Archivo mensual: noviembre 2008

Tomates transgénicos que previenen el cáncer

tomato

La noticia no es exactamente fresca. Lleva un par de semanas circulando por periódicos y otros medios de comunicación. Para mí, lo sorprendente de esta noticia es que no debería ser noticia en absoluto. Para explicarme mejor, un pequeño resumen del tema. Un grupo de investigadores del John Innes Centre en Norwich (UK), dirigido por Cathie Martin (a la que he tenido el placer de conocer en una ocasión), ha creado una nueva variedad de tomates, introduciendo un gen procedente de otra planta. El gen en concreto permite una mayor acumulación de unas sustancias denominadas antocianinas, muy frecuentes en los vegetales. Las antocianinas son responsables de colores morados y azules, como los que se encuentran en los arándanos o las moras. En este caso, le dan una curiosa colaración morada al tomate.

Se sabe, desde hace bastante tiempo, que las antocianinas tienen efectos anti-oxidantes y que su consumo puede prevenir diversos tipos de cáncer. De hecho, esta es una de las razones por las que se recomienda que frutas y verduras constituyan una parte importante de la dieta.

Cuando se emplearon los tomates morados para alimentar ratones, se vio que éstos desarrollaban cáncer en menor proporción que los ratones control, alimentados con tomates convencionales.

No pretendo minimizar este trabajo, ni mucho menos. Creo que es un trabajo valiente y que debía hacerse.

Pero vamos a ver.

Se sabía que las antocianinas previenen el cáncer.

Se sabía que el gen en cuestión incrementa la cantidad de antocianinas.

Introducir nuevos genes en tomate es una técnica estándar hoy en día.

¿No era el resultado previsible? ¿Donde está la noticia? Seguramente, la noticia está en que en “el estado de opinión” que se ha creado, se espera que cualquier planta transgénica sea peligrosa. La clave del error está en la brutal generalizaciónen torno a la palabra “transgénico”: los efectos dependen exclusivamente del gen (o genes) introducidos.

Curiosamente, en una famosa encuesta sobre percepción del público de los cultivos transgénicos se hicieron las siguientes preguntas:

a) ¿Usted cree los tomates transgénicos tienen genes?

b) ¿Y los tomates normales?

Más de la mitad de los encuestados contestaron “sí” y “no” respectivamente.

Volveremos sobre el tema

El trabajo (aquí)está publicado on-line en Nature Biotechnology y no es accesible sin una suscripción a la revista.

PS Esta post está dedicado a oidun, que ya ha sacado el tema en su blog

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Bio-humor

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Los desgraciados hijos de las peluqueras

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Pues sí. Al parecer, las peluqueras que estén embarazadas y sigan trabajando, podrían estar exponiendo a sus hijos no-nacidos a sustancias nocivas y que pueden ocasionar defectos congénitos en los genitales (denominados hipospadias). Esto es lo que se deduce de un trabajo publicado on-line por Paul Elliott y sus colegas del Imperial College London. Este equipo investigó las posibles causas ambientales de este tipo de malformaciones, en las que la abertura urinaria está situada debajo del pene (en general, estos problemas se arreglan con una cirugía no demasiado difícil, pero no deja de ser una gracia).

El trabajo en cuestión aquí

Después de una encuesta exhaustiva a los padres de estos niños, apareció una relación estadísticamente significativa con la exposición a sprays de laca para el pelo. De las 74 mujeres que sufrieron esta exposición en los primeros tres meses de gestación, 50 tuvieron hijos con hipospadias. En resumen, este estudio sugiere que las probablidades de esta malformación aumentan 2.3 veces debido a la exposición al spray.

La sustancia culpable podría ser el ftalato, un compuesto empleado en la fabricación de plásticos, perfumería, disolventes y ¡ojo! algunos juguetes sexuales. Estudios anteriores en roedores mostraron que el ftalato puede alterar los niveles de hormonas implicadas en la gestación.

Las “buenas noticias” son que la dieta vegetariana no parece aumentar el riesgo de esta patología, como habían sugerido otros estudios. Además, el consumo de ácido fólico (que se prescribe de forma rutinaria durante el embarazo), parece disminuir el riesgo en un 36%.

¿Qué hacer en estos casos? Yo de usted procuraría no ir a la pelu en los tres primeros meses.

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Seguimos topando

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Nuestro colega bloguero Tay

ha destapado esta “perla” en forma de libro, titulado “El hombre y el animal. Nuevas fronteras de la antropología” del Padre Leopoldo Prieto, sacerdote de los Legionarios de Cristo. El texto de la entrevista contiene una sarta de disparates de tal calibre que producen vergüenza ajena. Entre ellos, que “es el mono el que desciende del hombre y no al revés, como se creía” (una interpretación surrealista de la teoría neoténica); la “inespecialización” morfológica de los humanos (un concepto tan erróneo como sacado de la manga) y la afirmación de que “el humano no tiene instintos” (otra vez la “tabula rasa”, pero ahora sin paliativos).

