa? ¿Una educación inapropiada? Como dice el chiste: “Pobre Jaimito, viene de una familia destrozada”. “No me extraña, Jaimito puede destrozar a cualquier familia”. A riesgo de ganarme la enemistad de algunos profesionales de la Psicología, debo decir que no hay pruebas contundentes de que el “estilo parental” sea la causa (aunque seguramente puede empeorar las cosas). Por el contrario, hay una evidencia considerable que apunta a factores genéticos (Bellgrove and Mattingley, 2008). Curiosamente, si uno navega por páginas de psicología, verá que en la mayoría de los casos esta evidencia se omite o se desconoce. Un ejemplo: aquí

Esta enfermedad probablemente representa la máxima expresión de un rasgo psicológico denominado ‘búsqueda de novedad’. Las personas que dan puntuaciones altas en este carácter suelen mostrar un marcado gusto por la novedad y amor al riesgo. Se trata de personas excitables, impulsivas, a veces desordenadas, incluso extravagantes. Son dadas a explorar y corren el peligro de aburrirse con rapidez. Este rasgo puede expresarse de diferentes maneras; a veces se da una preferencia por las sensaciones físicas, como sucede en los deportes de aventuras y otras actividades arriesgadas. Saltar en parapente, deslizarse por pendientes vírgenes en el esquí extremo o, más modestamente, montarse en la montaña rusa del parque de atracciones. También puede manifestarse en el gusto por los viajes exóticos, la exploración de nuevas culturas o probar diferentes tipos de cocina. Lógicamente, este rasgo afecta marcadamente a la forma en que una persona se desenvuelve en su trabajo. Los `buscadores de novedad’ suelen manifestar una tendencia hacia a la innovación, un periodo de atención corto y gustan de tomar decisiones rápidas. Son ‘hombres’ de acción. En el ejército podrían ser buenos comandos, pero malos centinelas. También les van los trabajos de tipo ejecutivo, pero resultan pésimos contables.

En las relaciones de pareja este rasgo también tiene consecuencias. En general, tienden a ser desinhibidos e infieles. No es extraño que la tasa de divorcio sea más alta entre estos individuos que en la media de la población. Y tampoco es extraño que las parejas en que ambos difieran mucho en este rasgo sean muy problemáticas. “Cariño, no me estarás diciendo en serio que quieres volver a veranear en Murcia, ¿no?”. El famoso estudio de gemelos de Minnesota (y otros similares) indican que la heredabilidad de este rasgo es de aproximadamente el 60% y que el ambiente familiar influye poco o nada (Bouchard, 1994).

Sabemos algo (aunque no todo) sobre los genes responsables de la variabilidad que se observa en las personas y cuáles son los mecanismos que nos predisponen a desarrollar una personalidad de este tipo. Los datos apuntan claramente a un sospechoso: la dopamina. Este compuesto es un neurotransmisor: una molécula que actúa como mensajero químico en el cerebro, y está implicada (entre otras cosas) en los circuitos cerebrales del placer. La dopamina es liberada después de un orgasmo, una comida deliciosa o de ‘esnifar’ cocaína. En la enfermedad de Parkinson, caracterizada por temblores incontrolables, se produce una disminución de las células que producen esta sustancia, y la personalidad de los que la sufren se torna más seria, tranquila y taciturna. Recientemente, se ha descubierto que el gen D4DR, que codifica un receptor de dopamina, puede estar relacionado con este rasgo (Ebstein et al., 1996). El hallazgo es particularmente excitante porque apunta hacia un mecanismo bioquímico que bien pudiera explicarnos su función. La unión de la dopamina con su receptor específico constituye el primer paso para la acción de esta neurotransmisor. En concreto, lo que se ha visto es que la longitud de la proteína del receptor está correlacionada con la intensidad de este rasgo psicológico.

El TADH constituye un inconveniente serio en la mayoría de las culturales actuales, pero ¿siempre ha sido así? ¿Es posible que los alelos largos del gen D4DR y el tipo de personalidad que propicia represente una ventaja en otras condiciones? Hace unos años, un equipo de investigadores se preguntó si los alelos largos serían más abundantes en poblaciones que todavía practican un tipo de vida nómada. Y ¡Bingo! Encontraron una fuerte correlación entre ambas (Chen C. et al., 1999): cuantos más Km recorría una etnia en el estudio, mayor abundancia de alelos largos.

La hipótesis, pues, es que el tipo de personalidad asociado al TDAH podría ser una ventaja en sociedades nómadas, donde no hay escuelas, ni normas rígidas y los individuos se mueven en grandes extensiones de terreno. Para contrastar esta hipótesis, Dan Eisenberg y sus colaboradores, de la Universidad de Illinois, USA, se fijaron en una tribu de pastores nómadas de Kenia, los Ariaal (en la foto). En concreto, en dos poblaciones de esta tribu: una que mantiene el modo de vida tradicional y otra que se “asentó” hace unos treinta y cinco años. Encontraron que aproximadamente el 20% de los individuos (en ambas poblaciones) poseían alelos largos. La diferencia radicaba en que, en la población nómada estos mismos individuos estaban mejor nutridos que el resto de la población, mientras que en la población sedentaria ocurría exactamente lo contrario (Eisenberg et al., 2008) ¿Cuál es la explicación? No está clara. Tal vez, estos alelos permiten utilizar la comida más eficientemente en ciertas condiciones o tal vez, el tipo de personalidad típica de los alelos largos resulta más exitosa en condiciones de nomadismo. En cualquier caso, los datos sugieren que estos individuos podrían estar en ventaja o desventaja dependiendo del tipo de sociedad en el que vivan.

Seguramente, el término conducta apropiada es relativo. Entiendo que los padres de niños con este tipo de problema no tienen fácil reconvertirse al nomadismo, pero quizá hay que pensar que el sistema de escolarización que tenemos (clases, horarios, normas, disciplina) significa una verdadera pesadilla para algunos chicos.

Bellgrove, M.A., and Mattingley, J.B. (2008) Molecular genetics of attention. Ann N Y Acad Sci 1129: 200-212.

Bouchard, T.J., Jr. (1994) Genes, environment, and personality. Science 264: 1700-1701.

Chen C., Burtonb, M., Greenbergerc E., and Dmitrievac J. (1999) Population Migration and the Variation of Dopamine D4 Receptor (DRD4) Allele Frequencies Around the Globe. Evolution and Human Behavior 20: 309-324.

Ebstein, R.P., Novick, O., Umansky, R., Priel, B., Osher, Y., Blaine, D., Bennett, E.R., Nemanov, L., Katz, M., and Belmaker, R.H. (1996) Dopamine D4 receptor (D4DR) exon III polymorphism associated with the human personality trait of Novelty Seeking. Nat Genet 12: 78-80.

Eisenberg, D.T., Campbell, B., Gray, P.B., and Sorenson, M.D. (2008) Dopamine receptor genetic polymorphisms and body composition in undernourished pastoralists: an exploration of nutrition indices among nomadic and recently settled Ariaal men of northern Kenya. BMC Evol Biol 8: 173.

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