Archivo mensual: diciembre 2007

El molar del neandertal

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¿Por qué resultan los neandertales tan fascinantes? Seguramente ha sido la especie que alcanzó un mayor desarrollo cognoscitivo (después de la nuestra). Por otro lado, ya está bastante claro que los neandertales no son nuestros antecesores (aun queda algún escéptico), sino más bien nuestros “tíos”.También está claro que poseían un lenguaje y que tuvieron un notable éxito ecológico, siendo capaces de expandirse en las duras condiciones europeas en el periodo glaciar. Seres sociales, inteligentes, adaptables y tal vez muy diferentes de nosotros.

 

Aunque los fósiles de neandertales son abundantes y han sido bien estudiados, todavía hay muchas cosas que desconocemos sobre ellos. Algunos paleontólogos han encontrado una manera de obtener más información sobre estos fósiles, consistente en cortar un diente por la mitad, someterlo a tomografía micro-computerizada de alta resolución (mCT) y observar los pequeños detalles de la estructura interior. Visto por dentro, un diente revela anillos de crecimiento semejantes a los de un tronco de árbol, con la diferencia de que en este caso los anillos se deben a los sucesivos depósitos de esmalte. Análogamente, estas estructuras nos revelan detalles sobre el desarrollo del individuo a quien perteneció. Sólo existe un problema, digamos, un pequeño problema: hay que convencer al director de un museo para que nos deje partir en dos un preciado fósil de neandertal.

 

Al final, Tanya Smith, del Instituto Max-Plank de Leizpig, y sus colaboradores han conseguido que les dejen rajar un diente de Neandertal (supongo que habrán tenido que enviar algún jamón al “curator”) y el resultado de esta investigación nos lo cuentan en la revista PNAS (vol 104, 20220-20225). El diente perteneció a un niño de aproximadamente 8 años que habitó la cueva de Scladina (Bélgica) hace más de 80.000 años.

 

Los autores concluyen en su estudio que los neandertales posiblemente se desarrollaban más rápido que los humanos modernos. Esto contradice un trabajo anterior realizado por Cristopher Dean del University College de Londres. Así que tendrán que seguir rajando dientes fósiles para salir de dudas.

 

De acuerdo con estos resultados, es posible que dado su rápido crecimiento, los neandertales no pasaran por la adolescencia. Alguna ventaja habían de tener.

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Escasez de mujeres y mercado matrimonial

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¿Los hombres de Marte y las mujeres de Venus? El habitual discurso feminista suele ir acompañado de la convicción de que hombres y mujeres son exactamente iguales en el plano psicológico. Esta idea está fuertemente arraigada, hasta convertirse en artículo de fe. Es más, la mera insinuación de que existen algunas diferencias biológicas que afectan al comportamiento o a las facultades mentales se considera políticamente incorrecta. Las únicas explicaciones de las diferencias entre sexos que se consideran aceptables son aquellas que reconocen explícitamente que dichas diferencias son construidas socialmente y, por tanto, producto de una educación diferencial.

La negación de toda diferencia biológica entre los sexos resulta comprensible aunque equivocada. El arquetipo ha sido empleado muchas veces para justificar la discriminación y la opresión. Por supuesto, el tópico de que las mujeres sean en modo alguno inferiores no está fundamentado en modo alguno y es puramente ideológico, a la par de tendencioso. Es razonable que las feministas arremetieran contra este tipo de afirmaciones. La lógica reacción frente al tópico de que las mujeres y los hombres tienen diferencias (mentales) innatas ha llevado a afirmar que estas diferencias no existen en absoluto. El razonamiento es casi inevitable: primero, ha habido una discriminación histórica; segundo, el argumento de las diferencias se ha empleado para mantener el status quo, por tanto resulta deseable pensar que dichas diferencias no existen.

Y sin embargo existen. Las diferencias biológicas entre hombres y mujeres han sido bien documentadas en Neurociencia, Genética, Psicología y Etnografía. Esto no implica que unos u otras sean mejores. Simplemente, hombres y mujeres son distintos, aunque no completamente distintos. De hecho, las semejanzas son mucho mayores que las diferencias, aunque éstas son significativas y afectan profundamente a nuestra vida diaria.