Lean y opinen

La entrevista en cuestión:

http://www.upra.org/archivio_pdf/entrevista_zenit.pdf

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¿La primera familia nuclear?

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Una excavación arqueológica en Eulau (Alemania) ha desenterrado lo que probablemente constituye el primer vestigio de “familia nuclear”. El hallazgo en cuestión contiene los esqueletos de una pareja y dos niños, los cuales fueron enterrados juntos hace unos 4660 años, como puede verse en la foto.

Los análisis de DNA han demostrado que los niños eran hijos biológicos de la pareja. Al parecer, sufrieron una muerte violenta. Se encontró una punta de flecha incrustada en una vértebra de la mujer y otras fracturas que no habían cicatrizado, por lo que debieron producirse justo antes de la muerte. Los investigadores sospechan que esta “tragedia” pudo ocurrir en el contexto de luchas por la posesión de la tierra. En concreto, la zona en que se encontró posee uno de los suelos agrícolas más fértiles de Europa. La guerra no es un concepto reciente.

Otras pruebas, basadas en la cantidad de estroncio en el esmalte dental, sugieren que el hombre y los niños se habían criado en la misma zona, pero la mujer procedía de otro lugar. Lo que nos habla de una organización social de tipo “patrilocal”.

La noticia ha sido recogida por numerosos medios de comunicación y presentada como la primera evidencia de organización en familia nuclear. Es posible que esto sea un pelín exagerado. Lo que nos muestra estrictamente este hallazgo es que los niños posiblemente estaban con sus padres en el momento en que llegaron los “asaltantes”. No indica la ausencia de un grupo familiar más amplio.

Otros medios han ido un poco más lejos, señalando que la “familia nuclear” es la forma “natural” de organización en nuestra especie. Demasiado lejos tal vez. Los estudios de antropología nos muestran una gran diversidad de formas de organización, en general, con sistemas más amplios que la familia nuclear.

En cualquier caso, en estos tiempos en los que los modelos de familia se multiplican (monoparental, reconstituida, padres/madres del mismo sexo), conviene señalar que independientemente de los descubrimientos en Biología y Arqueología acerca de la forma en que nuestros antepasados se organizaban, nosotros haremos lo que consideremos mejor para nuestros intereses como individuos.

Y haremos bien

Ancient DNA, Strontium isotopes, and osteological analyses shed light on social and kinship organization of the Later Stone Age by Wolfgang Haak, Guido Brandt, Hylke N. de Jong, Christian Meyer, Robert Ganslmeier, Volker Heyd, Chris Hawkesworth, Alistair W. G. Pike, Harald Meller, and Kurt W. Alt. PNAS 18226-18231 vol105 no.47

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Descubierto un gen que predispone a la adicción a la cocaína

coca

Entre los mitos más fuertemente engranados en nuestra psique colectiva está el del determinismo genético. No es mi culpa; la culpa es de mis genes malos. Una parte importante del problema es que el mito es, en parte, cierto. Aunque queda mucho por descubrir, puede afirmarse que nuestros genes ejercen una influencia sobre nosotros. La cuestión es: ¿cuánta influencia? ¿La suficiente como para eximirnos por completo de responsabilidad?

Es verdad que hay personas que comen como limas y no engordan y otros que “engordan con el aire” ¿tienen los genes la culpa de mi sobrepeso? Yo creo que no (en este caso). Por desgracia, tendré que hacer una mayor esfuerzo que otros para mantenerme delgado. Así son las cosas. A cambio, es posible que me resulte muy fácil resolver problemas de matemáticas o aprender a tocar el piano.

En los tiempos, no lejanos, en que sólo se admitía el “determinismo ambiental”, éste era utilizado con igual descaro. “Mi marido me maltrataba por su difícil infancia; yo le maté por la mía”.

Todo esto viene al caso por un artículo publicado esta semana en la revista PNAS (Bilbao et al., 2008) y viene al hilo del post de la semana pasado sobre genes y conducta

El gen en cuestión se llama CAMK4 y codifica una kinasa dependiente de calcio y calmodulina. En esencia, su función está relacionada con la regulación de la expresión de otros genes. Estos investigadores inactivaron dicho gen en una estirpe de ratón y encontraron que a estos animales les afectaba más esta droga y se hacían adictos a ella más rápidamente que los animales de control, donde este gen no se había modificado.