En términos evolutivos, el juego de la supervivencia no consiste solamente en mantenerse vivo sino también en reproducirse eficazmente; los humanos somos una especie de reproducción sexual, lo que nos obliga a buscar necesariamente una pareja. Claramente, la elección de ésta tiene importantes repercusiones en nuestra vida diaria y en el futuro de nuestros genes. La Biología Evolutiva predice que es en esta área donde esperamos encontrar mayores diferencias en el comportamiento de los sexos, ya que la estrategia reproductiva óptima de los hombres no tiene porque ser la misma que la de las mujeres (más en: http://pablorpalenzuela.wordpress.com/2007/05/13/patos-contra-patas/).

Una diferencia que ha sido bien documentada es que las mujeres suelen dar mucho más importancia a las perspectivas económicas (o de forma más general, al estatus) de sus potenciales parejas, mientras que los hombres dan mucha más importancia a la edad y al aspecto físico (1). Esta afirmación ha sido contestada con particular virulencia, tal vez porque se parece demasiado al viejo cliché. No obstante, a los argumentos de los críticos, los psicólogos evolucionistas han contestado con datos y más datos. Por ejemplo, algunos sociólogos sostuvieron que el mayor énfasis que las mujeres ponen en el dinero se debe exclusivamente al hecho de que su situación financiera es, en general, peor que la de los hombres, por lo que esta diferencia entre sexos no sería tal, sino sólo un reflejo del deseo de riqueza común a hombres y mujeres. De ser cierto este argumento, las mujeres con elevada posición económica deberían tener menor interés por las perspectivas financieras de sus parejas que las mujeres con bajo nivel económico. Sin embargo, los datos indicaron exactamente lo contrario. Las mujeres ricas le daban más, y no menos, importancia a la cuenta corriente de su potencial marido.

La última pieza de evidencia experimental en esta polémica la han puesto Thomas Mollet y Daniel Nettle, en un artículo publicado este mes en Biology Letters (2). Estos investigadores escogieron un “modelo experimental” sumamente original: la sociedad estadounidense en torno a 1910, de la que disponían de abundantes datos históricos. En aquella época, los estados de la costa Este llevaban siglos colonizados, mientras que la costa Oeste constituía –como reflejan las películas- una “frontera”. Al Oeste acudían los jóvenes –mayoritariamente hombres- en busca de mejores oportunidades, creando así un exceso de población masculina, mientras que en el Este ambos sexos estaban representados de forma similar. Los autores del estudio razonaron que esta circunstancia afectaría al “mercado matrimonial”, ya que las mujeres tendrían mayor posibilidad de elección en el Oeste.

Los investigadores bucearon en los datos demográficos y eligieron una muestra aleatoria de unos 20.000 hombres (1 cada 250). Luego, clasificaron a cada uno según su estatus socioeconómico (empleando una escala establecida en 1950, la más próxima que pudieron obtener). Finalmente, registraron si los sujetos de su estudio estaban casados o no a la edad de 30 años.

En los estados donde había la misma proporción entre hombres y mujeres, el 56% de los hombres de bajo estatus estaban casados, frente a un 60% en el grupo de alto estatus: una diferencia no demasiado grande. Sin embargo, en estados sexualmente desquilibrados (por ejemplo, en Arizona había 10 hombres por cada 11 mujeres) las mujeres se volvieron mucho más selectivas: el 46% de los hombres de alto estatus se había casado, pero sólo el 24% de los de bajo estatus lo había hecho.

Admito que el experimento es ingenioso y los datos parecen contundentes: tener alto estatus favorece tus perspectivas matrimoniales. No obstante, me gustaría testar otros posibles criterios de elección. Por ejemplo, si pudiéramos clasificar a la misma muestra de hombres en guapos y feos, ¿qué porcentaje de ambos grupos estarían casados a los 30?

 

(1) Buss, D.M. (1989) “Sex differences in human mate preferences: evolutionary hypothesis tested in 37 cultures” Behavioral and Brain Sciences 12:1-49.

(2) Pollet, T.J. and Nettle, D. (2007) “Driving a hard bargain: sex ratio and male marriage success in a historical US population” Biology Letters Online:Dec 2007.

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Las cangrejas vírgenes de Madagascar

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¿Para qué existe el sexo? La pregunta puede parecer obvia pero no lo es en absoluto. Es evidente que todas las especies necesitan alguna manera de reproducirse pero de aquí no se sigue que el sexo sea necesario. A priori, la reproducción asexual tiene ventajas. Para empezar, no es necesario encontrar a un individuo de sexo opuesto y convencerle de que se aparee contigo; para seguir, nuestra descendencia asexual tendría el 100% de nuestros genes y no el 50% actual. Un gen que indujera un modo de reproducción asexual lograría –en principio- más copias de sí mismo en la siguiente generación.