Bueno, pero del ratón al humano hay un trecho, pensarán. Por ello, este equipo se dedicó a estudiar este gen en una muestra muy amplia de humanos (adictos y no-adictos) y encontraron que una variante particular del mismo se correlacionaba con el uso frecuente de la coca. Sin embargo, no parece que este factor sea el único implicado y también aparecía en no-adictos, aunque en menor proporción.

Estudios anteriores, realizados con gemelos idénticos sugerían que la adicción a esta droga tiene una heredabilidad alta.

Me parece prematuro concluir si los adictos a la cocaína son totalmente responsables de su adicción. En todo caso, el hecho de encontrar un factor genético asociado no implica necesariamente que no existe responsabilidad personal.

Bilbao, A., Parkitna, J.R., Engblom, D., Perreau-Lenz, S., Sanchis-Segura, C., Schneider, M., Konopka, W., Westphal, M., Breen, G., Desrivieres, S., Klugmann, M., Guindalini, C., Vallada, H., Laranjeira, R., de Fonseca, F.R., Schumann, G., Schutz, G., and Spanagel, R. (2008) Loss of the Ca2+/calmodulin-dependent protein kinase type IV in dopaminoceptive neurons enhances behavioral effects of cocaine. Proc Natl Acad Sci U S A 105: 17549-17554.

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Ambiente degradado, conducta degradada

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En los años 80, George Kelling, de la Universidad de Rutgers, lanzó la idea denominada (más tarde) el “efecto ventana rota”. La idea es bien simple: el hecho de ver una ventana rota u otro signo de vandalismo nos predispone a cometer otros actos incivilizados. Dicho y hecho; el entonces alcalde de Nueva York Rudi Giuliani inició una vigorosa política de tolerancia cero con respecto a los delitos menores o actos vandálicos con la esperanza de disminuir el número de delitos (grandes o pequeños).

La idea aparentemente funcionó. Al menos, los niveles de delincuencia en Nueva York disminuyeron notablemente en esos años y otras muchas ciudades han tratado de seguir este ejemplo. Sin embargo, no todo el mundo está convencido de que exista una relación causa-efecto entre un ambiente degradado y una conducta degradada. Otras causas son posibles y se han propuesto varias: mejor situación económica, nuevas leyes, incluso la eliminación del plomo en la gasolina; todos estos factores también concurrieron al mismo tiempo que la disminución de la delincuencia en esta ciudad.

Personalmente, estaba convencido de que el efecto ventana rota funciona, desde que empecé a trabajar en el laboratorio para mi tesis doctoral. Descubrí que si una poyata estaba inmaculadamente limpia tendía a permanecer así; mientras que si estaba desordenada y sucia los usuarios siguientes solían aumentar la suciedad y el desorden. Naturalmente, no se me ocurrió ponerle un nombre ni generalizarlo a la conducta anti-social en las calles, así que no puedo clamar ningún crédito por ello.

No obstante, una cosa es “estar personalmente convencido” de algo y otra es tener evidencia experimental al respecto. Análogamente, la policía no sólo tiene que estar convencida de la culpabilidad del acusado, tiene que presentar pruebas ante un tribunal. Y esto es justamente lo que ha hecho un equipo de la Universidad de Groningen (Holanda), en una interesante publicación aparecida el pasado viernes en la revista Science (Keizer et al., 2008).

Los investigadores idearon una serie de ingeniosos experimentos, en cierto modo parecidos a las situaciones de “cámara oculta”, en las que incitaban a los transeúntes a cometer delitos menores, mientras observaban su comportamiento. Lo más importante es que la situación podía transcurrir en un ambiente “normal” o “degradado”, según lo preparasen los científicos. En un experimento colocaban panfletos de propaganda en las bicicletas aparcadas en un callejón. Como no había papeleras, los infortunados ciclistas sólo tenían dos opciones: o tirar el panfleto o llevárselo. En condiciones normales, un 33% lo tiraron al suelo (nunca hubiera pensado una cosa así de los civilizados holandeses); pero cuando el callejón estaba cubierto de graffitis el porcentaje ascendió al 69%.

En otro experimento colocaron un billete de 5 euros asomando claramente en el buzón de una casa. En condiciones ordenadas, el 13% se llevó el billete. Cuando el buzón estaba cubierto de graffitis, lo hizo el 27%. Incluso si el buzón estaba limpio pero había basura alrededor, el porcentaje de ladrones llegó al 25%.

Una golondrina no hace verano y un paper no suele zanjar una cuestión, pero se diría que las decisiones morales pueden estar muy influidas por el entorno.

Al menos en Holanda.

Keizer, K., Lindenberg, S., and Steg, L. (2008) The Spreading of Disorder. Science.

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