 

La pregunta sigue siendo una de las más debatidas de la Biología y ya ha sido tratada en este blog en anteriores ocasiones (véase: http://pablorpalenzuela.wordpress.com/2007/03/27/sexo-hasta-en-la-sopa-2/). El caso es que a finales de 2007 no tenemos una respuesta enteramente satisfactoria. Hasta hace poco, los biólogos pensaban que de la reproducción sexual se derivan ventajas evolutivas porque incrementa la variabilidad genética y así las poblaciones pueden adaptarse mejor a futuros cambios en su hábitat. En definitiva, la reproducción sexual tendría lugar “por el bien de la especie”.El problema es que las cosas no funcionan así. Para que un carácter sea seleccionado (sobre todo si es un carácter costoso, como en este caso) sus poseedores tienen que tener alguna ventaja aquí y ahora. El razonamiento anterior implicaba que la selección natural debía anticiparse al futuro: seleccionar un carácter costoso e inútil (en este momento) para lograr alguna ventaja en el futuro. Esto es sencillamente imposible.

 

La mejor explicación que tenemos para la existencia del sexo es la denominada hipótesis de la “La Reina de Corazones” (por aquel personaje de Alicia en el País de las Maravillas). Según ésta, la ventaja se deriva del hecho de que la descendencia esté constituida por individuos diferentes (la ventaja radica en el mero hecho de ser diferente). La razón de esto tiene que ver con la frecuencia de enfermedades y la “carrera de armamentos” entre patógenos y hospedadores de la que se hablaba en el post anterior. Podemos aclarar esta cuestión con una imagen; resulta útil pensar en los microorganismos patógenos como en una banda ‘hackers’ empeñados en entrar en el ‘ordenador’ de nuestro organismo. Para ello tienen que conseguir una serie de contraseñas que les faciliten el acceso. Se trata de algo más que una simple metáfora, ya que los patógenos frecuentemente reconocen algunas moléculas concretas de nuestras células para lograr su entrada y supervivencia en las mismas. Por tanto, si todos los individuos fuéramos muy parecidos genéticamente, para los microbios resultaría muy fácil atacarnos: una vez que uno de ellos hubiera conseguido las ‘claves’, éstas serían aplicables al resto de los individuos de la población y caeríamos como chinches. En estas circunstancias, el mero hecho de ser diferente constituye una ventaja esencial. La variabilidad genética que se crea en cada generación obliga a los patógenos a ‘encontrar’ de nuevo las contraseñas para penetrar en el organismo. El hecho de tener un modo de reproducción sexual equivale a ‘cambiar las cerraduras’ en cada generación, lo que hace el trabajo un poco más difícil a los microorganismos patógenos. Esta diferencia no es trivial.

 

Aunque la hipótesis de la Reina de Corazones “suena convincente”, el someterla a contraste experimental es otro cantar. Sin embargo es posible que Julia Jones, de la Universidad de Bangor (Reino Unido), haya encontrado un buen modelo experimental: el cangrejo de río de marmóreo, al que llamaremos familiarmente “la cangreja de Madagascar”. Al igual que su pariente, el cangrejo de río americano, esta especie está provocando una verdadera invasión en diferentes ecosistemas de la isla. Pero, a diferencia de su primo americano, esta especie ha resultado ser asexual. En consecuencia, las cangrejas permanecen vírgenes y se clonan a sí mismas en cada generación.

 

Si la hipótesis de la Reina de Corazones es cierta, este súbito incremento de la población no debería durar mucho. Sin duda, la reproducción asexual es más rentable a corto plazo, pero a la larga, acabará encontrándose con un patógeno letal que se pondrá las botas en una población con escasísima diversidad genética. Uno de los problemas asociados al cangrejo americano es que trasmite una grave enfermedad fúngica a la cual es él mismo resistente. Los expertos predicen que será esta enfermedad la que ponga fin a la expansión de la cangreja de Madagascar. De manera que tenemos una especie de experimento en marcha: la ascensión del sexual cangrejo de río americano, el cual ya está haciendo estragos en los ríos y arrozales de la península ibérica, vs la dispersión de la cangreja virgen de Madagascar, cuyo momento de gloria se presume efímero. De lo contrario, será la propia cabeza de la Reina de Corazones la que peligre.

 

 

 

 

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La sombra que acecha en la oscuridad

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Para un habitante de Europa occidental del siglo XXI, es posible que las enfermedades causadas por microorganismos no le parezcan un problema serio, pero esto es engañoso. Las enfermedades han sido un factor importante en la evolución de las especies y han tenido también un papel relevante en el desarrollo de la Humanidad y, de hecho siguen teniendo enorme importancia en muchos países. Tomemos como ejemplo al SIDA. En realidad este virus no produce un daño directo a la persona afectada, sino que ataca específicamente a un tipo de células necesario para combatir a los microorganismos que habitualmente se encuentran en nuestro entorno. En un mundo totalmente libre de patógenos, el virus del SIDA no causaría efectos graves; pero por desgracia, esto es imposible. Vivimos en un mundo lleno de microbios y si normalmente no nos ponemos enfermos, ello es debido a nuestra capacidad de mantenerlos a raya. El resultado de esta prolongada exposición a los agentes causantes de enfermedades, es que patógenos y hospedadores están en continua evolución. Un individuo con mayor resistencia a enfermedades tendrá mayores probabilidades de sobrevivir y dejar sus ‘buenos’ genes a la descendencia. A la inversa, los patógenos son seleccionados por su capacidad de atravesar nuestras barreras y reproducirse en el interior de nuestro organismo. Esto es lo que los expertos denominas co-evolución y se parece mucho a una carrera de armamentos.

 

El último paso en esta carrera de armamentos es el uso farmacológico de antibióticos. En este caso estaríamos empleando un meme (la capacidad de fabricarlos) en vez de un gen (que contribuya a la resistencia a la enfermedad). En cualquier caso, el resultado es el mismo: los patógenos están respondiendo haciéndose resistentes. El problema ha sido advertido muchas veces y, afortunadamente, se están tomando medidas. Por ejemplo, la utilización preventiva de antibióticos en granjas agropecuarias está prohibida en la Unión Europea. Otro ejemplo muy reciente es el control de antibióticos en las farmacias españolas; hasta hace poco nuestro país era un ejemplo flagrante de mal uso y automedicación (hay que felicitar al gobierno por haber tomado cartas en este asunto). Sin embargo, es posible que los microbios resistentes –los superbichos ya estén aquí, al menos, esto es lo que se deduce de una serie de publicaciones recientes.

 

Las siglas MRSA corresponden a methicillin-resistance Staphylococus aureus. Esta bacteria es un habitante común en la piel de los humanos y normalmente no produce enfermedad, a menos que entre en nuestro organismo. Si lo hace y se trata de una cepa resistente a antibióticos,  puede ser mortal. En general, estas cepas super-resistentes provienen de hospitales –donde causan problemas muy serios en pacientes con un sistema inmunológico debilitado. Los MRSA provocaron 1.600 muertes en Reino Unido en 2005.

 

La (mala) noticia es que los MRSA parecen ser cada vez más abundantes en los animales domésticos y la trasmisión a humanos parece ser cada vez más frecuente.

En Holanda apareció una cepa en 2002 y ya es responsable del 20% de los infecciones en humanos. La aparición de esta cepa está asociada a granjas de cerdos, en las cuales se empleada antibióticos en grandes dosis hasta no hace mucho tiempo. Albert deNeeling y Xander Huisjdens, del Instituto Danés de Salud Pública, la han encontrado en el 81% de las granjas de cerdos y en el 39% de los animales en dichas granjas (X.W. Huijsdens y cols, Annals Clin.Microbiol. and Antimicrob. 2006, 5:26). En otro estudio vieron que más del 90% de los portadores (humanos) de esta cepa de MRSA habían tenido contacto con cerdos.

 

Más preocupante es el hecho de que MRSA se está extendiendo a otros animales domésticos. Esto es lo que ha encontrado un equipo holandés de la Universidad de Utrech, dirigido por el profesor Wagenaar (E. van Duijkeren y cols, en prensa). Este equipo fue capaz de aislar en clínica veterinarias bacterias resistentes a ampicilina, amoxicilina, ácido clavulánico, cefalexina, ceftiofur, enrofloxacina, gentamicina, kanamicina, cloranfenicol, lincomicina, tetraciclina y trimetoprin ¡La madre que lo parió!

 

No pretendo crear alarma social ni soy proclive al catastrofismo, pero me parece muy posible que las enfermedades infecciosas vuelvan a ser un problema de primer orden en países ricos (en otros países ya lo son). Seguramente, los antibióticos nos han proporcionado un breve paréntesis de tranquilidad. Está en nuestras manos que dicho paréntesis pueda prolongarse un poco más.

 

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